San Pedro Tlaltizapán, en Santiago Tianguistenco, vive bajo el agua desde hace más de un mes. Lo que antes fue patrimonio de cientos de familias, hoy está cubierto por aguas negras del río San Juan—que nace en Xalatlaco—,una ciénega que desemboca en el río Lerma.

Los habitantes señalan que, desde el 10 de septiembre, su vida cotidiana quedó sumergida. Las calles Juárez, Álamos, México y Diego Mejía actualmente permanecen bajo el agua.
“Nos tuvimos que salir de nuestro domicilio. El agua empezó a aumentar más o menos 10 cm por día, más o menos. Posteriormente, ocho días después, el agua ya estaba casi metro y medio y en nuestras casas subía hasta 60, 80 cm de altura”.



Más allá de la pérdida material, la acumulación de aguas residuales compromete la salud de unas 250 personas que resultaron afectadas por el desborde. Denuncian que, al inicio de la emergencia, no hubo apoyo institucional.
“El agua ya estaba muy contaminada y el olor era muy fuerte. Entonces, pues era obvio que nos teníamos que retirar de nuestros domicilios, entre nosotros. Realmente nadie vino”.
La calle Calistomelo fue la más afectada. Sus primeras casas quedaron bajo el agua. Los vecinos aseguran que ya habían alertado a las autoridades.
“Un vecino fue el que hizo el aviso previo a lo que iba a suceder. O sea, se les avisó previo a que sucediera”.




El fenómeno no ocurría desde hace 30 años. Esta vez, las bombas para extraer el agua solo funcionan por horas. De dos a tres unidades no han sido suficientes para modificar la escena.
La autoridad municipal censó solo 40 viviendas, aunque los vecinos estiman más de 2 000 casas afectadas, con 200 completamente inundadas. Hasta el momento, tampoco hay respuesta clara de la alcaldesa Erika Olea. Únicamente vecinos, bomberos y el Grupo Tláloc apoyaron durante los primeros dos días. Después, ya no regresaron.
Apoyo insuficiente
Entre la desesperación, algunos buscaron ayuda institucional con el presidente del DIF municipal. “Él tuvo un compromiso con la gente que estábamos, éramos como 50 personas. Vino ese día a dejar un apoyo de despensas nada más, pero yo pienso que no es suficiente una despensa, sino que ya vienen los daños, se vienen reflejando en las construcciones, en los caminos; ya está bajando y es pura contaminación lo que ven. Es un daño que nos ocasionó muchos problemas porque sí fue efectivamente avisada la presidenta, a los delegados e inclusive vino Conagua”.
Otro vecino recibió apoyos alimentarios, pero insiste en lo urgente: recuperar sus hogares.
“A lo mejor una despensa sí nos ayuda, y se los agradecemos, pero nosotros preferimos que nos saquen toda el agua que tenemos ahí estancada”.


Patrimonio dañado o perdido
En múltiples viviendas ya hay fracturas estructurales:
“Tenía buena cimentación, pero pues desafortunadamente las aguas que este año se vinieron”.
Un herrero perdió toda su materia prima por la inundación.
“Los fierros están adentro porque ya no nos dio tiempo e inclusive yo me dediqué a hacer faenas con las mismas autoridades locales. Estuve apoyándolos para conseguir costalera”.
Pese a pedir ayuda antes de que la situación se desbordara, la respuesta fue mínima.
“Una vez solamente fue la presidenta y el delegado municipal y la delegada. Y fue inclusive Protección Civil y dijo que pues ya no tenía nada, no tenía caso, y ya no había nada que hacer”.

Otros habitantes notaron un cambio alarmante en el agua.
“El agua cambió de color los días miércoles, jueves y viernes que se ponía rojizo el lago. Inclusive miembros de Protección Civil quedaron de que habían mandado a hacer análisis del agua y es el momento que no hemos sabido los resultados”.
La zona está clasificada ya en fase tres de desastre natural. Pese a ello, persiste la incertidumbre sobre la ayuda pública.
“No sabemos qué conlleva el apoyo que debería mandar el gobierno estatal y gobierno federal, porque pues hasta ahorita no hemos visto nada del municipio”.
Además, algunos no pueden abandonar su patrimonio por miedo a robos.
“Sí hubo un poco de rapiña. Entraron en a las casas, no se llevaban gran cosas, pero pequeñas cosas como licuadoras… pequeñas cosas estaban sacando. Como tenía mucha agua, no podían sacar más cosas más grandes”.


Atención a la población afectada
Entre vecinos se han organizado para sobrevivir. Los niños son los más vulnerables. Una de las familias afectadas está integrada por dos hogares: su esposa, dos niñas —una con discapacidad— y el matrimonio de su hija.
Aunque algunos aún no presentan enfermedades, otros ya sufren afectaciones. “Muchos se han quejado de la vista y de problemas de la piel porque están entrando a sus domicilios y se han llenado de ronchas, o sea, unos que son más delicados. Un señor se metió a su domicilio y le salieron tipo ámpulas con pus, o sea, se tienen diferentes reacciones”.
Una vecina que recibió un trasplante de hígado vive con el temor constante de enfermar. Recién había logrado un patrimonio, ahora, la inundación se lo arrebató.


Vida sobre una canoa
El nivel del agua obliga a los habitantes a moverse en canoas y usar botas de hule como parte de su vestimenta diaria. Las embarcaciones son prestadas, pero representan el único alivio para desplazarse entre lo que queda de sus calles.




Llamado a las autoridades
El panorama es devastador: olores fétidos, muebles perdidos, sin atención oficial y la búsqueda forzada de un nuevo hogar.
“No se trata de hacer conflicto con nadie, simplemente de que las autoridades sí nos deben de tomar en cuenta. Queremos que se haga una limpieza, arreglar caminos y revisar todo lo que son nuestras viviendas y todos aquellos que también perdieron muebles, ropa, porque sí hay unas casas que tuvieron hasta como un metro y medio de agua”.





San Pedro Tlaltizapán, donde las canoas reemplazaron las banquetas, los afectados exigen a las autoridades atención a la emergencia, así como el cumplimento de responsabilidades: sacar el agua, reparar los daños y garantizar que la historia no se repita.



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