- El derecho a la alegría
- ¿Y dónde está la contralora?
- Cristóbal y sus carabelas
- PRI: salvar la caja Los prescindibles
El derecho a la alegría
Dirán que primero los baches, como si quienes los padecen debieran aplazar también el disfrute de la vida. Habrá quien lo llame derroche: convendría preguntarle cuánto considera razonable invertir en la alegría de los demás. La felicidad requiere condiciones duraderas de vida digna; la alegría puede durar una canción y dejar un recuerdo para siempre. Al gobierno le corresponde hacer posible que todos tengan acceso a esos momentos. La gratuidad contiene una decisión profundamente democrática: el bolsillo deja de determinar quién tiene derecho a estar allí. Los 69 millones de pesos presupuestados para el Alfeñique equivalen apenas al 1.19% del presupuesto aprobado de Toluca; distribuidos entre medio millón de entradas a los conciertos, representan 138 pesos por cada una, aun atribuyendo a la música el presupuesto de toda la celebración. Ese dinero permitió reunir familias, dar lustre al trabajo artesanal y devolver a la ciudad el gusto de ocupar sus espacios. Deben conocerse los contratos y el gasto final: rendir cuentas permitirá valorar el acierto con todos sus elementos. Bastante cuesta vivir con carencias para que, además, haya que pedir permiso para disfrutar.
¿Y dónde está la contralora?
El IEEM tiene una funcionaria encargada de hacer las preguntas incómodas antes de que las haga la prensa. María Guadalupe Olivo Torres presidió el sistema anticorrupción mexiquense y fue designada por el Congreso en diciembre de 2024, mediante una terna de la Jucopo encabezada por Francisco Vázquez. El artículo 197 del Código Electoral le encomienda revisar las compras, supervisar el presupuesto e informar de las deficiencias; su oficina tiene, además, voz en el Comité de Adquisiciones. Ante los cuestionamientos sobre los proveedores electorales, ¿qué advirtió, qué investigó y qué corrigió? Para 2026 se aprobaron once auditorías; en el apartado de informes de su micrositio, el último listado corresponde a 2021. Curiosa manera de mantener informados a quienes pagan la vigilancia. Habrá actuaciones que deban reservarse, pero explicar qué controles se aplicaron no exige anticipar culpables. La autonomía técnica debería servirle para incomodar al poder. Para guardar silencio no hacía falta tanta independencia.
Cristóbal y sus carabelas
Cristóbal Castañeda puede ser considerado, quizá, el mejor jefe de policía que ha tenido el Estado de México en veinte años. Hay cifras para sostener el juicio: entre 2024 y 2025, los homicidios bajaron 21.8% y la tasa de incidencia delictiva, 15.5%; de enero a septiembre de 2026, frente al mismo periodo de 2025, los reportes de secuestro disminuyeron 48%, el robo de vehículos sin violencia 37%, con violencia 33%, y los delitos de alto impacto 26%. Son avances de una estrategia compartida cuya conducción merece reconocimiento. Quienes medraron con la tolerancia policial tendrán pocas razones para aplaudirlos. Pero al secretario le urge evitar que su equipo les proporcione argumentos: las compras cuestionadas de uniformes y del helicóptero requieren expedientes abiertos, explicaciones y responsabilidades. Depurar a sus colaboradores es también defender sus resultados. La lealtad se acredita cuidando a la institución, no consiguiendo que el jefe salga a defender lo indefendible. La navegación va bien; urge revisar la tripulación.
PRI: salvar la caja
La apuesta del PRI se entiende mejor cuando se mira lo que pretende conservar: alrededor del 17% de la votación, el financiamiento que ese respaldo le asegura y las posiciones que puede obtener sin ganar un solo distrito o municipio. En 2024 consiguió seis diputaciones plurinominales y, en las asignaciones municipales expresamente identificadas con sus siglas, 27 regidurías y una sindicatura de representación proporcional, además de los espacios obtenidos mediante la coalición. Para 2026, su financiamiento ordinario ajustado ronda los 160.84 millones de pesos anuales. Ese es el patrimonio político que necesita proteger. Si además gana elecciones, mejorará el negocio electoral; pero su supervivencia puede descansar en administrar la derrota, siempre que conserve suficientes votos. Así se explica la desenvoltura con que despide a sus personajes: sus renuncias no reducen las prerrogativas. Lo que de verdad le dolería sería que los electores también presentaran la suya.
Los prescindibles
Si mañana se fueran Hilda Salazar, de Contraloría; María Esther Rodríguez, de Mujeres; Norberto Morales, de Trabajo; Carlos Maza, de Infraestructura, y José Arnulfo Silva, de Agua, nadie lo notaría. Bueno, Recursos Humanos, por el trámite. Imagínese usted la escena: anuncian cinco renuncias y hay que acompañar el comunicado con fotografías para que sepamos a quiénes vamos a extrañar. No les faltan asuntos: corrupción, violencia contra las mujeres, precariedad laboral, obras pendientes y falta de agua. Con semejante carga de trabajo, uno esperaría tener alguna noticia de ellos. La gobernadora debería concederles unas vacaciones y observar qué cambia. Si todo sigue igual, ya encontró por dónde empezar la austeridad.


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