La semana anterior en este mismo espacio hicimos un breve recuento del conjunto de organizaciones que pretenden obtener su registro como partido político ante el Instituto Nacional Electoral (INE). Dimos cuenta que eran inicialmente 106, después quedaron 102 (porque cuatro desistieron de su intento) y hoy sabemos que el INE sólo aprobó que 65 sigan adelante.
Ya advertíamos en su momento que el conjunto de trámites a cumplir implican un proceso que dura más de un año. Estamos en las etapas iniciales y, hasta ahora, 41 de los suspirantes obtener registro –y presupuesto, claro– ya han claudicado o fueron detenidos en su intentona por el propio INE. Los que sobreviven en esta segunda etapa incluyen a organizaciones tan disímbolas como “Pueblo Republicano Colosista”, “Reconciliándonos México Renace”, “Movimiento Imperialista Mexicano”, “Movimiento ambientalista Social por México”, “Gente Humanista” y “Fomento del Sentido Común para México”. La lista completa de quienes fueron autorizados a seguir se puede consultar en el sitio web del INE.
Lo que sigue ahora es que esas organizaciones que fueron autorizadas para “avanzar a la siguiente ronda” celebren asambleas en al menos 20 estados de la República, en las cuales participen al menos 3 mil afiliados por entidad o 300 por distrito electoral. No está permitido –dice la ley– que a estas asambleas acudan organizaciones gremiales (porque se asume que podrían “acarrear” a sus miembros para estar presentes).
Para continuar con la reflexión iniciada la semana anterior respecto al sentido que tienen los partidos políticos, hace falta distinguir entre la teoría clásica de ellos, que los pone como medio para la realización de ideales políticos, y las objeciones recientes que los ubican más bien como un fin en sí mismos. Hay, incluso, quienes desde la academia están dando cuenta que los partidos políticos están (de)generando en una democracia sin demos (pueblo).
Desde luego hay muchas personas que critican y descalifican a los partidos políticos, anunciando su próxima extinción, pero como diría el clásico: “los muertos que vos matáis gozan de cabal salud”. Ahí tenemos la prueba: decenas y decenas de agrupaciones quieren ser registrados como partidos.
Hay textos de ciencia política recientes que identifican una tendencia: los partidos políticos cada vez más dejan de ser agentes de la sociedad civil para convertirse en agencias estatales, mostrando un patrón de colusión interpartidista (los partidos dejan de rivalizar para más bien cooperar entre sí), y una estructura interna “estratárquica” en la que cargos locales y la elite partidista son autónomos entre sí. El financiamiento público que reciben habría acelerado esta tendencia.
Una de las consecuencias de este tipo de tendencias es que los fines de la política se hacen más autorreferenciales: ser político se convierte en una profesión alejada del ciudadano común y corriente. Con esta decreciente legitimidad los partidos podrían ser causa y no la solución al malestar popular contra la democracia partidista.
Bueno, hay que dar seguimiento para ver quiénes “pasan a la gran final” y, mientras tanto, siguen en el aire las preguntas de qué tan necesarios son los nuevos partidos, qué tipo de opción política ofrecen, a quiénes representan y cómo.


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