En el Estado de México (Edomex) —la entidad con la mayor población LGBTI+ del país, con más de 489 mil personas— hablar de respeto a la diversidad sexual no es una demanda marginal ni ideológica: es un imperativo democrático. Esta cifra, revelada por el INEGI en su encuesta de 2022, debería bastar para entender que la diversidad sexual no es una excepción, sino parte esencial del tejido social mexiquense.
Y sin embargo, la discriminación persiste. A nivel nacional, el 44.6% de las mujeres LGBTI+ reportó haber sido discriminada en el último año, y entre los hombres, el porcentaje fue del 34.6%. Estos datos, lejos de ser cifras abstractas, reflejan la exclusión cotidiana en escuelas, espacios públicos, familias, trabajos y redes sociales. La homofobia no es un fenómeno anecdótico: es una violencia estructural y sostenida, muchas veces legitimada por el silencio de la mayoría.


No se trata de tolerancia, sino de respeto
El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) publicó la Guía para la Acción Pública contra la Homofobia con un propósito claro: erradicar la discriminación basada en la orientación sexual y la identidad de género, y construir un país donde el respeto no dependa de la apariencia, el deseo o la expresión de género de las personas.
Una de las ideas centrales del documento es sencilla pero poderosa: tolerar no es suficiente. Tolerar puede implicar condescendencia, incluso resignación. Respetar, en cambio, exige reconocer al otro como igual, con los mismos derechos, la misma dignidad y la misma libertad. La verdadera igualdad no admite jerarquías morales sobre cómo cada quien decide vivir, amar o nombrarse.

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¿Qué propone esta guía?
La guía no está escrita solo para funcionarias y funcionarios. Es, sobre todo, una herramienta de comprensión para cualquier persona que se pregunte cómo construir una sociedad más justa. Estos son algunos de sus puntos clave:
1. Entender la diversidad
La sexualidad humana es diversa. Incluye orientaciones como la homosexualidad, la bisexualidad o la heterosexualidad, así como identidades de género como la trans, la no binaria o la cisgénero. La guía explica, con claridad, que esta diversidad no es una desviación ni un problema: es parte de la condición humana.
2. Reconocer la violencia
La discriminación no siempre es explícita. Puede manifestarse como burlas, chistes, exclusiones, rumores, silencios o miradas. Pero también puede ser brutal: detenciones arbitrarias, golpes, insultos, expulsiones, amenazas o crímenes de odio. Y muchas veces comienza en casa, en la escuela o en la calle.

3. Cuestionar los estereotipos
La homofobia está sostenida por ideas que hemos aprendido sin cuestionar: que hay una sola forma de familia, que el amor entre personas del mismo sexo es inferior, que los hombres deben ser fuertes y las mujeres delicadas. Desaprender estos mitos es un acto de liberación colectiva.
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4. Hablar de respeto, no de normalidad
No se trata de que la diversidad sexual sea “normalizada”, sino de que todas las personas, sin excepción, tengan acceso a los mismos derechos, sin que su forma de ser se convierta en motivo de sospecha, escarnio o violencia.
5. Exigir y ejercer derechos
Aunque el respeto empieza en la casa y en la calle, los derechos también se defienden en lo público. Saber que nadie puede ser arrestado por besarse con su pareja del mismo sexo, o que una persona trans tiene derecho a cambiar sus documentos, es parte del empoderamiento ciudadano.




La lucha contra la homofobia no puede resumirse en un simple llamado a la tolerancia. En una sociedad democrática, diversa y plural, como aspira a ser la mexicana, combatir la discriminación contra las personas pertenecientes a la comunidad LGBTTIQ+ requiere acciones, reformas estructurales y un cambio profundo en la forma en que entendemos el respeto y los derechos humanos.
En el Estado de México —diverso, joven, dinámico y contradictorio— esta reflexión es urgente. No basta con esperar que “alguien” cambie las cosas. La transformación empieza en nosotros: en cómo hablamos, en cómo escuchamos, en cómo acompañamos. Porque una sociedad justa no se construye desde el miedo ni desde el prejuicio, sino desde la valentía de reconocer que la diferencia no amenaza: enriquece.



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