- Sin 27 no hay 29
- Texcoco no se toca
- La liturgia de la encuesta
- Metepec: ellas contra ellas
- El camión de la basura
Sin 27 no hay 29
Cumplido el tercer año del sexenio, el poder entra en una paradoja: alcanza su punto más alto justo cuando comienza la cuenta regresiva. Delfina Gómez está en la cúspide del poder, pero la misma luz que ilumina el cenit empieza a dibujar la curva del descenso. No porque el poder se haya debilitado, sino porque el tiempo político tiene una física distinta a la del calendario: mientras al gobierno todavía le quedan tres años, la clase política comienza a pensar en quién ocupará la silla después. Falta mucho, muchísimo, para la elección de 2029 y cualquier nombre es todavía conjetura; lo que ya empezó es algo anterior y más profundo: la construcción de las condiciones de posibilidad de una candidatura. Posiciones, alianzas, municipios, Congreso, estructuras, presupuestos, cercanías y resultados comenzarán a adquirir una segunda lectura. Por eso 2027 será bastante más que una elección intermedia. Será la primera gran distribución del poder desde la cual se llegará a la sucesión: quién conserva territorio, quién lo pierde, quién amplía su estructura, quién coloca alcaldes y diputados y quién demuestra capacidad electoral propia. En política, como en ajedrez, la partida decisiva rara vez comienza cuando se mueve al rey. Sin 27 no hay 29.
Texcoco no se toca
Nazario Gutiérrez parece haber entendido que una cosa es gobernar Texcoco y otra, bastante distinta, entregar Texcoco. Ya anunció que irá al proceso interno para buscar la continuidad, mientras las bardas comenzaron a contar la otra historia: “Paco Va” por un lado y “No a la reelección” por el otro. Pero aquí la disputa rebasa los nombres. Para Mexiquenses de Corazón, Texcoco no es simplemente uno de los 125 municipios: es territorio fundacional, capital simbólica y acta de nacimiento de una genealogía política que desde ahí construyó poder hasta llegar a Lerdo 300. Higinio Martínez, que ha dicho que no meterá las manos en la selección de candidaturas, hizo una excepción semántica bastante reveladora: “si acaso opinaré en mi municipio”; después fue más lejos y señaló a Nazario como el que se reelegirá, atribuyéndolo a las encuestas. Paco Vázquez conoce perfectamente el significado de cruzar esa frontera y, prudente como es, difícilmente apostará por una guerra intestina cuando puede preservar influencia sin incendiar la casa. Precisamente por eso Texcoco será una prueba para el evangelio morenista de las encuestas: qué ocurre cuando el método se encuentra con el territorio, la demoscopia con la historia y la regla nacional con el viejo sentido de pertenencia. Hay plazas que se ganan y plazas que se sienten propias. Texcoco tendrá que decidir qué quiere ser.
La liturgia de la encuesta
Ahora que se acerca la hora de repartir candidaturas a alcaldías y diputaciones en el Estado de México, conviene recordar cómo resolvió Morena su ensayo mayor de 2027: las gubernaturas. En 16 estados decidió mediante encuestas y sólo San Luis Potosí salió por consenso; cuando sobraban aspirantes hubo un primer filtro telefónico y después mediciones en vivienda de alrededor de mil 500 entrevistas, con muestras independientes, georreferenciación y encuestas espejo. Siete firmas —Buendía & Márquez, Covarrubias, Defoe, De las Heras, Enkoll, Mendoza Blanco y Votia— contrastaron la medición de la Comisión Nacional de Encuestas y, según Morena, coincidieron en los ganadores. Lo interesante es que no se trató simplemente de preguntar quién era el favorito. Morena construyó una pequeña axiología electoral: ocho variables con distinto peso —opinión positiva, honestidad, cercanía, conocimiento, cumplimiento de la palabra, percepción como buen candidato, disposición a votar y preferencia como abanderado— distribuyeron diez puntos. El antecedente importa en Edomex porque la dirigencia estatal ya anticipó un sondeo previo cuando hubiera más de seis aspirantes por una posición. Si el esquema se reproduce en 2027, la pelea por alcaldías y diputaciones comenzará mucho antes de que llegue el encuestador: primero habrá que existir en la cabeza del elector. El PRI preguntaba quién tenía padrino; Morena pregunta quién tiene conocimiento, atributos y voto potencial. Cambió el instrumento. La pregunta de fondo sigue siendo antiquísima: quién decide quién puede ser elegido.
Metepec: ellas contra ellas
La sucesión en Metepec comienza a adquirir rostro femenino, aunque detrás de cada fotografía sigan moviéndose estructuras, intereses y apellidos. Iraí Albarrán aparece en el PAN; Ana Lilia Herrera, desde Movimiento Ciudadano; Gabriela Gamboa, en Morena, y Carolina Monroy, incorporada a Somos México, completan un tablero que podría colocar a cuatro mujeres en la conversación por una de las alcaldías más codiciadas del Valle de Toluca. Gamboa y Monroy ya gobernaron el municipio; Herrera conoce como pocas la política mexiquense e Iraí carga con una circunstancia imposible de separar de cualquier aspiración: es esposa del actual alcalde, Fernando Flores. Falta demasiado para convertir posibilidades en candidaturas y candidaturas en boletas, pero la sola configuración dice bastante. En Metepec la disputa de 2027 puede tener nombres de mujer mientras alrededor las distintas familias políticas hacen cuentas, reconstruyen alianzas y calculan supervivencias. Ellas pueden aparecer en la boleta; habrá que mirar quiénes llegan con ellas.
El camión de la basura apesta
Algo no huele bien en San Antonio la Isla. Alejandra Castro Nava recibió para el Ayuntamiento un camión recolector de Vigue, empresa dedicada al negocio de los residuos y vinculada al relleno sanitario que opera en la región. No fue una empresa cualquiera regalando cualquier cosa: una compañía cuyo negocio depende de la basura entregó al gobierno una herramienta para recoger basura. Marcel Mauss explicó hace un siglo que el don nunca es completamente inocente: dar crea vínculo, y el vínculo puede producir reciprocidad. En la vida privada se llama cortesía; entre una empresa con intereses económicos y una autoridad con facultades públicas exige, cuando menos, transparencia. Más aún cuando alrededor del relleno existen preguntas sobre permisos, refrendos, inspecciones, impacto ambiental y vida útil que merecen revisión. Nada demuestra, por sí mismo, que la alcaldesa haya otorgado una contraprestación y afirmarlo sin pruebas sería irresponsable. La pregunta periodística es otra: qué relación existe entre la empresa y el gobierno municipal, bajo qué figura se recibió la unidad y qué decisiones administrativas han ocurrido antes y después de la entrega. Porque con la basura sucede algo incómodo: por más que se lave el camión, el olor obliga a preguntar de dónde viene.


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