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Entre grupos armados y negligencia de autoridades, tlahuicas defienden su bosque en Ocuilan

El pueblo originario tiene 12 mil hectáreas de bosque de bienes comunales que está a cargo de cerca de 400 comuneros activos

Bloqueos, marchas, peticiones, autodefensas y denuncias son parte de las acciones que desde hace más de 3 años mantiene la comunidad tlahuica de San Juan Atzingo para defender el bosque. Ante las protestas, la respuesta de las autoridades fue realizar escasos operativos y mesas de trabajo. Estas se desarrollan mientras el bosque ya ha perdido cerca de 6 mil hectáreas.

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San Juan Atzingo es un territorio habitado por los tlahuicas, uno de los grupos étnicos del Estado de México. Ellos y ellas se reconocen a sí mismos como pjiekakjoo, que significa “nuestra lengua”.

Aunque no es la única localidad hablante de tlahuica, sí es la única que guarda la esencia como etnia; es decir, que conserva sus características culturales e identidad histórica, de acuerdo con un perfil realizado por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de Antropología Social (Ciesas).

El pueblo originario tiene 12 mil hectáreas de bosque de bienes comunales que está a cargo de cerca de 400 comuneros activos. Ellos son parte fundamental de la defensa del bosque, cuyo deterioro ya ha traído afectaciones.

Somos una comunidad indígena Tlahuica, que de las 12 mil hectáreas de bosque que tiene ya suman 6 mil hectáreas que han sido taladas. Se han secado manantiales, se han generado problemas en la comunidad. Los taladores son personas prepotentes, que están armados, que tienen aserraderos en sus domicilios. La madera se va a Toluca, Tenancingo, CDMX y Cuernavaca”, expresa en entrevista Arnulfo Gómez Barrón, quien preside los bienes comunales.

Para él, la negligencia de las autoridades es otro factor que abona a la tala clandestina, pues el fenómeno ha aumentado a pesar de las denuncias de la ciudadanía y la visibilización de medios de comunicación.

Bloqueos

El pasado 5 de junio, comuneros y vecinos realizaron cuatro bloqueos en las carreteras; exigieron la intervención de las autoridades para detener la tala en el Parque Nacional Lagunas de Zempoala y en el denominado “Bosque de agua”. Este último abarca otros municipios del territorio mexiquense que también son afectados por este fenómeno.

La obstrucción de la carretera derivó en una mesa de trabajo, en la que dialogaron autoridades estatales y federales, quienes ya cerraron un aserradero; sin embargo, la comunidad consideró que la acción era insuficiente, pues ya detectaron otros 9 aserraderos en Santa lucia y 3 en Santa Martha.

“Habíamos estado solicitando la intervención de la Fiscalía [del Edomex], la PGR, Profepa y Semarnat, sin respuesta. Hasta el paro que llegó a una mesa de diálogo en donde las autoridades se comprometieron a actuar y apenas le vimos una acción. Los otros días pasan patrullas sobre carretera y ellos le siguen dando al bosque. La actividad ha sido igual, a menos que con la acción de la Guardia Nacional, Marina y Ejército pudiera ser que influya, pero para mí le va a seguir.”

El modus operandi de la tala del bosque en Ocuilan

En las reuniones con las autoridades, los comuneros han detallado la forma de operar de los talamontes. En su mayoría han sido identificados como vecinos de Santa Lucia y Santa Martha,  acompañados de algunas personas originarias de Michoacán y Huitzila.

Para evadir las fuerzas federales y estatales han diseñado una estructura apoyada en numerosos “halcones”, que forman parte de dos bases de taxis y carros particulares; estos alertan de cualquier movimiento que pudiera afectar su operación.

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El día de antier estábamos por Santa Martha y vimos cómo pasaban 13 camionetas directo a un aserradero en Santa Lucia (…). Ellos dejan talado y le meten lumbre para borrar evidencia, y se quema parejo, siendo las zonas de devastación la de los parajes de la placa, la cachucha y la loma del tejocote”, explica Arnulfo Gómez.

Él y sus compañeros han identificado la intervención de grúas: “son del principal talador porque si una camioneta se descompone van las grúas. Los horarios ya no se saben están muy organizados y saben cuándo no están las autoridades presentes”.

Hasta el momento, los taladores han argumentado tener presuntas autorizaciones de Profepa, Probosque y acuerdos con el alcalde electo de Ocuilan, quien hasta el momento se encuentra preso; estos elementos les hacen sospechar de una posible complicidad, que hasta el momento no se ha podido comprobar.

Una lucha que no termina

Ante el incremento de la tala, los comuneros se organizaron para defender el bosque; pero la organización y armas que tienen los taladores han logrado minimizar las acciones de la comunidad.

Además, los taladores han recurrido a realizar amenazas directas a quienes se encuentran en el movimiento:

“Han tratado siempre de intimidarme a través de amenazas y halconeo, a veces los tengo frente a mi casa. La verdad es que como sí me interesa la defensa del bosque hemos hecho quizá acciones de más a los otros comisariados, y sí ha habido amenazas”, resalta Arnulfo.

No le vamos a bajar y lo sabe gobernación sino paran la tala clandestina estaremos haciendo actividades. Los bloqueos y tomas, tenemos una importante de convocatoria”.

En este contexto, la próxima semana se llevará a cabo una segunda reunión para evaluar avances con las autoridades. Ahí, los comuneros definirán el siguiente paso en su lucha.

“Tienen toda la información: quién tala, quién acarrea madera”, concluye Arnulfo, mientras observa una lona utilizada en las protestas con diversas fotos, que ejemplifican el desastre.

Arnulfo en la comisaría de bienes comunales. Fotos: Carlos Pérez.