Trabajar menos, cobrar igual, producir más

Cuando eso ocurre nos perdemos la posibilidad de ventilar públicamente los temas y generar información sólida que esté al alcance de la población
octubre 21, 2025

Parece ser que el siguiente mes -ahora sí- se presentará por parte de la Secretaría del Trabajo, la iniciativa para establecer por ley que la jornada laboral se reduzca. Han pasado ya varios años desde que comenzó a debatirse la conveniencia de que México se alineara con la tendencia internacional de reducir el número de horas a la semana que debe laborar la gente. Actualmente, México es uno de los pocos países de la OCDE que aún mantiene en 48 el número de horas laborales por semana. Sobre todo en Europa, el número de horas que pasa un trabajador en su puesto son mucho menos que en países como el nuestro.

Esta es la razón por la cual desde hace ya un tiempo se ha vuelto pertinente la discusión de que es un derecho de los trabajadores tener más tiempo de descanso. De reducirse la jornada, estaríamos hablando de contar con al menos dos días sin tener que acudir a “la chamba”. O, dependiendo, cómo sea la distribución horaria, contar con lapsos más prolongados de descanso. 

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Por supuesto, no es un tema en el que todos estén de acuerdo. Hay voces que señalan las ventajas en materia de salud (mental y física), sobre todo apoyados en estudios que advierten una reducción de casi 30% en el nivel de estrés cuando se tiene más tiempo de descanso. Pero hay otras voces que llaman la atención acerca del incremento de costos para la parte patronal, que según la Coparmex iría de 10 a 25% al alza, especialmente para micro, pequeñas y medianas empresas (que son el 99% del total nacional).

Pero, dadas las condiciones actuales, si la iniciativa la presenta el gobierno federal y tiene que ser aprobada en el Poder Legislativo, sin duda se aprobará. Lo que habrá que ver son las formas como se pretende aplicar. En apariencia, la propuesta irá en el sentido de reducir, para el próximo año, dos horas a la semana; luego, de manera paulatina, ir incrementando ese tiempo de descanso hasta llegar al número de 40 horas laborales por semana en el año 2030.

También parece haber consenso en que se den plazos diferenciados para que las empresas lo apliquen, siendo los más cortos para las grandes empresas (uno 6 meses) y de, al menos, 3 años para las más pequeñas. Esto porque requerirán planear la transición y rediseñar sus procesos. En este sentido, se augura la demanda de programas con incentivos fiscales y otros instrumentos para aminorar el impacto en la parte patronal.

Un aspecto muy relevante en este tema es el de la productividad. ¿Qué significa? El rendimiento de los trabajadores: cuánto alcanzan a hacer, cuánto producen, cuánto avanzan en sus labores durante el tiempo en el que están en el trabajo. Las mediciones internacionales ubican a México en una posición muy baja en cuando a los índices de productividad.

Hay varios factores influyendo en este aspecto. Uno de los más importantes tiene que ver con la informalidad. Sabemos que en nuestro país casi la mitad de la población laboralmente activa se desenvuelve en el sector informal. Ello implica que se tenga menor acceso a tecnología de punta, capacitación, actualización y las escalas de operación más reducidas, es decir, se trabaja más, pero se consigue menos con lo laborado. Otro factor tiene que ver con la educación: generaciones no tan preparadas para innovar, emprender, inventar, patentar, o carentes de instrucción para manejar tecnología de punta. Bajos salarios y largas jornadas completan ese cuadro básico de factores que gravitan en la baja productividad con que se califica a México desde instancias internacionales.

Tampoco se conseguirá sin la resistencia del sector patronal: se arreciarán los amagos de retiro de inversiones, de alza de precios, de inflación y linduras por el estilo. No hay, en contraparte, movilizaciones sindicales visibles que hagan contrapeso, o no hasta ahora.

El reto, entonces, es para conseguir que los trabajadores puedan tener más descanso, pero que sigan ganando igual (o más) y que incrementen sus niveles de productividad. No es algo sencillo; no basta con la voluntad política para atender una demanda de los trabajadores. Tampoco se conseguirá sin la resistencia del sector patronal: se arreciarán los amagos de retiro de inversiones, de alza de precios, de inflación y linduras por el estilo. No hay, en contraparte, movilizaciones sindicales visibles que hagan contrapeso, o no hasta ahora.

Sería interesante que se debatiera largo y profundo sobre el tema, para que la gente se informara de qué va la iniciativa. Sí ha habido algunos esbozos de esos debates en los últimos años, pero de manera marginal, en algunos medios, en las redes sociales y nada más. Escuchar las razones para proponer la reducción del tiempo de trabajo, entender los compromisos que conlleva, asumir las consecuencias temporales y tener elementos para explicar por qué 40 y no 48 horas son lo adecuado. Todo eso y otras cosas serían visibles si se dieran esos debates, si los mismos se extendieran a varios foros y espacios.

Vamos a ver si eso ocurre. Esperemos que no pase como otros muchos temas recientes, en los que el gobierno propone algo, los mini partidos opositores gritan, algunos medios les dan espacio para esos lamentos y termina aprobándose por la mayoría de Morena en el Congreso. Cuando eso ocurre nos perdemos la posibilidad de ventilar públicamente los temas y generar información sólida que esté al alcance de la población.

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