“Ya nos olvidaron”, expresa en lengua mazahua y después en español Artemio Pascual Calixto, un adulto mayor de la comunidad indígena de Miahutlán de Hidalgo, en Ixtapan del Oro.
Artemio se encuentra incapacitado para trabajar por una caída que sufrió. Su condición económica –similar a la mayoría de los habitantes de su comunidad– es la pobreza extrema, pues Ixtapan del Oro es el municipio más pobre del Edomex. Por ello, él y su familia viven al día.
“Mi esposo se cayó, tuvo un accidente y va a cumplir 6 años para el 23 de noviembre. La presidenta del DIF vino nomás a ver cómo estaba la casa y dijo que después subía y hasta por la fecha no le ha dado nada. Nada más porque dios nos da y eso porque también le hacemos la luchita”, señala Fidela Bacilio esposa de don Artemio,
Ella se dedica a la recolección de las acículas del árbol de ocote para venderlas a 12 pesos el manojo a una artesana. Para esa labor emplea la mayor parte del día y en ocasiones obtiene solo cuatro: “siquiera para un refresco o un pan”.

Don Artemio la puede apoyar poco en su labor; sin embargo, mantiene la esperanza de que un día mejore o reciba un apoyo que le permita generar ingresos.
“Todo el país, todo el estado está generando de los impuestos. Entonces yo creo que deberían de ahí mismo darnos parte para el sustento del campo; sin embargo, ojalá sea esto un medio para que el gobierno del estado sepa de las carencias de este pueblo de Miahutlán”, señala con claridad.
Su vida la dedicó a distintos trabajos y su mente se mantiene ágil para recordar todo lo que ha tenido que hacer para salir adelante.
“Me gustó mucho el trabajo y no porque sea fácil, a veces no todo mundo le entra. A mí me gustó trabajar y me arriesgué mucho. En la brigada de incendios fui contratado por cuatro temporadas, cosa que me da tristeza que nos hayan ocupado a rifar en nuestras vidas, y nunca nos dieron un reconocimiento”.

El sueño americano, otro reflejo de la pobreza en Ixtapan del Oro
Luego de su paso por la brigada contra incendios –que décadas después mantiene condiciones similares– decidió migrar a Estados Unidos.
“Decidí irme porque ya había sembrado unas plantitas y dije: ‘aquí no hay trabajo, las plantas necesitan mantenimiento’. Entonces dije: ‘voy a irme al otro lado a los Estados Unidos y de lo poquito que pueda ir ganando, voy a mandar’, pensando que las posibilidades que ahorita tengo no las voy a tener después».
Sin embargo, al poco tiempo volvió: “no fue como yo pensé, como yo creí. Se me puso difícil porque estuve trabajando eventual, días trabajaba, días no y al final me desesperé, lo que yo ganaba no me alcanzaba”.
A su regreso fue chofer en el ayuntamiento y también se abocó a la tala de árboles y a mantener su huerta de aguacate. Sin embargo, ahora lamenta no tener posibilidades para seguir laborando. Además de que la falta de empleo y las carencias son una constante en su comunidad.
Su condición es apenas un ejemplo de lo que vive el 98 por ciento de la población en Ixtapan del Oro. Esta situación hace reflexionar a la familia y manda un fuerte mensaje a las autoridades:
“A veces está bien votar y a veces no. Uno nomás da su voto y luego ve uno, ¿qué apoyo tenemos?”, expresa Fidela.
Don Artemio va más lejos:
“A veces, aunque estemos viviendo la situación que estamos viviendo, no hemos tomado la alternativa en decir: ‘vamos a organizarnos, vamos a unirnos y vamos a presionar un poquito más a las dependencias’. A lo mejor eso también nos ha impedido poder obtener beneficios. Aunque renegando no hemos podido presionar, buscar que se nos tome en cuenta, cada quien busca ir sacando algo, por un lado somos culpables (…)”.


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