Huixquilucan ocupa un lugar singular en el mapa político mexiquense. Es uno de los municipios con mayor desarrollo económico de la entidad, concentra una parte importante de la inversión privada y se ha convertido en el principal bastión electoral del grupo político encabezado por Enrique Vargas del Villar.
Sin embargo, en la agenda pública de la gobernadora Delfina Gómez parece ocupar un lugar secundario.
La revisión de registros oficiales y cobertura periodística muestra que la mandataria ha realizado dos actividades públicas documentadas en el municipio desde el inicio de su administración. La primera ocurrió en septiembre de 2023, cuando encabezó en Bosque Real una sesión de la Mesa de Coordinación para la Construcción de la Paz y sostuvo encuentros con representantes empresariales. La segunda tuvo lugar el 19 de febrero de 2024, durante la entrega de tarjetas del programa Mujeres con Bienestar.
Desde entonces, Huixquilucan prácticamente desapareció de las giras públicas de la gobernadora.
El dato resulta llamativo no por una cuestión administrativa, sino política.
Los gobernadores suelen utilizar las giras como una herramienta de gobierno, pero también de construcción territorial. Cada visita representa una oportunidad para fortalecer estructuras, acercar programas públicos, posicionar mensajes y disputar espacios de influencia.

Y pocos espacios son tan relevantes para Morena como Huixquilucan.
Durante los últimos años, el municipio se consolidó como el principal escaparate de Acción Nacional en el Estado de México. Mientras Morena avanzaba en buena parte del territorio mexiquense, Huixquilucan permaneció como una de las fortalezas más sólidas de la oposición.
Por eso la escasa presencia pública de la gobernadora genera una pregunta política legítima: ¿por qué el gobierno estatal parece tan poco interesado en construir presencia en uno de los territorios más importantes para sus adversarios?
La interrogante no apunta a una supuesta falta de atención institucional. Huixquilucan recibe programas estatales y forma parte de la dinámica cotidiana del gobierno mexiquense.
Lo que llama la atención es otra cosa.
La ausencia de una estrategia visible para disputar políticamente un municipio que concentra una parte significativa del poder económico, empresarial y mediático del Estado de México.
La Cuarta Transformación construyó buena parte de su expansión precisamente entrando a territorios donde parecía imposible competir. Texcoco fue durante años una apuesta contracorriente. El Estado de México entero fue considerado durante décadas una fortaleza prácticamente inexpugnable para la oposición.

Morena creció porque entendió que ningún territorio es permanente.
Mientras Acción Nacional mantiene una presencia constante en el municipio y lo utiliza como carta de presentación de su proyecto político, la gobernadora aparece cada vez menos en un territorio que, por su peso económico y simbólico, debería figurar entre los espacios más relevantes de cualquier estrategia de consolidación estatal.
Quizá la explicación responda a prioridades de gobierno.
Quizá se trate simplemente de una decisión de agenda.
Pero en política las prioridades también envían mensajes.
Y cuando uno de los municipios más influyentes del Estado de México deja de formar parte de la conversación pública de la gobernadora, el silencio termina convirtiéndose en un dato político.

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