Con mucha frecuencia los gobiernos hablan más de los problemas y hacen menos por resolverlos. Es una característica de la burocracia en todo el mundo. Inclusive los problemas más trascendentes, los más importantes, suelen dejarse de lado por atender los urgentes, los del día. Pero hay veces en que algunas de estas conductas permanentes parecen cambiar, como “la excepción que confirma la regla”. La semana pasada los representantes de casi todos los gobiernos del mundo lograron un acuerdo para atender un muy grave y profundo problema del planeta: la contaminación por plástico.
Sabemos todos que el problema con la cantidad de plástico que generamos todos los habitantes de la tierra es muy grande. Sin embargo, después de décadas de saberlo, apenas la semana pasada los gobiernos de los países representados en la Organización de las Naciones Unidas para el Ambiente alcanzaron un acuerdo para afrontar el asunto.
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¿De qué tamaño es el problema?
Bueno, se estima que en todo el planeta se producen cada año aproximadamente 350 millones de toneladas de este tipo de material. Y a estas alturas de la historia ya se han acumulado cerca de 10 mil millones de toneladas. De hecho, la era del plástico prácticamente inició en la década de los cincuentas del siglo pasado. Antes de esos años realmente era casi nula la producción y uso de materiales plásticos. La mayoría de los productos de plástico que se producen y utilizan hoy son de un solo uso (por ejemplo, envolturas, bolsas, empaques de todo tipo). Su difícil reciclaje y su baja capacidad de degradación tienen como consecuencia una acumulación de estos en casi todos lados, lo que ha sido reconocido como un problema medioambiental desde hace mucho tiempo.
Hace tiempo se dijo que una solución era la adopción de productos plásticos etiquetados como “biodegradables” u “oxo-degradables” (que se fragmentan rápidamente), pero los estudios científicos realizados a este respecto indican que estos materiales tampoco parecen disminuir de manera significativa ni la cantidad de plástico que llega a las aguas ni el impacto físico o químico tanto sobre el medio acuático como sobre el medio terrestre, donde también es notoria su presencia en grandes cantidades.
A la par que se hacía más evidente el problema de acumulación de plástico en tierra y agua, se han realizado permanentes estudios que revelan -entre otras muchas cosas- que, pese a su gran estabilidad física, los plásticos, con el tiempo, se pueden ver sometidos a erosión física y química, degradándose en fragmentos más pequeños: a los que se les conoce como microplásticos y los nanoplásticos. Estos diminutos residuos prácticamente se cuelan por todas partes. Investigadores que examinaron peces de distintas especies encontraron en su organismo presencia de microplásticos y estamos hablando de peces marinos y de agua dulce.
Los nanoplásticos también podrían rastrearse en el agua potable, lo cual conlleva que, al comer o al beber, nosotros podríamos estar ingiriendo plástico o pequeñas particulas de él.
Los nanoplásticos también podrían rastrearse en el agua potable, lo cual conlleva que, al comer o al beber, nosotros podríamos estar ingiriendo plástico o pequeñas particulas de él. Todos estos efectos son materia de investigación y se está haciendo. Pero lo que debe quedar claro es que el único origen de la contaminación por plástico del agua y la tierra es la actividad humana. No hay otra fuente.
La presencia de plásticos en el medio ambiente tiene un efecto directo evidente sobre los seres vivos, ya sea por ingestión, estrangulamiento, atrapamiento o toxicidad. Ahora, cada uno por su parte y a diferentes ritmos, los distintos países han implementado medidas y normatividad para regular su uso. Pero apenas ahora es que los representantes de los países miembros de la ONU-Ambiente lograron un acuerdo para actuar de manera conjunta, a nivel planetario.
Por aplastante mayoría fue aprobado este documento que pretende sentar las bases para que durante los próximos años se trabaje en reglas y procedimientos específicos y de aplicación general para reducir y reorientar el uso manejo de los materiales de plástico. Según los especialistas, este podría ser el acuerdo en materia climática más importante después del que se firmó en Paris en el año 2015 para hacer frente al cambio climático.
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La característica de este acuerdo es que será vinculante (entiéndase obligatorio) para los países firmantes y abarca todas las etapas del ciclo de vida del plástico, desde la producción hasta el consumo y eliminación. El tratado se implementaría -tentativamente- a partir del año 2024. Es previsible que en dos años muchas naciones no estén preparadas para actuar de manera definitiva frente al problema, pero el documento reconoce que a los países de bajos ingresos les resultará más difícil lidiar con el plástico y la contaminación que a los países de altos ingresos, por lo que contempla algunos modelos de financiamiento para ayudar a frenar el uso y el desperdicio de plástico.
Sea dentro de dos o tres años, la puesta en marcha del acuerdo no va a resolver el problema de inmediato. Han sido décadas de acumulación y las acciones tendrán que pensar en resultados en el mediano y largo plazo. Como ocurre con este tipo de acuerdos, lo que expresan es una voluntad política para colocarse del lado correcto frente a las futuras generaciones. Reconocer el problema, decirse dispuesto a actuar y luego hacerlo, aunque sea de manera incipiente, es ya un avance. Siempre se requerirá mucho más, pero mientras no se empiece, seguimos sepultándonos en plástico.


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