La Teoría del Caos

Cuenta la historia que en un reino recién pasado, el Rey Jacobo II tuvo la “ocurrencia” de crear una Subprocuraduría de Protección Animal en las tierras de Nunca Jamás. Sin seguir los protocolos establecidos e incluso sin un presupuesto aprobado, decidió reformar el Reglamento de la Procuraduría que gobernaba y con ello, “por sus pistolas”, de facto creó la Subprocuraduría. Sin embargo, al ver vacía su creación, solicitó y obtuvo la autorización para crear plazas que llenar, con súbditos que atendieran los asuntos que se encomendarían a esta nueva Subprocuraduría. Como era de esperarse, se pensó en traer al reino
febrero 28, 2018

Cuenta la historia que en un reino recién pasado, el Rey Jacobo II tuvo la “ocurrencia” de crear una Subprocuraduría de Protección Animal en las tierras de Nunca Jamás. Sin seguir los protocolos establecidos e incluso sin un presupuesto aprobado, decidió reformar el Reglamento de la Procuraduría que gobernaba y con ello, “por sus pistolas”, de facto creó la Subprocuraduría.
Sin embargo, al ver vacía su creación, solicitó y obtuvo la autorización para crear plazas que llenar, con súbditos que atendieran los asuntos que se encomendarían a esta nueva Subprocuraduría.
Como era de esperarse, se pensó en traer al reino a los mejores abogados que desahogaran los procedimientos administrativos y a los más destacados especialistas en medicina veterinaria y zootecnia que pudieran emitir dictámenes en la materia o brindar atención adecuada a los animales, pero no… ¡oh sorpresa! La Subprocuraduría se llenó de pedagogos, comunicólogos, pasantes de alguna licenciatura –por supuesto no afín a la materia– y uno que otro colado sin estudios.
Uno de estos glamorosos personajes, comunicóloga de profesión, llegó como todos al trabajo cotidiano; su belleza y sabiduría sobresalió y enamoró al Rey, quien tiempo después no la hizo reina, pero sí subprocuradora de Protección Animal. Al amparo y bajo el cobijo de un actor de “peluche” que se dice activista animal, permaneció durante buena parte del reinado anterior en su cargo. Sin mayor conocimiento y con el palmarés de haber sido alguna vez activista, con nulo conocimiento de la procuración de justicia ambiental.
Un día, la protagonista de esta historia de ensueño recibió una propuesta matrimonial. El Rey había decidido pasar el resto de sus días con ella. Fanática de las redes sociales, ese día, retumbaron todas ellas sin descanso, dando eco a la noticia y el cuento de hadas siguió, hasta que una noche… por alguna circunstancia… el Rey propinó una golpiza a la subprocuradora, que mereció que el compromiso se cancelara –al menos en ese momento–.
Esto no me lo contaron, yo lo vi con estos ojos que se han de comer los gusanos… twitter fue testigo del rompimiento y la amarga queja pública por el hecho. Pero el tiempo que es sabio y todo lo cura, hizo que la pareja superara esa dura etapa de su amor. Al poco tiempo se casaron y la vida siguió su curso. Aquella vez no hubo publicaciones mediáticas, sólo twitter; no hubo denuncias, sólo twitter.
Aun ahora, sin entender cómo una institución de procuración de justicia ambiental se convertía en una institución de rescate, cuidado y protección animal, la vida prosiguió también en las tierras del reino, hasta que años más tarde, su monarca fue desterrado y el actor de peluche que la protegía, no pudo más prodigarle sus favores y protección. A la llegada de una nueva administración al reino, la subprocuradora quiso mantenerse en el erario –vivir dentro del presupuesto es vivir en el error, pensó–…
Dada a la estridencia, buscó al monarca supremo del reino, imploró y suplicó, pero su ciclo había terminado. Sin su mecenas de la farándula y con el esposo rey venido a menos, decidió recurrir a su único refugio: las redes sociales y los medios de comunicación. Alrededor de tres meses después de haber entregado su renuncia, sorprendió al mundo alzando la voz para denunciar acoso y su reinstalación, ya que no sabe hacer otra cosa que ser subprocuradora de protección animal…
La moraleja cuasibíblica de esta fábula es: el que tenga oídos para oír… que oiga…

Carpe Diem

¿Será el momento para replantear la labor de la Procuraduría Ambiental? ¿Acaso sabrán que una institución de procuración de justicia ambiental no es una institución de rescate y urgencias animales? ¿Cuál debe ser el papel y el compromiso de la Procuraduría Ambiental en la protección y bienestar animal?

La última y nos vamos…

¿Qué papel juega el Rey Jacobo II en esta trama? ¿Sabrán sus jefes? ¿El erario lo vale todo?
Nos leemos en otra semana caótica y de fábula. Cualquier parecido con la coincidencia es pura realidad (Esta fábula es pública, ajena a cualquier partido político; queda prohibido su uso para fines distintos a los establecidos en este género literario).

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