De acuerdo con el investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM Francisco Valdés, una alianza política es aquella que busca conseguir un objetivo común que se considera más importante que los objetivos no compartidos por los aliados (refiriéndose en este caso a las ideologías), lo que implica ganarle votos al adversario.
Algunas legislaciones internacionales permiten el derecho de formar alianzas electorales con partidos políticos, o con otras organizaciones habilitadas para la presentación de candidatos.
En el Estado de México la alianza, la coalición o la candidatura común (cada una de ellas posee diversos matices), tienen una finalidad esencialmente político-electoral por eso su formación y registro se vincula a un determinado acto electoral, y persigue generalmente maximizar las posibilidades de éxito de los partidos que la integran a una determinada elección, ya sea por una decisión de estrategia política, o porque el propio sistema genera incentivos a la formación de bloques (por ejemplo fiscalización de recursos).
Existen también alianzas de “facto” y se realizan de forma estratégica, no formal, pero con términos muy claros, entre uno o diversos partidos; para llevar el máximo potencial y alcanzar una ventaja competitiva y por ende el triunfo.
Sí en nuestra entidad llega a concretarse una alianza, el objetivo primordial sería la alternancia de gobierno, pero sinceramente estimado lector nuestra democracia mexiquense está muy inmadura, le falta una sociedad unida, con un objetivo claro, pues carece de canales de comunicación y escucha colectiva, en pocas palabras su diversidad, no implica identidad.


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