Sobre la mal llamada reforma educativa tengo algunas reflexiones: esta semana se le dio mucha cobertura en medios de comunicación nacionales y locales en más de un estado al proceso de evaluación instrumentado en la nación para de esos resultados determinar quiénes son los profesores que tienen competencia para estar frente a grupos y cuáles seguirán cobrando pero en otras funciones, eso a mí me suena a reforma laboral, no educativa.
Una reforma educativa implicaría de entrada varios enfoques que no se ven en lo que está haciendo el gobierno federal, que serían: modificación y actualización de contenidos y formatos, orientados hacia los de naturaleza digital; actualización de metodologías de enseñanza; capacitación de los profesores para implementar los cambios anteriores y sobre todo el,poder combatir la bestial corrupción y compadrazgos que privan en las escuelas de todo el país.
El problema de fondo de la educación en México, es que los programas siguen enfocados a contenidos y no a competencias, los profesores obtienen las plazas por obscuras complicidades entre los sindicatos y las autoridades educativas que dan las plazas a cuates, compadres, aviadores o ineptos.
Aquí vienen las odiosas comparaciones: en países como Japón, primero les enseñan a los niños a ser buenos ciudadanos, respetuosos y limpios, después les enseñan idiomas, tecnología, matemáticas y ciencia, ellos no creen en enseñar historia de Japón ya que una de las grandes fuentes de la incomprensión internacional.
Los sindicatos del sistema educativo nacional siempre fue tratado como un aliado del PRI que permitía todo tipo de abusos, ineptitudes y fracasos, a cambio de disciplina partidista, como podemos verlo en el caso del Estado de México donde sus líderes terminando sus gestiones, invariablemente terminan ademas de millonarios por obscuras razones, también acaban como diputados, presidentes municipales o subsecretarios de cualquier cosa, por los favores prestados al régimen, mientras que las escuelas públicas son cuevas de ladrones donde los directores hacen de las suyas con las tienditas escolares y las cuotas «voluntarias» siempre con la complicidad de las juntas de padres de familia que son integradas a modo o de plano coptadas por estos malos funcionarios públicos, mientras arriba solo se preocupan de cuantos votos van a jalar en la elección o cuantos acarreados le van a aplaudir al señor Gobernador o secretario o presidente en cualquier evento a realizarse para su lucimiento.
Que la Reforma está mal y de malas bajo el paradigma de «la letra con sangre entra», que se trata de control político de los sindicatos y centrales no militantes del partido en el poder, no de educación.


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