Los pobres ricos pobres
La situación en esta Vía Utopía mejor conocida como México, se complica. Hay quienes, a fuerza de estar coludidos con un discurso oficialista rabón, se empeñan en asegurar que todo marcha bien, que en las calles se respira aroma de lavanda y no de sangre mezclada con orines de borrachos y mierda.
Pero, más allá de eso que forma parte de la cotidianidad – el discurso y la mierda por igual – lo que en verdad apena, es que se piense que esta crisis iniciada cuando llegó al poder el virrey Penaciento, solamente afecta a los jodidos de la Vía Utopía. Nada más alejado de lo que realmente provoca.
Esta crisis, negada hasta la saciedad por los discursos reformadores que izan velas en un horizonte cargado de negrura, están haciendo estragos en los pobres ricos pobres empresarios, quienes estuvieron a punto del infarto este primero de enero al tener que cubir siete pesos a la nómina de sus trabajadores-esclavos.
Pobres empresarios. Se están viendo en aprietos por lo que, convencidos de que cuentan con la solidaridad de sus trabajadores-esclavos, iniciaron un proceso de congelamiento de las quincenas de éstos – definido por ellos como criogenización bursátil – para que, haciéndose de esos 80 pesos, traten de solventar los gastos que les acarrea mantener una casa grande, una casa medianamente grande, la de la playa, la de sus amantes, y el servicio de su flotilla de automóviles que, aunque no son último modelo, si son muy caros.
Estos seres tan amados por la sociedad, se han visto en la penosa necesidad de incurrir en solicitar a funcionarios a los que no conocen mas que en fotografía, que les perdonen el pago de impuestos diversos, como la tenencia de sus costosos automóviles.
Y qué decir de sus viajes. Pobrecitos, ya no podrán ir más allá de Las Vegas, Madrid, Italia, Japón e Indonesia. Vedados quedaron los viajes a la Luna y Saturno.
Es necesario alzar la voz en demanda de apoyo a estas desdichadas criaturas, para que puedan de nuevo volver a la vida de esplendor a la que están acostumbrados, y para que no se estresen pensando si podrán comprar o no un automóvil de súper lujo.
Pobre en verdad esos pobres. No tienen vida. Siempre rodeados de guardaespaldas mal pagados, mal encarados y tragones; siempre anclados a una amante anoréxica reprimida, neurótica, fantasiosa y con ínfulas de diva, dispuesta a agachar la cabeza cuando le digan “extraña” – en la acepción latina – y a realizar las genuflexiones que le ordenen los funcionarios amigos del pobre rico pobre, so pena de perder diez centavos de esos 80 pesos diarios.
Es injusto lo que les pasa a esos pobres ricos pobres. No hay razón para tanta infamia en contra de ellos. ¿No entenderán las autoridades que un rico pobre es más pobre que un pobre-pobre? Pareciera que no, y la verdad es absurdo pensar siquiera que no se les quiera dar, por lo menos, 10 millones de pesos mensuales, o las concesiones que tanta falta les hace, o las exenciones de impuestos que demandan, o la tolerancia que exigen, o el poder que reclaman.
Tampoco debe cruzar por la mente de los que gobiernan, que los pobres ricos pobres quieran trabajar. Impensable tal idea. No. Eso sería tanto como decirles que son lumpen, y una ofensa como esa nadie la aguantaría, menos los pobres ricos pobres.
México requiere urgentemente atender a este sector, porque si no se les lanza un salvavidas, tendrían que disponer de los ahorros que tienen en instituciones bancarias en el extranjero y ello es, a todas luces, un descrédito para todos los mexicanos.
Hay que elevar una plegaria por la salud financiera de los pobres ricos pobres, por sus amantes, por sus trabajadores-esclavos, por su franqueza, por su bonhomía, por su talento pero, sobre todo, porque son parte fundamental de una sociedad surrealista que nos pinta de cuerpo entero…


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