Las selfies de Enrique

Reportera Karina Villanueva/ edición de Miguel Alvarado. Acambay, México; 25 de enero de 2018. Son las dos de la tarde con 14 minutos y el termómetro marca 10 grados en el municipio de Acambay, en las inmediaciones de Atlacomulco y Jilotepec, al norte del Estado de México. Cerca de 500 personas escuchan el mensaje de Enrique Peña Nieto, quien asistió a territorio mexiquense para entregar la ampliación del Arco Norte. Aquí están habitantes de municipios cercanos: Timilpan, Temascalcingo, Jocotitlán. Peña Nieto pide que la contienda electoral no sea factor de división en el país, por el contrario, pide seguir apostando
enero 25, 2018

Reportera Karina Villanueva/ edición de Miguel Alvarado.

Acambay, México; 25 de enero de 2018. Son las dos de la tarde con 14 minutos y el termómetro marca 10 grados en el municipio de Acambay, en las inmediaciones de Atlacomulco y Jilotepec, al norte del Estado de México. Cerca de 500 personas escuchan el mensaje de Enrique Peña Nieto, quien asistió a territorio mexiquense para entregar la ampliación del Arco Norte. Aquí están habitantes de municipios cercanos: Timilpan, Temascalcingo, Jocotitlán. Peña Nieto pide que la contienda electoral no sea factor de división en el país, por el contrario, pide seguir apostando por México seguir creyendo en las “buenas cosas”, en lo que se ha hecho bien y lo que se ha logrado.

El público, en su mayoría mujeres, parece escuchar atento el discurso completo del ex gobernador del Estado de México. Esas mujeres van abrigadas con sudaderas, gorros, pants debajo de las faldas y encima de la ropa llevan playeras blancas con la leyenda de “Gracias, Enrique Peña Nieto”. Algunas otras llevan cobijas. “A lo mejor llueve”, murmuran algunas. 

Tres horas antes se observa el protocolo habitual en una visita del titular del Ejecutivo federal: a kilómetros hay policías estatales, militares y elementos del Estado Mayor Presidencial. Es el ritual acostumbrado. Sobre un terreno de tierra y con un frío que cala hasta los huesos se encuentra el templete donde en unas horas más de Atlacomulco se presentará.

“¡Hagan una fila los que vienen del empleo temporal, nos vamos acomodando, por favor, no se metan!”, dice una voz que intenta ordenar a quienes esperan pasar los filtros.

Para entrar, diez arcos de seguridad resguardan el acceso: no líquidos, no metales, no objetos que puedan poner en riesgo la integridad de los asistentes al evento. Luego, una revisión más personal: levante las manos, póngase de espaldas, adelante.

A las 12:15 un cantante y animador intenta calentar el ambiente al ritmo de El Santo, El Cavernario, Blue Demon y El Bulldog, aquel guacarock que hiciera famoso el grupo Botellita de Jerez. Pero hoy nadie consigue nada y una especie de desesperación comienza a notarse. Aún falta más de una hora para que comience todo, programado para las 11 de la mañana.

A las 12:50 aterriza un primer helicóptero y la gente se levanta de sus asientos porque comienza la lucha de las porras: “¡Se ve, se siente, Enrique está presente!”, “¡Enrique, amigo, Atlacomulco está contigo!”, “¡Enrique, Enrique, ra, ra, rá!”. Esas porras han perseguido a Peña desde que era diputado local. Las mismas frases, cantaditas como si se tratara de un partido de futbol, pero hoy un estadio lleno de desposeídos es el escenario donde se presenta el líder de un país en ruinas, enclavado en un Estado de México también al borde de un abismo cada vez más profundo.

Ocho minutos más tarde y en las cuatro pantallas gigantes se observa al presidente acompañado del gobernador Del Mazo: ahí comienza el trayecto, otra coreografía ensayada miles de veces. El saludo de mano, la palmada en la espalda, las incontables selfies que él mismo toma como un profesional. El gobernador lo sigue a distancia y elementos de seguridad lo resguardan; vigilan que no se acerquen demasiado, que no excedan los abrazos. El pasillo para llegar al estrado parece eterno e interminable, o así lo hacen sentir quienes se acercan a intentar saludarlo.

Veinticuatro minutos después Peña logra subir al presídium, donde también se espera paciente su llegada. Un pantalón de vestir oscuro, zapatos negros, camisa azul claro y chamarra azul marino es el outfit del presidente, que esta vez ha decidido dejar el look de sombrero que tantos memes originó en últimos días en redes sociales, cuando los cibernautas revivieron una fotografía de 2013 para hacer viral la imagen de Peña con atuendo vaquero.

En el estrado se encuentran Ana Lilia Herrera Anzaldo, senadora por el Estado de México; Gerardo Ruiz Esparza, titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes; Cruz Roa, presidente de la Junta de Coordinación política del Congreso local; Anuar Azar, presidente de la Diputación Permanente y una mujer vestida con ropa étnica -casualmente ubicada al lado del presidente-, entre otros.

En las primeras filas está el rector de la Universidad Autónoma del Estado de México, Alfredo Barrera Baca; Máximo Quintana Haddad, delegado de la Secretaría del Medio Ambiente en la entidad; Sergio Medina Peñaloza; presidente del Tribunal Superior de Justicia; la senadora con licencia María Elena Barrera Tapia, por mencionar algunos.

El primero en tomar el micrófono es el gobernador Del Mazo. “Sea usted bienvenido a ésta, su tierra, a su casa, en donde siempre lo recibimos con los brazos abiertos. Señor presidente, en el Estado de México mantendremos, con decisiones firmes y resultados fuertes, el rumbo que usted fijó para nuestra entidad desde hace más de 12 años”. Luego, feliz, regresa a su lugar, da la mano a Enrique Peña, quien le da una, dos, tres, cuatro, cinco palmadas en la espalda.

