“Eugene Ionesco señalaba que nadie es dueño de la multitud aunque crea tenerla dominada”.
– “¿Y a guisa de qué el apunte Marcelino?”
– “Simple, Germán. Este dicho es punzantemente actual y le ciñe como cingulum a los momentos que padecemos todos, los potentados, los miserables, los muertos, los que van a morir. Todos. La situación es grave y pareciera que es tanta la soberbia de quienes gobiernan que no alcanzan a ver mas que aquello que les dictan sus corifeos”.
– “¿Y qué te parecieron las marchas contra el vecino del norte y, de paso, contra el morador de Los Pinos?”.
– “Son dos cosas las que se vieron. Primero, que hubo una marcha a modo, para buscar congraciar a la gente con el inepto presidente que nos gobierna; y la segunda, que no admitió guiones y que se manejó con una espontaneidad que debe hacer pensar a los del partidote lo que pudiera pasar en las urnas”.
– “No mezcles cosas, Marcelino”.
– “Mira, te pareces a la Isabel Miranda, a la que corrieron de su propia marcha por agachona, corrupta y pro gobiernista, pero deja decirte que ello es el reflejo de lo que pasa en nuestra Vía Utopía, donde coexisten, conviven, o como quieran manejarlo los puristas del lenguaje, dos Méxicos. En un lado están los que se colocan la bandera de la justicia para medrar en nombre de ella; del otro, la gente libre que sin altavoces y sin líderes claros, repudian los excesos, las maniobras electoreras y las componendas. Fueron dos marchas en una. De hecho fueron varias y salvo una que se me hizo deplorable, oportunista y con tintes de genuflexión arabesca, la mayoría tuvo como fin decir al de Los Pinos que tenga huevos para enfrentar su ocaso político con dignidad. Y mira que si bien es común escuchar o leer que se le pide al presidente se faje los pantalones, resultó ilustrativo que lo increparan cuando el destinatario era el Trump. Ello puede avizorar que el futuro cercano, que son las elecciones de esta parte del reino, no serán tan fáciles para Peña y su partidote y, si la lógica funcionase, estaríamos ante una cita con la historia. Imagina el pregón del 5 de junio: “el partidote Utópico perdió; Enrique cavó la tumba”. Suena bien, Germán, suena bien”.
Pasa un largo minuto sin que deje de mirar los vidriosos ojos de Marcelino. Parecía que en esos globos oculares corría una escena: un político enclaustrado en sus miedos y errores que busca a como dé lugar mantener el control del lugar que le vio nacer, donde la gente le repudia… a su lado alguien muy cercano en sus quereres, con ropajes de príncipe, mirándose como heredero… al fondo una muchedumbre macilenta, mientras en las calles llenas de miseria, caballerangos galopan llevando en ancas de sus jamelgos monedas de plata y oro, y a lo lejos, pero cada vez más cercana, una figura nueva que llega con la palabra como arma de combate”.
– “Pareciera que el paraíso se aleja del partidote, Marcelino pero, conociendo cómo obran los testaferros del poder, obliga a pensar que la alquimia es potestad del presidente y de quienes le rodean. Incluso, me atrevo a pensar que ni siquiera la marcha que citas evitará que haga de las suyas en esta Vía Utopía. ¿Recuerdas que ha tiempo, cuando buscó hacerse del reinado, estaba por debajo de quienes se querellaron por el derecho al trono y, con base en lisonjas, monedas y mentiras se adueñó del castillo a grado tal que enloqueció y se creyó dueño de vidas y heredades?”.
– “Como si lo estuviera viendo, y si bien parece simplista tu perorata, te asiste razón. Ahora bien, dudo que haya perdido el control de los miserables lamebotas que le rodean y de su partidote, a pesar del mal manejo del reino que, bien sabemos, ha generado el empobrecimiento de millones de habitantes de esta Vía que languidece. Perder esta heredad no está en sus cálculos y por ello recurrir a los magos debe ser su salida lógica, amén de buscar paliar el hambre de unos cuantos y recurrir a la amenaza contra otros tantos”.
Miro de nuevo los ojos de Marcelino, inyectados de sangre, no se si por efecto de las bebidas o porque se añublaron al evocar los penares de muchos y me revelan que no habrá cambios significativos en los próximos años: la gente en las tabernas y hostales hablan en voz baja de fraude… en las calles se apilan los cadáveres… las aldeas se encuentran vacías mientras hay quien sonríe encerrado en su palacete en tanto se calza sus zapatillas nuevas… pero en Los Pinos no están los mismos de siempre…


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