Esta semana fue materia de polémica la información dada a conocer por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) respecto al número de personas en condición de pobreza que viven actualmente en el país. El objeto de la discusión fue, sobre todo, el hecho de que se reportaron menos pobres. Así es, algo que bajo otras condiciones debiera celebrarse como un logro, más bien se volvió objeto de discrepancia. Hay dos razones principales animando la incredulidad al respecto de que la pobreza va disminuyendo en el país: la primera es esa permanente desconfianza que toda la información oficial genera, dados los antecedentes de ocultamiento o manipulación de información que históricamente ha tenido que experimentar la gente; y, la segunda, tiene que ver con el tipo de información que nutre a este reporte del Coneval: la fuente de la información es el INEGI, pero a dicha información varios especialistas le han puesto algunos asteriscos, advirtiendo que en la forma de medir hay "truco".
Justamente el año pasado, cuando se presentó una polémica entre el Coneval y el INEGI, relacionada con la forma de medir la pobreza, escribimos en este mismo espacio que la manzana de la discordia tenía que ver con una parte de la Encuesta Nacional de Ingreso General de los Hogares (ENIGH) levantada por el INEGI a la que se conoce como "Módulo de Condiciones Socioeconómicas". En este Módulo el año pasado el INEGI introdujo varios "ajustes", argumentando que con frecuencia "los informantes tienden a declarar menos de lo que realmente reciben" (de ingresos), por ello aplicó "criterios de captación y verificación de información en campo de mayor rigor". Eso significaba, en pocas palabras -y lo publicamos aquí en julio de 2016- que el INEGI buscó de alguna manera generar datos que ayudaran a cambiar la percepción de que hay demasiada gente en México que apenas puede sobrevivir miserablemente y, como consecuencia, se contaría con datos que pudieran respaldar el discurso presidencial de que los obres en México son cada vez menos.
La estrategia seguida por el INEGI desde el año pasado fue asegurarse de que la gente encuestada dijera absolutamente todo lo que recibe, vía sueldos, subsidios, remesas, jubilaciones, becas, apoyos en moneda o en especie, préstamos, etcétera: absolutamente todo. Ya bajo estas condiciones ahora el Coneval afirma que: "El porcentaje de la población en situación de pobreza en 2016 (43.6%) fue menor que el reportado en 2014 (46.2%), en 2012 (45.5%) y en 2010 (46.1%)". Aquí la gran discusión se centra en si los nuevos datos permiten hacer comparaciones históricas, pues datos generados con metodología distinta no son equiparables ni contrastables de manera pertinente.
El propio Coneval dijo en este 2017 que la ENIGH 2016, en la que se está basando para afirmar la disminución de la pobreza, "incluye un conjunto de acciones de mejora operativas en su levantamiento", haciendo referencia a los "ajustes" de los que venimos hablando. Y dice en su comunicado de este miércoles: "De acuerdo con lo informado por INEGI, la ENIGH 2016 inicia una nueva serie", con lo cual está reconociendo las nuevas cuentas que van a ser mucho muy escrupulosas al sumar todo lo que la gente recibe: desde las despensas provenientes de "un gol por la nutrición", las mochilas que les mande el Partido Verde, los útiles que les entregue el gobierno, las donaciones que alguna fundación, la pantalla que les dio el gobierno, los "utilitarios" que entrega un candidato en campaña, todo, todo, todo.
Contabilizando así, habrá datos para promediar un ingreso anual por hogar que ya no suene tan dramático. Y, siguiendo por ese camino, se confirmará la visión reduccionista que se lanza desde el gobierno al problema de la pobreza, consignándolo como una cuestión sólo de los ingresos. Pero hay que insistir que en términos teóricos en muchas partes del mundo la Academia ha señalado que los ingresos son sólo una pre-condición para elevar el nivel de vida y superar la pobreza, lo cual requiere de espacios y condiciones adecuadas para ejercer la libertad, la afectividad y la dignidad.
Así que volvemos a suscribir lo dicho en este espacio hace un año: la realización de lo humano no se da en el hecho de recibir algo o recibir más, sino en los actos de dignificación de la persona, los cuales muchas veces requieren de un mayor ingreso, pero no sólo de eso, sino de la sensación de bienestar de las personas. Podrá incrementarse estadísticamente el ingreso de los hogares, pero la pobreza también pasa por el entorno en que los ingresos pueden ser empleados para la realización humana y eso queda claro que no lo están midiendo.


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