Niños sicarios; fracaso de las políticas del estado

Las dificultades del gobierno mexicano para recuperar el control de varios estados bajo el dominio narco enfrentan un problema adicional: el alto número de menores que integran sus filas.

El periodista Javier Valdez Cárdenas, autor de Los morros del narco: historias reales de niños y jóvenes en el narcotráfico mexicano, explica que los barones de la droga sustituyen a la autoridad Estatal porque “en muchas regiones del país, son ellos los que ofrecen la única opción de trabajo y de ingresos”.

En el marco del Día Internacional contra el Reclutamiento de Niños Soldados, abordamos el caso mexicano con Valdez Cárdenas.

–¿Cuáles son las razones por las que el narcotráfico está reclutando a tantos niños en México? –

En México se aplica desde hace décadas una política económica y social que no genera empleos, que lo único que está produciendo es más pobreza, más desempleo, marginación y hambre en las familias mexicanas.

Se habla de que cerca de la mitad de la población, alrededor de 50 millones de mexicanos, vive en condiciones de pobreza y muchos de ellos, en condiciones de pobreza extrema.

En muchas regiones del país, la única opción de trabajo y de ingresos la ofrece el narcotráfico. O sea, el narco vino a sustituir a los empresarios lícitos y al gobierno, porque crea empleos e incluso, llega a realizar obras de beneficencia, aunque esto cada vez en menor medida, en beneficio de la gente.

Y lo otro es que son ellos los que mandan, como está pasando en Michoacán, en Sinaloa y en Guerrero. Entonces, obligan a las familias a entregar a sus hijos, adolescente y niños, o bien, si se niegan, los sacan por la fuerza.

–A partir de los recientes sucesos en Michoacán, ¿cree que está dando el Estado los pasos para recuperar su autoridad?

–Como dijo el escritor Federico Campbell, especializado en el tema sobre el narcotráfico y la seguridad nacional, el Estado mexicano no está.

Esa ausencia de autoridad está siendo ocupada por la delincuencia organizada. Y no solo contra la autoridad del gobierno, también contra la Iglesia, los partidos políticos, los medios de comunicación y muchos empresarios de abolengo que están siendo avasallados, controlados, contaminados por la criminalidad. Es una realidad espantosa.

Es como cuando uno ve las películas del viejo del oeste y dice, “me rindo, estoy rodeado”. Muchos mexicanos, en muchos lugares del país, estamos rodeados por los narcotraficantes. Por otro lado, no confío en que el gobierno de Enrique Peña Nieto pueda revertir esta situación.

Tampoco confié en el de Felipe Calderón, porque siguen con esta perspectiva de guerra respecto al narco: armas, patrullas, policías, militares, uniformes, equipo y mucho dinero, mucho presupuesto para las Fuerzas Armadas y la Policía.

Mientras que se deja de lado el combate al lavado de dinero, a las labores de inteligencia, al combate a la pobreza y el desempleo. Lo de los michoacanos es una gota más, pero ya pasó en Sinaloa, en Tamaulipas, en Chihuahua, en Guerrero, en Coahuila, en Veracruz, en Jalisco, entonces son muchas gotas que forman ya un gran charco y, lamentablemente, es un charco de sangre.

–¿Existen datos del número de niños y jóvenes reclutados de manera forzada o voluntaria y sus edades?

Hay muchas versiones, yo he escuchado datos que indican que serían unos 300 mil jóvenes, menores de 18 años, que están siendo reclutados por el narco, y se habla de que cerca de un 30% son asesinados, incluso por los mismos integrantes de las células que los incorporan a la delincuencia. Es un laberinto cuyo final es, en muchas ocasiones, fatal.

–Se oye hablar de casos de niños que cometen crímenes atroces, como es de Edgardo, “El Ponchis”, a quién se le atribuye el asesinato de varios narcos rivales y que fue detenido a los 14 años.

¿Es éste un común denominador para estos niños que se suman al narcotráfico?

–Sí, es un común denominador. Pero lo es también la perspectiva criminal de ubicarlos siempre como delincuentes. Es un lugar común que sean liberados por la flexibilidad y las lagunas que tiene la legislación mexicana.

Y lo son también las historias terribles, trágicas, en torno a estos niños que no dejan de ser víctimas del abandono, de la desolación, de la falta de justicia, de esperanza e impunidad que hay en el país.

–”El Ponchis”, tuvo suerte, porque a él lo enviaron a Estados Unidos, donde vive su madre, para continuar con la rehabilitación, ¿pero qué pasa con todos esos otros niños que se van recuperando, que es de sus vidas?

–La mayoría lamentablemente no logra recuperar una vida digna, honesta, lejos de la criminalidad, porque es una situación de alta descomposición.

Si ellos logran salirse de la criminalidad es porque han estado presos y cuando salen, se encuentran con una realidad que les es adversa, de falta de oportunidades de desarrollo, de progreso y futuro. En general, entonces, reinciden por la falta de opciones.

–¿Usted cree que se puede rehabilitar a estos menores y reinsertarlos a la sociedad si se aplicara un plan integral para recuperarlos? Sí, yo creo que sí. Con una perspectiva integral, no solo armas, policías y militares, sino propiciando condiciones en las que las familias no tengan que desintegrarse porque el papá se va a Estados Unidos o porque la mamá tiene dos o tres empleos. Si se garantiza esto, si se garantiza educación, salud, alimentación y empleo, hay condiciones para que ellos se rehabiliten, se reinserten.

Es decir, un tratamiento en términos de salud pública para los niños y jóvenes que ingresan al narco, consumen drogas y han delinquido.


(Con información de SINEMBARGO.MX y RadioNederland)