Pulverización opositora

Ya varios han reconocido que fue “un error histórico” el haber reunido, al PRI con el PAN
julio 14, 2024

La ruta que uno decide seguir importa cuando se tiene claro el sitio al que se quiere llegar. Si, por el contrario, no hay claridad sobre el destino, pierde relevancia el camino. Vale la pena preguntarse hoy esto: ¿tienen claridad los partidos políticos de oposición sobre el sitio al que quieren llegar en el corto y mediano plazo? Si la tienen, los distintos pasos que comienzan a dar deben servir de pistas sobre el mismo.

Los tambaleantes pasos que comienzan a dar, tras levantarse del nocaut que sufrieron el pasado 2 de junio, se encaminan a la pulverización. Por un lado, se anuncia el fin de la alianza PRI-PAN; por el otro, se comienzan a presentar purgas internas, sobre todo notorias en el PRI. Igualmente, se esboza la posibilidad de generar nuevos partidos entre experredistas, expriistas e incluso entre seguidores de la derrotada candidata Gálvez Ruiz.

Esos primeros y titubeantes pasos se dan no sin fricciones. Así, entre empujones, gritos, codazos y puntapiés, vuelan las acusaciones por la derrota, los señalamientos incriminatorios, los deslindes ominosos y las fugas constantes. La escena es propia de un desastre: los escombros deben ser removidos para recuperar lo que haya de vida ahí abajo.

Casi de manera inevitable, ello va a conducir a una reorganización que tendrá como característica la división de fuerzas. Serán pequeños los partidos que tendrán el nada sencillo papel de oposición en los próximos años. Ninguno puede presumir por sí mismo más de 20-25% de votos potenciales para comicios futuros. Varios se moverán en los rangos de un dígito y se podrían presentar como partidos dispuestos a la alianza. El problema con esto último es que la “gran alianza” opositora resultó el peor de sus fracasos.

Ya varios han reconocido que fue “un error histórico” el haber reunido, por ejemplo, a PRI con el PAN. Del PRD ya no vale la pena hablar, pues ha perdido el registro nacional y, en aquellas entidades donde conserve el registro local, su aspiración de votos sigue siendo de un solo dígito.

Una oposición pulverizada será “cómoda” para el gobierno de Morena. Ello, sin embargo, no necesariamente es bueno para el país. Incluso al partido gobernante debe preocuparle no tener una oposición seria y encontrar, en cambio, muchos prófugos de los partidos que se hunden queriendo entrar a sus filas.

Ya lo hemos dicho en varias ocasiones, en este espacio, la oposición debe presentar propuestas de políticas públicas que enriquezcan —en beneficio de la sociedad— el debate, la legislación, las políticas públicas. Estas propuestas son mejores cuando vienen de plataformas políticas sólidas, de posturas claramente identificadas y de personas con respaldo social. Este es justamente el gran problema que se ve en el corto plazo: la pulverización no otorga esa solidez, esas posturas claras ni puede aglutinar respaldo social. Al menos no en el corto plazo

Si el destino de la oposición apunta en el sentido de rehacerse, tenemos que pensar en que les va a costar varios años, quizá décadas. Su esperanza para crecer serían solo los traspiés del gobierno, los errores, las pifias o hasta los rompimientos internos. Incluso en esos escenarios, la escisión, la división en fracciones de las posturas opositoras es casi inevitable.

Puede proponerse como hipótesis que varios partidos se moverán al modelo inaugurado por el PVEM y consolidado por Movimiento Ciudadano: un negocio personal, familiar o grupal, en donde importa administrar las prerrogativas, conservar el registro, alinearse o aliarse con quien sume a esos propósitos. Lejos están aquellas apuestas que se hacían a finales del siglo pasado y principios del actual de que se consolidaran dos grandes “bandos” (al estilo de los estadounidenses). En efecto, hace apenas unos lustros, los vaticinios eran en el sentido de que PRI y PAN serían esos dos partidos que podían alternarse en el poder, al tiempo que le daban a PRD, PVEM, PT y otros, alguna representación “proporcional” para completar el cuadro de la democracia mexicana.

Las cosas han dado un vuelco impresionante en cuestión de una década, justo el tiempo de vida que tiene el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). Vienen, pues, tiempos de reensamblado de la vida política, muy buenos para el espectáculo mediático y la picaresca política, pero poco útil para la solución de los asuntos públicos.

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