La noche triste del Buen Fin 

Por las calles del centro de Toluca transitan una buena cantidad de personas; pero es escasa si se ubica que es la quincena con las expectativas más altas de consumo del año si se compara con la concentración que se alcanzó en la feria del alfeñique. No pasan de las 7:30pm y algunos de los […]

Por las calles del centro de Toluca transitan una buena cantidad de personas; pero es escasa si se ubica que es la quincena con las expectativas más altas de consumo del año si se compara con la concentración que se alcanzó en la feria del alfeñique.

No pasan de las 7:30pm y algunos de los locales del centro ya se encuentran cerrados, otros intentan despertar la curiosidad de la gente, con ofertas poco convincentes o con muchos globos y música y los que lo logran aún deben convencer de que compren su producto.

Una señora que es de las pocas en comprar ropa en los portales, carga con su bolsa de mandado, al parecer para disimular las compras y evitar algún robo o asalto que es cada vez más frecuente en las calles y en el transporte público.

Alrededor de los negocios un importante sector de la población busca tener ingresos en este Buen Fin; el de los comerciantes informales, que hoy parecen estar en tregua con el ayuntamiento y se acomodan a lo largo y ancho de las calles, para ofrecer comidas o productos de bajo costo, parecen unas cuantas decenas de comerciantes, pero en esa condición de informalidad se encuentra el 57 por ciento de la población mexiquense. 

En las calles de Toluca se hace evidente que la mayoría de la gente se inclina por las grandes tiendas departamentales, y es que mientras las tiendas pequeñas empiezan a cerrar, los centros comerciales son más frecuentados. 

Las explicaciones son muchas: la más general es que el Buen Fin está diseñado para las grandes tiendas y marcas; las facilidades de pago, la impresión que genera encontrar un amplio número de productos, la mayor confianza de seguridad, son algunos de los aspectos que intervienen, incluso la inexistencia de otros espacios de esparcimiento a los que las familias puedan acudir la noche de viernes. 

Los productos más demandados, según estudios, son la ropa y calzado, además de la electrónica y artículos del hogar; pero pese a las ofertas no será un Buen Fin para todos, al menos no para los 336 mil desempleados en el Estado de México, o será de buenos deseos y deudas para las más de 3 millones de personas que ganan menos de dos salarios mínimos en la entidad.

Pese a los bajos salarios, se notan algunas compras en los centros departamentales, quizá hoy es el día donde se puede identificar a las principales víctimas de la mercadotecnia, pues llegan a comprar algo, sin comparar ni evaluar opciones.

Y es que ni las grandes tiendas muestran ofertas sustanciales que vayan más allá de que los compradores puedan endeudarse; 30 por ciento de descuento en calcetería, 30 por ciento de descuentos en máquinas de coser, poder pagar una computadora en 120 semanas. 

La oferta más atractiva de la noche es el 3×2 en vinos y licores; y junto a las botellas tres jóvenes parecen ser los mejores compradores del día, pues hacen seriamente cuentas, para ver que bebida es la más conveniente comprar. 

Una primer noche de Buen Fin que deja más desilusiones que sonrisas, donde el consumo desenfrenado, se encuentra con el gran freno del alza de precios, es decir, la inflación que este año rebasó el 6 por ciento; porcentaje superior al de los últimos 8 años que pondrá a prueba a la mercadotecnia este fin de semana.