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Fátima Quintana, uno de los feminicidios más atroces en el Estado de México

El feminicidio, terrible en sí mismo, se agrava cuando se conoce el tratamiento judicial que los culpables identificados recibieron por parte de un sistema de justicia que, para este caso, parece no serlo

**Advertencia: el siguiente contenido puede herir la sensibilidad de algunas personas

El caso de Fátima Varinia Quintana Gutiérrez es uno de los feminicidios más atroces en el Estado de México y en el país: una niña de 12 años que fue interceptada al regresar de su escuela fue violada, fue torturada, cortada en las ingles, que murió por traumatismo craneoencefálico severo cuando le arrojaron en la cabeza tres piedras, una de 36 y una de 32 kilos. 

En Lupita Casas Viejas, Lerma, Fátima fue apuñalada más de noventa veces, le abrieron el pecho más de 30 centímetros, le cercenaron la entrepierna, le rompieron sus tobillos, fracturaron sus manos, sufrió por lo menos 43 heridas en cabeza, cuello, tórax, abdomen y extremidades, además de lesiones anales y genitales.

La mayoría de ellas, provocadas con un objeto punzo cortante, “originadas en maniobras de sometimiento”, dice el dictamen de mecánica de lesiones realizado por la Fiscalía Especializada en Feminicidios de Toluca.

Y esta situación terrible en sí misma se agrava cuando se conoce el tratamiento judicial que los culpables identificados recibieron por parte de un sistema de justicia que, para este caso, parece no serlo. 

A Fátima la secuestraron, la lastimaron, violaron y asesinaron “El Pelón” y los Atayde Reyes, tres hombres a los que los pobladores intentaron linchar, pero que finalmente fueron entregados a la policía.

Los culpables, José Juan “N” y Luis Ángel “N” fueron ingresados al Centro Carcelario Distrital; dos años después, se dictó una sentencia condenatoria de 73 años y cuatro meses en contra de Luis Ángel; el tercero, Misael, era menor de edad cuando cometió el delito, fue sentenciado a cinco años en el Centro de Internamiento Quinta del Bosque en Zinacantepec, pero la jueza ordenó la libertad de José Juan “N” por considerar que las pruebas no acreditaban su participación en el feminicidio.

La defensa de José Juan “N” presentó ocho videos como prueba, los cuales no fueron sometidas a peritajes para comprobar su legitimidad.

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Además, el caso de Fátima fue tratado como homicidio y no como feminicidio, lo que privaba a la investigación de una perspectiva de género; ninguno de los sitios con relación al crimen fue resguardado, el expediente no integraba acta de levantamiento del cuerpo; no se hicieron pruebas de ADN por falta de reactivos y porque los acusados se negaron.

Por su relevancia, el caso fue revisado, el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio logró una reposición de sentencia que revirtió la absolución, José Juan “N” fue puesto a disposición de la ley como medida cautelar preventiva a la espera de un juicio. A cinco años se dictó el auto de apertura de juicio, pero el Primer Tribunal Colegiado en materia Penal del Segundo Circuito le otorgó un amparo que obliga al Juez de Control de Lerma a admitir nuevamente las pruebas manipuladas que ya habían sido excluidas, con lo cual podría quedar en libertad tras el juicio.

El otro daño

La familia de Fátima fue desplazada de su hogar, toda la familia recibió amenazas de muerte, la Comisión de Víctimas les prohibió utilizar sus documentos oficiales y o tienen empleo formal, no se ha ejercido la reparación integral del daño, la madre de Fátima –Lorena Gutiérrez– ha luchado día con día para conseguir justicia, en un largo camino que parece no tener fin y que evidencia un sistema de justicia fallido.

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