La Santanera le pone ritmo al último viernes del Alfeñique

Aunque la afluencia fue menor a la registrada la noche anterior, cientos de personas llegaron al Alfeñique para bailar con la histórica agrupación, acompañada por la Orquesta Filarmónica de Toluca y varios invitados
octubre 30, 2026

La explanada del Mercado Juárez tuvo esta noche una imagen distinta a la de los conciertos que la habían llenado prácticamente de extremo a extremo durante el Festival del Alfeñique. Había menos gente que el día anterior, era posible caminar con cierta facilidad y todavía quedaban espacios entre el público, pero esos claros terminaron sirviendo para algo que pocas veces se había visto durante esta edición: bailar.

Desde antes de que apareciera la Sonora Santanera, parejas y pequeños grupos se apropiaron de cualquier espacio disponible. Predominaban las mujeres, las familias y personas de la tercera edad, algunas de las cuales llegaron con la intención evidente de pasar buena parte de la noche bailando. No importaba demasiado estar cerca del escenario; para varios asistentes resultaba más útil conservar unos metros libres para moverse.

Los Mulatos de Pepe Arévalo fueron los primeros en aparecer y encontraron una explanada que todavía estaba lejos de llenarse. La respuesta, sin embargo, llegó desde los costados y la parte posterior, donde comenzaron a formarse las primeras parejas apenas sonaron la salsa y los ritmos tropicales. Después subió un cuarteto de son cubano y la escena se mantuvo: gente conversando, familias buscando lugar y, entre ellas, quienes no dejaron pasar una canción sin bailar.

La llegada de la Santanera se produjo alrededor de las 21:30 horas. Los músicos aparecieron junto con Gerardo Urbán y Fernández, director de la Orquesta Filarmónica de Toluca. /Foto: Gabriel Zepeda AD Noticias.

La llegada de la Santanera se produjo alrededor de las 21:30 horas. Los músicos aparecieron junto con Gerardo Urbán y Fernández, director de la Orquesta Filarmónica de Toluca, mientras en las bocinas sonaba una pista de “El Bómboro Quiñá Quiñá”. Todavía no comenzaban a tocar, pero el reconocimiento fue inmediato; algunos levantaron los teléfonos y otros simplemente se acomodaron frente a sus parejas esperando que arrancara la música.

Cuando la orquesta tomó el escenario y comenzaron los primeros acordes en vivo, los integrantes de la Sonora Santanera se incorporaron para abrir con “La Boa”. Entonces la explanada terminó de transformarse. Delante del escenario se levantaban celulares, mientras varios metros atrás hombres y mujeres daban vueltas, marcaban los pasos y aprovechaban cada hueco disponible como si el concreto del Mercado Juárez hubiera sido preparado para convertirse en salón de baile.

Una noche para bailar

El público de este viernes tenía poco que ver con el que un día antes llegó para escuchar a Alacranes Musical y El Trono de México. La cantidad era menor, pero también lo era la prisa por acercarse al escenario. Entre las primeras filas y la parte posterior podían encontrarse parejas mayores que parecían conocer de memoria el repertorio, mujeres cantando mientras bailaban y familias que seguían el concierto con niños y adultos mayores.

La Sonora Santanera llegó acompañada por la Orquesta Filarmónica de Toluca para ofrecer una presentación distinta a la habitual, con arreglos orquestales y un cartel de invitados que incluyó a Yahir, María León, Ernesto D’Alessio y Fela Domínguez. La combinación reunió dos formas de interpretar canciones que han pasado por varias generaciones y que, aun antes de que llegaran los invitados, ya tenían al público cantando.

D’Alessio protagonizó uno de los momentos más entrañables de la noche cuando de las bocinas salió el ritmo de Perfume de Gardenias, canción que ha acompañado a diversas generaciones y que se convirtió en una de las piezas más coreadas y bailadas.

No hizo falta que la explanada estuviera tan llena como otras noches para que el concierto tuviera ambiente. Cada canción encontraba a alguien dispuesto a bailar y, conforme avanzaba la presentación, los espacios que dejaba una asistencia menor se convertían en ventaja para quienes habían llegado precisamente para eso.

Entre familias, parejas que llevaban décadas escuchando esas canciones y jóvenes que acompañaban a padres o abuelos, la noche terminó adquiriendo un ritmo propio. 

En el Mercado Juárez hubo menos apretujones y más pasos de baile; por unas horas, la explanada dejó de parecer el espacio de los conciertos masivos del Alfeñique y se convirtió en una enorme pista frente a la Sonora Santanera.

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