A 14 años de la invasión militar y ocupación por un contingente internacional, el panorama en Afganistán resulta tan deteriorado que la mayoría de sus pobladores recuerda con nostalgia los tiempos de antaño.
La asunción al poder en 1996 del movimiento político, militar y religioso del Talibán se convirtió en el pretexto de Estados Unidos y el Reino Unido para enviar soldados con el objetivo de capturar al jefe de Al Qaeda, Osama Bin Laden.
Y después una decisión de la ONU abrió el camino para que una denominada Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) invadiera y ocupara en 2001 a la nación asiática.
Los invasores, en realidad, combatieron y combaten cualquier manifestación de resistencia y como resultado, los daños colaterales, un eufemismo, profundizaron la pobreza, el hambre y la miseria de la mayoría de los casi 30 millones de afganos.
De tal suerte que parte de la población que apoyó la invasión y ocupación del país, rechaza en los días corrientes la presencia de los extranjeros y añora los tiempos en que bajo la ley de la Sharía (estricto código musulmán de conducta social), había menos beligerancia, muertes y violencia.
La «aventura afgana», según políticos y militares, resulta la guerra más larga en la historia de Estados Unidos que consumió hasta este año 600 mil millones de dólares y dos mil 200 vidas norteamericanas.
Pese al desgaste y la fatiga en la sociedad norteamericana, causados por el conflicto, el presidente Barack Obama confirmó que mantendrá unos 10 mil militares en el país asiático hasta mucho más allá de 2016, contrario a su promesa de sacar la misión militar norteña el próximo año.
OFENSIVA DEL TALIBAN
En todo caso, la resistencia del movimiento insurrecto del Talibán reavivó sus energías con la llamada ofensiva de primavera y elevó el nivel de operatividad en casi toda la nación asiática.
Así, el insurgente movimiento arremetió contra la ciudad de Kunduz y la ocupó, un hecho sin precedentes en 14 años de guerra, aunque con posterioridad otras acciones similares ocurrieron en otras partes del país.
Pero en ese incidente, en el intento de apoyar a las tropas gubernamentales, aviones estadounidenses bombardearon un hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) y causaron la muerte de 30 personas y heridas a otras decenas.
Auspiciada por el Pentágono y Kabul, una comisión investiga el hecho, pero aun no reveló los resultados.
El Pentágono admitió que una serie de errores condujo al bombardeo contra el hospital, en un intento por zafarse de acusaciones de crimen de guerra, una tesis esgrimida por la presidenta de MSF, Joanne Liu.
La organización no gubernamental auspicia una investigación internacional independiente de las de entidades norteamericanas y afganas.
Ese planteamiento de los errores no satisface a la directiva de MSF, que refutó ese criterio por estimar increíble que el ejército estadounidense con toda su tecnología se confunda y sea capaz de bombardear un hospital civil.
De cualquier manera, el caso provocó una protesta internacional, ya que no es la primera vez que fuerzas ocupantes matan civiles en Afganistán.
Entre ellas destaca la del expresidente afgano Hamid Karzai, quien declaró que la ocupación extranjera logró como única consecuencia exacerbar la insurgencia.
Karzai agregó que a la vuelta de casi década y media, Estados Unidos y sus aliados de la OTAN incumplieron el objetivo de acabar con Al Qaeda y más bien abrieron el camino a la violencia con el auge de otras fuerzas presentes en el país.
El exmandatario hizo referencia al autodenominado Estado Islámico (EI), presente en 25 de las 34 provincias afganas y con no menos de dos mil integrantes, según revela un informe de la ONU.
Para el representante del máximo organismo internacional en el país asiático, Nicholas Haysom, el fin del conflicto parece alejarse cada vez más desde que fracasaron las conversaciones de paz entre la insurgencia y el Gobierno, patrocinadas por China y Pakistán en julio último.
Haysom aseguró que la captura de Kunduz demostró que la oposición armada está resuelta a expulsar los ocupantes extranjeros, al decir del jefe supremo del Talibán, Ajtar Mansur.
El drama de las víctimas por el conflicto en Afganistán continuará hasta que los invasores y ocupantes lo decidan o el pueblo del país asiático los expulse.


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