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Fragilidad de vida y pobreza

Fragilidad de vida y pobreza

Empleos precarios, capacidad de ahorro nula, salud frágil, inseguridad y un montón más de factores se ciernen sobre millones de personas que viven en pobreza extrema.

El revuelo que ha causado el informe sobre la pobreza que recién presentó el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) se justifica. No es cosa menor que varios millones de mexicanos hayan pasado a una condición de pobreza o de pobreza extrema en los últimos meses. La vida de esas personas está poniéndose cada vez más difícil y ello es un problema grave. No obstante, ya sabíamos que ello iba a ocurrir, los datos del Coneval sólo confirman las dimensiones del retroceso y, la verdad, son menores a las que muchos pronosticaban. 

Hace casi ocho meses, en mi colaboración para este mismo medio, publicada el 12 de octubre del 2020, dijimos que se podía proyectar que para toda América Latina ascendería a 45 millones el número de “nuevos pobres” a causa de la más grave crisis económica del mundo en los últimos 100 años. De ese total, en el caso de México, hoy se confirma que el año 2020 dejó a 3.8 millones de personas más en la condición de pobreza. En términos porcentuales, el incremento fue de 3.2 puntos porcentuales de la pobreza extrema y de 2.9 puntos porcentuales de la pobreza moderada.

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De manera precisa el Coneval afirma que en 2018 había 51.9 millones de personas en situación de pobreza, mientras que en 2020, el año de la pandemia de COVID-19, dicha cifra se incrementó a 55.7 millones. Ya la semana pasada recuperábamos en este mismo espacio los números dados a conocer por el INEGI en relación a la caída en los ingresos por parte de las familias mexicanas y no había forma de evitar que también la cantidad de personas en pobreza tuviera consecuencias debido al que llamamos El coletazo económico de la pandemia. De hecho, en el año 2008, por ejemplo, cuando hubo una crisis económica global (mucho menor que la actual) los porcentajes de incremento de la pobreza que reportó el gobierno del entonces presidente Felipe Calderón fueron casi los mismos (3.2% de crecimiento de la pobreza extrema y 2.6% de la pobreza moderada).

Como lo revelan los números dados a conocer la semana pasada por el Coneval, el gasto social del gobierno no fue suficiente para soportar el efecto de la Jornada Nacional de Sana Distancia, que detuvo la planta productiva nacional, llevando a la quiebra a muchas empresas de distintos niveles y dejando sin empleo a millones de mexicanos. Los 225 mil millones de pesos que el Gobierno Federal destinó el año pasado a Gasto Social y el récord histórico de remesas provenientes de los trabajadores mexicanos radicados en los Estados Unidos apenas y pudieron aminorar el impacto que se esperaba, pues algunos ejercicios prospectivos hechos en 2020 hablaban de un crecimiento de la pobreza cinco veces mayor al que hoy se confirma que hubo.

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Ahora, bien, dado el ritmo con el que la economía nacional ha crecido en los últimos seis meses, la recuperación de los empleos y la reactivación en lo general de casi todas las industrias, hacen pensar que los datos que apenas reveló el Coneval ya han cambiado, porque sus datos fueron levantados hacia el inicio del cuarto trimestre del año pasado. Ya transcurrieron casi 10 meses, la economía ha crecido más de 7% se reportan nuevos empleos por arriba de 12 millones  y el gasto social del gobierno no ha disminuido, ni las remesas, así que la situación para millones de personas puede ya haber cambiado. Sin embargo, el verdadero problema, el que tiene raíces mucho más profundas, el estructural, es precisamente la facilidad con la que la condición de esas personas cambia: la fragilidad en la que viven: ayer no tenían para comer, hoy se compone un poco, pero mañana quién sabe.

Así es, los números de las últimas semanas, tanto del INEGI como del Coneval, nos confirma la sumamente frágil condición en la que se sostiene la vida de millones de personas que hoy están en pobreza extrema, al año siguiente “lograr salir” de ella, pero están en el umbral y vuelven a ella con suma facilidad. Empleos precarios, formación precaria, capacidad de ahorro nula, salud frágil, inseguridad y un montón más de factores se ciernen sobre ellos y los mantienen al filo del abismo. Esta situación es precisamente la más grave, porque como lo dice Amartya Sen, reduce el espacio que tienen millones y millones de personas para ser o hacer; es decir, se acortan casi al mínimo las oportunidades que tienen a su alcance para llevar la vida que desean vivir.

Producto de la pandemia seguro que se han acortado la esperanza de vida, la escolaridad y los ingresos de la mayoría de los mexicanos, entre otras cosas. Estos efectos, a unos les cambia la vida (a los que se encuentran en condición de pobreza), en tanto que a otros apenas y les despeina un poco. Así es de dispar nuestra sociedad y así de precaria y frágil es la condición de vida de millones y millones. La pandemia y sus secuelas en materia económica nos lo han recordado, y como lo decíamos hace casi un año en este mismo espacio, utilizando la metáfora del juego de “serpientes y escaleras”, el año 2020 resultó para millones de personas una de esas serpientes que nos regresan varios niveles.