La Teoría del Caos

Las locuras de la emperatriz y la supersecretaría estatal: entre Cuasimodo y Frankenstein   Hay dos locuras que el nuevo gobierno deberá revisar a su llegada. Una de ellas la altísima concentración de poder que se otorgó a la Consejería Jurídica –y créame, estimado lector que el superlativo aplica perfecto- la otra es haberle permitido crear instituciones superfluas y concentradoras de poder –léase proclividad a la corrupción- como el Cuasimodo llamado Comité Estatal de Factibilidad o el Frankenstein, denominado Instituto de Verificación Administrativa del Estado de México, cuyo mando omnipotente está en manos de la Consejera Jurídica. Sin muchos reflectores
julio 18, 2017

Las locuras de la emperatriz y la supersecretaría estatal: entre Cuasimodo y Frankenstein

 

Hay dos locuras que el nuevo gobierno deberá revisar a su llegada. Una de ellas la altísima concentración de poder que se otorgó a la Consejería Jurídica –y créame, estimado lector que el superlativo aplica perfecto- la otra es haberle permitido crear instituciones superfluas y concentradoras de poder –léase proclividad a la corrupción- como el Cuasimodo llamado Comité Estatal de Factibilidad o el Frankenstein, denominado Instituto de Verificación Administrativa del Estado de México, cuyo mando omnipotente está en manos de la Consejera Jurídica.

Sin muchos reflectores pero con la dispensa de la amistad, la Consejera Jurídica hizo y deshizo a placer; y ni pierde los últimos minutos para seguir detentando ese omnímodo poder.

Quien escuchó su discurso en la ceremonia oficial del Día del Abogado entenderá su egocentrismo y protagonismo, que la llevó a promover reformas legales inocuas que han contribuido a fomentar la burocracia y, a colocar a sus cercanos en esas responsabilidades; que ahora han creado un conflicto de leyes, contraponiendo las funciones de distintas instituciones públicas.

Pero vamos por partes. El Comité Estatal de Factibilidad es ahora el responsable de otorgar un permiso que concentra las “opiniones técnicas” que permiten la apertura y funcionamiento de unidades económicas.

Nadie lo ha dicho ni ha sido motivo de una investigación exhaustiva, pero esta Comisión tuvo un papel preponderante en otorgar el llamado Dictamen Único de Factibilidad para los malogrados pasos deprimidos del Paseo Tollocan y curiosamente la Consejería ni siquiera figuró en el debate.

Esta Comisión Estatal de Factibilidad, es considerada un órgano técnico de coordinación intergubernamental adscrito a la Consejería Jurídica, encargado de emitir el Dictamen Único de Factibilidad en materia de salud, desarrollo urbano, protección civil, medio ambiente, desarrollo económico, infraestructura, cuando así lo requieran los requisitos para la apertura y funcionamiento de una unidad económica.

¿Qué sabe la Consejería Jurídica de estas materias? Seguramente muy poco.

Lo que hace es recabar “opiniones técnicas” de las instancias involucradas, concentrar la emisión de ese dictamen y –´piensa mal y acertarás- concentrar la posibilidad de los actos de corrupción. Curiosamente el presidente de esa Comisión es precisamente el Titular de la Consejería Jurídica.

Lo que pretendía ser una política pública para simplificar la tramitología de los permisos, se volvió una estrategia de concentración de poder, que ha restado –entre comillas- atribuciones a las Secretarías especializadas en desarrollo urbano, medio ambiente, desarrollo económico, infraestructura y salud.

La reforma legal que dio origen a esta Comisión ha propiciado lo que se conoce como una antinomia jurídica, es decir, una contraposición de leyes y a pesar de que incluyó la modificación de diversos ordenamientos, sus disposiciones aún chocan con aquellas que dan atribución a distintas secretarías.

Por cierto, a dos meses de que concluya la administración estatal, la Consejería Jurídica alista ya un segundo paquete de reformas, para continuar el camino de restar atribuciones a las Secretarías y arrogarse tales atribuciones mediante esta Comisión Estatal de Factibilidad, y si no, preguntar a la Secfretaría de Desarrollo Urbano y Metropolitano, que no debe estar muy contenta con lo que ocurrirá en los meses siguientes.

En segundo término, la Consejería Jurídica –convertida ya en una supersecretaría- tuvo la ocurrencia de crear el Instituto de Verificación Administrativa del Estado de México, como un órgano desconcentrado de la propia Consejería, cuyo objeto es operar, instruir, coordinar y controlar el acto administrativo de la verificación en el territorio del Estado de México, en términos de lo contemplado en esta Ley y demás normativa aplicable, velando por la realización de las verificaciones bajo los principios de legalidad, honradez, lealtad, prontitud, imparcialidad y transparencia.

¿Es la Consejería Jurídica quien debe tener estas atribuciones de coordinar la verificación en la entidad?

¿Entonces para qué tener a la Secretaría de Desarrollo Urbano y Metropolitano; para qué a la del Medio Ambiente; para qué la de Infraestructura y la de Salud, si ya existe una que está por encima de ellas?

Creo que a los improvisados abogados de la administración pública estatal, cobijados en la Consejería Jurídica, se les salió de las manos el proceso de mejora regulatoria. Incluso no considero que sepan qué es la mejora regulatoria –y de paso, tampoco creo que sepan de derecho- sus galimatías les preceden.

Cuasimodo y Frankenstein, vivieron felices para siempre.

 

CARPE DIEM

Decía mi padre: “no hay plazo que no se cumpla, ni fecha que no se venza”. Desde el primer día del mandato de Eruviel Ávila, ciudadanos, amigos cuates y uno que otro servidor público de Ecatepec llegaron a las oficinas del gobierno estatal a solicitar renuncias a diestra y siniestra. Querían incluso arrasar hasta con las plazas secretariales.

El 16 de septiembre próximo la mayoría de esos personajes deberán padecer de aquello que los benefició hace seis años. Ha sido el gobierno más improvisado, menos capaz e ineficaz de los que yo haya conocido. No estoy seguro si la venganza será dulce, pero de que habrá revancha, habrá. Personajes sin estudios o títulos profesionales se hicieron de los mejores puestos; se crearon incluso plazas para ellos, se acabó el experimento.

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