Elecciones y reeleciones: la tragicomedia mexiquense
Estamos en una época en que el voto se convertirá en la divisa más preciada.
Es cómico leer las fantasías reeleccionistas de algunos que su narcisismo los rebasó y creen que su papel como gobernantes, los hace merecedores de disfrutar del erario público un periodo constitucional más. Pero resulta trágico saber que quienes “ejercían” un cargo –principalmente de elección popular– simplemente renuncien y busquen otro cargo que prolongue su estancia en el erario.
¿Cuál de ambas es más cómica o más trágica? Le correspondería a cada uno de mis dos lectores dilucidarlo, pero lo cierto es que ese es el nivel de la política que tiene el Estado de México.
Si al azar se revisan las listas de los Congresos Federal o Local, se advertirán apellidos conocidos. Hijos, hermanos, esposos o esposas, de quienes disfrutan de los mieles partidistas –sin importar el color– que degustan de las prebendas del erario público.
Diputados que no legislan; alcaldes que rara vez gobiernan –excepto en sus informes–; y así se atreven a aspirar de nuevo, evidenciando que el sistema de partidos está agotado y el financiamiento público, también.
En medio de la polémica que significa cuestionar el financiamiento público a los partidos políticos, las voces en pro y en contra no han sido suficientemente difundidas ni se ha propiciado un verdadero debate público.
En otro países como Costa Rica, existe la figura del reembolso, por el cual el Estado, luego de celebrados los respectivos comicios, reembolsa los gastos en que incurran los Partidos Políticos para elegir los miembros de los Poderes Ejecutivo y Legislativo, y no antes ni con un cheque en blanco, es decir, la subvención electoral se convirtió en un reembolso postelectoral, en vez de un financiamiento preelectoral.
Esto significaría que el parido tendría que cumplir con ciertos requisitos, entre ellos fiscales, para acceder al pago de los gastos electorales; no antes, sino después. No sé si esto funcionaría en México, pero al menos abre los ojos respecto a que pueden y deben buscarse otras formas de que los partidos políticos, financien su actividad.
¿Por qué hemos de ser los contribuyentes quienes financiemos sus aventuras?
¿Cuánto nos cuesta que un diputado federal o local, alcalde, delegado, sin más renuncie a su cargo y se postule para otro sin haber cumplido con su responsabilidad?
¿Cuánto más estamos dispuestos a soportar que esto continúe?
La temporada de chapulines empezó y con ella el recordatorio de que nuestro sistema electoral debe cambiar las reglas.
La posibilidad de reelegir a un buen servidor público por su desempeño en un cargo de elección popular, está lejana y reñida con la idea de la democracia. Ninguno de los actuales gobernantes o legisladores ha hecho los méritos para ser calificado de esta manera y, en cambio, esta figura pasará a ser esencialmente ornamental y superflua, como lo empiezan a ser las candidaturas “independientes”, que han sido aprovechadas por el fracaso, las frustraciones y el atavismo de quienes han sido dejados de la mano de los partidos.
Por lo pronto ni frentes ciudadanos ni candidatos independientes han sido la solución a nuestra crisis democrática. Para mí, el sistema de partidos está agotado, especialmente en lo que respecta al financiamiento público. El que quiera azul celeste…
CARPE DIEM
La ocurrencia lopezobradoriana de otorgar amnistía al narco, no es sólo eso, una ocurrencia, sino la desesperación patológica de un candidato perenne y políticamente inmortal, que busca desesperadamente votos.
Más allá del apasionamiento habrá que desmenuzar la Ley de Seguridad Interior y no sólo desde la óptica ultraradical. Esta columna pretende hacer lo propio la semana próxima.
La última y nos vamos…
Una semana más y el psicólogo Barrera Baca continua en su mutismo ante la inminente alza de colegiaturas, para paliar el problema financiero de la UAEM… ¿Y los exrectores? ¿Y el FONDICT? ¡Bien! Gracias…
Nos leemos en otra semana caótica…
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