PT de tiempo compartido

Aquí no se elige bando, se aparta turno. Dos liderazgos, un partido y un calendario compartido donde todos quieren fin de semana largo rumbo a 2027. Es periodismo ficción: la escena que nadie admite, pero que explica por qué el PT en el Edomex no se rompe… se administra por horas.

El cuarto no cambia, pero hoy parece sala de juntas mal ventilada. Dos cuerpos, un solo partido, y un aire espeso de esos que dejan las discusiones que nunca terminan, solo se posponen. La silla está al centro, pero Tucker no la ofrece. Hay conflictos que no merecen comodidad.

—Aquí no hay protocolo —dice—. Aquí hay inventario.

La palabra cae rara. Inventario. Como si fueran mercancía.

Reginaldo Sandoval se acomoda el saco. Óscar González Yáñez ni se molesta. Uno trae el nombramiento. El otro, la costumbre. Y en política, la costumbre suele ganar elecciones internas.

—Reginaldo —empieza Tucker—. Te mandan a “ordenar” el PT en el Estado de México. ¿Qué estaba desordenado?

—La vida interna del partido.

—La vida interna tenía dueño —corrige Tucker—. Tú vienes a cambiar la cerradura.

No hay respuesta. Solo ese silencio técnico de quien sabe que lo entendieron.

—Óscar —gira—. ¿Te invadieron la casa o te cambiaron las reglas?

—El partido es de quienes lo construimos —responde—. No de quien lo viene a administrar.

—Interesante —dice Tucker—. Porque alguien ya decidió administrarlo.

Ahí se tensan los hombros. No por sorpresa. Por confirmación.

El Coro del Poder anota: nombramiento vs operación.
El Coro del Pueblo traduce: uno cobra, otro manda… y ninguno manda completo.

Dos hombres de pie, uno frente al otro, en un fondo negro. A la izquierda, un hombre con camisa blanca y jeans, de brazos cruzados. A la derecha, otro hombre con traje formal y gafas, también con brazos cruzados.

—Vamos a lo básico —continúa Tucker—. ¿Qué se están peleando?

Silencio.

—¿Ideología? ¿Programa? ¿proyecto de izquierda?

Nada.

—¿O prerrogativas, estructura territorial y candidaturas?

Ahora sí, hablan los dos.

—No es así…
—Se trata de principios…

El primer pulso llega sin aviso. Corto. Preciso. Terapéutico.

—No se preocupen —dice Tucker—. Aquí el lenguaje también se corrige.

—Un partido pequeño —sigue—. Votos limitados. Pero clave en coaliciones. ¿Eso es lo que vale?

—Vale la historia —dice Óscar.
—Vale la institucionalidad —dice Reginaldo.

Tucker no levanta la voz.

—Vale su capacidad de ser necesario —corrige—. Aunque no alcance.

El Coro del Pueblo sonríe. Esa frase sí se entiende sin diccionario.

—Explíquenle a alguien allá afuera por qué dos grupos se disputan algo que, solos, no gana.

Óscar responde primero:

—Porque tenemos base.

—Porque tenemos reconocimiento nacional —responde Reginaldo.

—Porque sin ustedes, otros no completan —remata Tucker.

Ahí está la ecuación. Brutal, pero honesta.

La descarga ahora es más larga. El cuerpo lo resiente. El discurso empieza a adelgazar.

—Vamos a ponerle nombre a esto —dice Tucker—. Tú tienes el nombramiento. Tú tienes la estructura. ¿Quién tiene el partido?

Silencio.

—Peor —añade—: ¿quién tiene las prerrogativas?

Silencio más largo.

Porque ahí sí no hay ideología que aguante.

—Hablemos de lo que no dicen —continúa—. Oficinas duplicadas. Direcciones paralelas. Militantes que no saben a quién obedecer. ¿Eso es unidad?

—Son diferencias internas —responde Reginaldo.

—Es un proceso de ajuste —dice Óscar.

Tucker se acerca apenas.

—Es un partido con doble contabilidad política.

No hay descarga. Esa frase sola alcanza.

El Coro del Poder deja de escribir. Esto ya no es técnica, es diagnóstico.

—2027 —dice Tucker, como quien menciona una fecha incómoda.

Ahí sí reaccionan.

—¿Unidad o ruptura?

—Unidad —dice uno.
—Acuerdos —dice el otro.

Tucker sonríe con una paciencia que no es optimismo.

—Siempre dicen eso antes de romperse.

—¿Quién va a decidir candidaturas? —pregunta.

Silencio.

—¿La dirigencia nacional?
—¿La estructura local?
—¿O el mejor negociador?

Nadie responde.

Porque todos saben la respuesta:
quien logre imponerse… o quien mejor negocie su derrota.

La descarga siguiente no es eléctrica. Es política.
Se siente peor.

Hombre de negocios con cabeza de labios, señalando una pizarra con la expresión 'PT/2=1'.

—Vamos a cerrar —dice Tucker—. ¿Para qué sirve hoy el PT en el Estado de México?

Óscar intenta:

—Para organizar al pueblo.

Reginaldo ajusta:

—Para equilibrar el poder.

Tucker niega apenas.

—Para negociar —dice—. Y negociar mejor cuando está dividido.

Silencio.

El Coro del Pueblo ahora sí entiende del todo.
No es una falla. Es un modelo.

Tucker se acerca por última vez. Ya no hay ironía. Hay precisión.

—Se pelean como si fueran indispensables… pero el sistema ya aprendió a operar con ustedes… incluso cuando están peleados.

Nadie se mueve.

La frase final no cae. Se instala:

El PT no está dividido…
está diseñado para funcionar así.
En modo tiempo compartido.

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