Fugas de gas en Tlalnepantla exhiben graves fallas

La perforación accidental de un ducto por parte de la propia compañía responsable expuso a miles de ciudadanos a una inminente tragedia de proporciones letales
junio 11, 2026

Dos fugas de gas natural movilizaron a los cuerpos de emergencia en Tlalnepantla el 8 de junio de 2026. Aunque el saldo oficial reportó cero lesionados y ninguna explosión, los eventos paralizaron arterias principales, forzaron la evacuación de cientos de personas y reactivaron el reclamo sobre la vulnerabilidad de una zona urbana que convive diariamente con infraestructura de alto riesgo.

En ambos casos, la movilización de autoridades evitó daños mayores, pero dejó en evidencia una falla sistémica en la supervisión de las empresas proveedoras del servicio.

El primer aviso: falla en el edificio del SAT

El primer incidente ocurrió al interior del inmueble que alberga las oficinas del Servicio de Administración Tributaria (SAT) y un hotel, sobre la Avenida Sor Juana Inés de la Cruz, en la colonia Centro. La emergencia se originó por el desprendimiento de una válvula en la tubería de gas natural del área de cocina.

Los sistemas automatizados funcionaron. El mecanismo de seguridad cortó el suministro por su cuenta, limitando la propagación del hidrocarburo. Elementos de Protección Civil y Bomberos de Tlalnepantla evacuaron de manera preventiva a 850 personas, entre trabajadores y contribuyentes. Tras la inspección, el edificio reanudó operaciones y las reparaciones quedaron a cargo de la empresa ENGIE Gas.

El riesgo, sin embargo, existió y fue altísimo. Enrique Ochoa, ex elemento de Protección Civil de Nicolás Romero, jubilado, detalla la delgada línea que separó este evento de una tragedia: “En el primer caso, 850 personas dentro del edificio estuvieron expuestas a una intoxicación rápida o a un flamazo si el mecanismo de corte hubiera fallado. En la cocina del SAT, si el gas se acumula en un espacio cerrado con poca ventilación y alguien enciende una hornilla, un interruptor o hasta el motor de un refrigerador, revienta”.

Evacuación del lugar / Foto: Especial

Megafuga en Gustavo Baz: ducto perforado por maquinaria

El segundo evento, de mayor dimensión, se registró en la zona limítrofe con Naucalpan, a la altura del Puente de Vigas y la Glorieta de los Escultores en las colonias Xocoyahualco y Vista Hermosa. Una tubería de 110 centímetros de diámetro fue perforada accidentalmente por maquinaria pesada de la propia empresa ENGIE durante trabajos en la vía pública.

La presión liberó una columna de gas de casi dos metros de altura. El riesgo inminente de explosión obligó a las autoridades a establecer un perímetro de seguridad de 500 metros y a cerrar la circulación en ambos sentidos de la Avenida Gustavo Baz durante varias horas.

Ochoa advierte sobre la magnitud de este escenario: “En Gustavo Baz el peligro era peor: una fuga masiva al aire libre de un ducto de 110 centímetros generó una nube densa; con el tránsito parado pero motores encendidos, una chispa cualquiera, un cigarro, cables eléctricos, un celular o estática bastaban para incendiar esa columna de gas y provocar una explosión en cadena”.

El impacto alteró de inmediato la rutina. El olor a hidrocarburo invadió un perímetro extenso y obligó a desalojar inmuebles y suspender clases. “Fui por mis nietas del kínder porque evacuaron la escuela a eso de las 12:30. Es un área muy extensa lo que huele a gas”, relató una residente de Vista Hermosa, documentando el colapso que atrapó a las colonias vecinas.

“En la megafuga de Gustavo Baz el riesgo fue extremo: un corredor habitacional y comercial con la avenida cerrada pero con locales, escuelas y casas a menos de 500 metros. El olor abarcaba varias cuadras; de haber habido ignición, la explosión habría dejado lesionados graves o muertos. No hubo víctimas de milagro y por la evacuación a tiempo”, sentencia el ex mando de Protección Civil.

La contención de esta megafuga tomó entre 30 y 60 minutos. Participaron elementos de Protección Civil de Tlalnepantla, Bomberos locales y de Naucalpan, Guardia Nacional y personal de OPDM y Maxigas. Alrededor de las 13:00 horas, el escape fue sellado.

Policia de Transito / Foto:Especial

El historial que condena la falta de prevención

La rápida intervención de las cuadrillas de emergencia el 8 de junio contuvo la amenaza, pero la estadística reciente en Tlalnepantla prohíbe minimizar el riesgo. Las fugas por falta de mantenimiento o negligencia tienen antecedentes letales en la demarcación.

El 11 de noviembre de 2025, una explosión por acumulación de gas en la Unidad Habitacional Tlalcalli dejó una mujer muerta, hasta cinco heridos y 20 departamentos con daños severos. En aquella ocasión, alrededor de 350 vecinos y 275 alumnos de una secundaria cercana fueron evacuados. En los días posteriores, los damnificados señalaron directamente a la gasera por eludir su responsabilidad civil.

Años antes, el 20 de diciembre de 2022, otra fuga durante el manejo de instalaciones en una vivienda en Lomas de San Juan Ixhuatepec dejó a cinco personas con quemaduras graves.

Responsabilidad empresarial bajo escrutinio

Protección civil Tlanepantla / Foto RR.SS.

Los eventos del 8 de junio demuestran una capacidad de respuesta reactiva eficiente por parte del municipio. Las autoridades acordonaron y mitigaron el peligro en tiempo récord. Sobre el operativo, Ochoa analiza: “Los protocolos de emergencia se aplicaron correctamente: evacuación preventiva, corte de suministro por sistemas automáticos en el primer evento, perímetro amplio de seguridad, cierre de vialidades y coordinación entre cuerpos de bomberos, Guardia Nacional y gaseras. La contención en menos de 60 minutos fue eficaz”.

Sin embargo, la causa de la megafuga en Gustavo Baz —un ducto dañado por la misma empresa encargada de operarlo— apunta a una deficiencia operativa en los protocolos de prevención y mapeo de infraestructura subterránea.

“Pero los protocolos de prevención fallaron por completo”, subraya el experto jubilado. “Que la propia empresa concesionaria perfore su ducto con maquinaria pesada demuestra negligencia en la localización de infraestructura y falta de supervisión municipal. La respuesta reactiva fue buena, pero en protección civil lo que urge es que el desastre no ocurra en primer lugar”.

Con un saldo blanco en esta jornada, la exigencia recae en la supervisión gubernamental sobre las obras que realizan concesionarias como ENGIE. La red de ductos bajo Tlalnepantla exige un rigor que prevenga los incidentes desde su origen; de lo contrario, la línea entre el caos logístico y una nueva tragedia seguirá dependiendo únicamente de la rapidez con la que lleguen los bomberos.

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