UNICEF define el término huérfano como aquel niño que ha perdido a uno o ambos progenitores, concepto con el cual muchos países no concuerdan; de los más de 132 millones de huérfanos, 13 millones habían perdido ambos progenitores y de esos, el 95 por ciento de los casos, se trata de niños mayores de cinco años.
En México no se conocen cifras exactas de niños en situación de orfandad, por ello la Comisión de Atención a Grupos Vulnerables, dio a conocer la necesidad de que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), para su siguiente censo, implemente los indicadores necesarios que permitan conocer datos más precisos sobre el número de niños y adolescentes huérfanos en México; ello con la finalidad de que sirvan como una base para el diseño de estrategias que promuevan la igualdad de oportunidades, así como la construcción de políticas públicas y programas adecuados para ellos.
En el año 2010, en el censo de población, el INEGI informó que en el país había alrededor de 19 mil 174 menores de edad huérfanos en casas hogar, cifra muy por debajo de lo que informa la UNICEF; pues este organismo internacional sostiene que México es el segundo país en América Latina después de Brasil, donde existen más niños huérfanos, es decir, 1.6 millones de niños.
La principal preocupación de organizaciones internacionales sobre estos menores es que se quedan sin la posibilidad de vivir en una familia, y con ello, de tener una salud en general óptima, pues puede verse afectada no sólo por las circunstancias de la pérdida de sus padres, sino por la desatención que implican sus necesidades básicas; además, con el riesgo de sufrir a abusos, maltratos y trata de personas.
Y si pensamos que la salida más fácil para incorporar a estos menores a las diversas familias es la adopción, lo cierto es que adoptar no es tarea fácil en este país, pues en general los procesos tardan de entre tres a cinco años en promedio, muchas veces terminando con el desistimiento de las familias, pues entre más crezca el menor, es más difícil incorporarlo a un hogar.
Lo cierto es que como país debemos de preocuparnos más por estos menores, y ser la voz que ellos no pueden emitir; urge determinar cifras exactas de niños en esta situación, los motivos por los cuales se quedan en ese estado y sobre todo buscar diversas alternativas para incorporarlos a una vida mejor que los aleje del maltrato y de la exclusión.



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