Le sigue Ruiz Esparza, quien por segunda ocasión en la semana visita territorio mexiquense, y por segunda ocasión también hace mutis respecto a los amparos otorgados a ejidatarios para la construcción del Tren Interurbano México-Toluca, obra que, a decir de los tres funcionarios, detonará la economía en la entidad. 

“Qué bonito, qué bonito es lo bonito, decía un personaje mexicano… qué bonita y cálida recepción a su paisano, el presidente Enrique Peña Nieto”, dice Ruiz. Después se pierde en tecnicismos de infraestructura, de longitudes, kilómetros e inversiones. El público parece no tener claros los términos, pero eso no importa porque lo que se necesita es actitud por encima del entendimiento. Lo mismo pasa cuando Peña Nieto habla de economía y crecimiento económico: “Hemos sembrado los cimientos y colocado o hecho reformas que van a posibilitar que México crezca mucho más en los próximos años a mayores tasas y a mayor dinamismo […] Yo no me voy a meter a hablar, ni voy a hablar de los procesos electorales porque advertí que como presidente de la República seré absolutamente cuidadoso y observador de la legislación electoral. Y no hablaré ni tomaré posición sobre lo que ocurre en la justa democrática que ya se avecina en esta competencia, pero sí quiero hablar y creo que estoy en derecho a hacerlo, de lo que como país hemos tenido, hemos alcanzado”.

Los niños de ojos café oscuro y piel dañada por los estragos del frío comienzan a llorar, sus madres, mujeres no mayores a 25 años, se miran unas a otras esperando el fin.

– Me podría regalar unas hojas para hacer una petición al presidente? -pide una de ellas.

– ¿Cuánto le debo?

– No es nada.

– Gracias, es que me quitaron mi cuaderno a la entrada.

Y eso es lo más sustancial.

Antes, el presidente las saludó efusivamente. “Quiero saludar con cariño, con afecto, con respeto, a todos mis paisanos, a todos los representantes de la sociedad del norte del estado. A sus mujeres, a las mujeres aquí presentes del Estado de México”.

Esas, las mismas que le dieron su voto en la elección a diputado local, en los sufragios de gobernador, en la elección presidencial y que siguen siendo el brazo fuerte de su partido de cara a los comicios del 1 de julio próximo, hoy no tienen ni el cuadernito para apuntar que el PRI les repartió.

“Hace apenas 15 años, 15 años, hoy hacía memoria, estábamos justamente en esta región del Norte del estado aquí, buscando entonces ser diputado local por este Distrito, por el Distrito número 13. Es motivo de gran alegría, además no sólo estar en mi tierra, en el Estado de México, sino estar auténticamente muy cerca de mi tierra de la que soy originario, de Atlacomulco, que está aquí traslomita; de estar en el municipio da Acambay, donde tengo mis raíces”, dice Peña casi conmovido. Pero no lo está, sólo actúa, aunque lo hace muy mal.

A las 14:11 termina su discurso. Se oyen aplausos generalizados, aunque no tan escandalosos y eufóricos como en otras ocasiones. “Hay menos gente”, comentan los de Logística. Unos se fueron antes, a lo mejor por el frío. Para esta hora la temperatura desciende tres grados.

Más fotos bajo el estrado, ahí se ven los teléfonos celulares de todas marcas, colores y presupuestos. Mientras, y como es costumbre en la prensa del Estado de México, los reporteros buscan una foto con el presidente. Salen muy sonrientes. Esta es la misma prensa que no pudo, porque no quiso, documentar el paso de Peña por la entidad, contarle las atrocidades disfrazadas de logros, los muertos innecesarios y el saqueo de los bienes públicos. Esa prensa que no pudo ni quiso necesita, sin embargo, una foto con el presidente más cuestionado en la historia de México.

Eso, el afán de salir en la foto impide ver que en una de las vallas laterales, un grupo de mujeres, entre ellas la que pidió la hoja para externar sus demandas, intentan acercarse. Su intención es frenada por personal de seguridad y una joven que anota en una tabla los nombres de las ahí reunidas. ¿Cómo se escribe? ¿Dónde vive? Sí, permítame. Nerviosa, voltea a ver al personal de seguridad hasta que, después de un rato, el grupo de mujeres decide marcharse sin conseguir nada.

Así como ellas, uno a uno va desalojando el lugar, se quitan las playeras blancas y caminan a la salida mientras Enrique sigue tomándose selfies.

La basura se esparce en la tierra, en el suelo quedan los restos del lunch que recibieron los pobladores de las comunidades cercanas. No saben del tren interurbano, del nuevo aeropuerto ni de la autopista Arco Norte. “Nos invitó el delegado para que viniéramos, hay que asistir por los apoyos”, dicen sin aspavientos.

A las 14:36 el presidente se acerca la salida y los mismos que estaban en el estrado ahora lo esperan para despedirlo. Una camioneta Suburban negra espera para trasladarlo al helicóptero. Mientras, platica con Del Mazo, y reparte más abrazos. ¿De dónde saca tantos? Antes de las 15:00 el ruido de las aspas indica que se acabó la visita.

Peña se va. Su nave se pierde a lo lejos. Mañana, algunos medios dirán que Peña criticó a las redes sociales y que, como siempre, se pintó como el héroe que el país necesita. Dirán eso y más, menos la prensa de Toluca, conformada y sonriente, con las selfies de Peña muy pegadas en los muros del facebook.

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