La Feria del Alfeñique de Toluca es una de las celebraciones más emblemáticas del Día de Muertos. Su historia se remonta a 1630, cuando el artesano Francisco de la Rosa obtuvo permiso para fabricar alfeñique, un dulce de origen árabe hecho con azúcar, clara de huevo, grenetina y jugo de limón. Desde entonces, las figuras de calaveras, diablitos, frutas y animales se convirtieron en símbolos imprescindibles en las ofrendas mexicanas.



De las décadas doradas al teatro popular
En los años 60 y 70, la feria alcanzó su mayor esplendor. Las familias toluqueñas se reunían en los Portales de Toluca para comprar dulces y mantener viva la tradición. Fue entonces cuando el evento incorporó elementos teatrales, como la puesta en escena El Fandango de los Muertos, una obra que celebraba la relación entre la vida y la muerte en la cultura mexicana. Aunque hoy ya no se presenta, marcó un punto clave en la historia del festival.




Formalización y auge cultural en los 80
En 1985, los artesanos formalizaron la feria, fortaleciendo la unión entre las familias dedicadas al alfeñique y los dulces regionales. Con los años, se sumaron exposiciones, concursos y actividades culturales que ampliaron su alcance hasta convertirla en una referencia nacional del Día de Muertos.




Una feria viva que sigue transformándose
Hoy, la Feria del Alfeñique de Toluca es mucho más que un mercado de dulces. Es un espacio cultural y turístico que atrae a miles de visitantes cada año. Ofrece talleres, conferencias, danzas, obras de teatro y exposiciones, además de una amplia oferta de dulces tradicionales como calaveras de azúcar, figuras de pepita, frutas en almíbar y turrones.
Pese a su evolución, la feria conserva la esencia de sus orígenes: celebrar la memoria, el arte y la identidad mexicana a través del dulce símbolo del alfeñique.



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