En 1991 surge el proyecto, “La ciudad de los niños” en Italia, una iniciativa que ha llegado a otros países, entre ellos España. La idea principal es que las necesidades infantiles sean el eje rector del bienestar y la seguridad, por ello, se cree que la ciudad de los niños sería, en conclusión, la más habitable.
Este nuevo concepto de gobierno que toma como parámetro principal a los niños para planificar y generar gestión urbana, inicialmente no buscaba aumentar los recursos o servicios para la infancia, sino construir siguiendo las propuestas del libro del pedagogo, Franco Italiano Francesco Tonucci.
El creador de este proyecto explica que la percepción de la degradación de las ciudades a partir de la segunda mitad del siglo XX, ha producido en gran parte la decisión de priorizar las necesidades de los ciudadanos adultos, ya sea trabajadores, hombres y mujeres en la gestión económica y administrativa; esto ha hecho que las ciudades, los patios, las aceras, las calles, las plazas públicas, etc., cada vez más tienen mayor infraestructura asociada al automóvil y como consecuencia se ha producido la pérdida de espacios públicos.
Las actuales urbes modernas se han transformado en lugares llenos de contaminación atmosférica y acústica, lugares sucios, peligrosos y dañinos, en especial para los más débiles y los más pequeños, de hecho las mismas ciudades han generado problemas de salud y de seguridad para todos.
La ciudad de los niños trata de contrarrestar esta tendencia a través de acciones como la creación de un consejo con la participación de niños y niñas, quienes buscan mejorar el uso de espacios deportivos o el aumento de la seguridad en determinadas zonas de la ciudad para que los menores ganen autonomía y puedan ir solos a la escuela. En España, 21 de estas ideas se han desarrollado y colocado en la agenda pública de ciudades como Madrid, Segovia y Barcelona, con la colaboración de organizaciones internacionales como Safe Children y UNICEF.
Sin duda, construir ciudades bajo la perspectiva de seguridad para los más pequeños generaría un sistema donde todos los integrantes de la sociedad estuviéramos, no solo más seguros, sino que garantizaría el intercambio de ideas y el fomento a la creación de mayores espacios públicos de convivencia, dentro de los cuales se busque un desarrollo integral para todas las generaciones.


Síguenos