Reaparece AMLO para refrescar la memoria al pueblo mexicano

Desde Palenque, López Obrador convirtió la presentación de Pueblo en una extensa lección de historia política: Independencia, Reforma, Revolución, invasiones extranjeras, Juárez, soberanía, neoliberalismo, PRI y PAN, Zedillo, Fobaproa, medios y Cuarta Transformación. El expresidente volvió al pasado para explicar el presente y recordar por qué, en su concepción de la democracia, el pueblo es el soberano
septiembre 30, 2026

Andrés Manuel López Obrador volvió a sentarse frente a una cámara.

Ya no estaba en Palacio Nacional. No había atril presidencial, gabinete ni mañanera. Detrás aparecían libros y el paisaje doméstico de su retiro en Palenque, Chiapas. Frente a él, un nuevo volumen.

Pueblo.

La presentación se prolongó durante más de una hora y pronto dejó de ser solamente la promoción de un libro. López Obrador comenzó a recorrer la historia política de México.

Independencia. Reforma. Revolución. Invasiones extranjeras. Benito Juárez. Soberanía. Neoliberalismo. PRI y PAN. Ernesto Zedillo. Fobaproa. Medios de comunicación. Cuarta Transformación.

La secuencia tenía un propósito que el propio expresidente explicó al presentar la obra: Pueblo, junto con Grandeza, completa su formulación de lo que denomina Humanismo Mexicano.

El libro iba a llamarse Gloria.

Terminó llamándose Pueblo.

López Obrador explicó el cambio con una de las ideas que han acompañado buena parte de su trayectoria política: en una democracia auténtica, sostuvo, el soberano y quien manda es el pueblo.

Desde ahí comenzó su lección de historia.

El mandatario recordó parte de la historia de México, gobiernos neoliberales, colaboración con extranjeros y todo a costa del pueblo mexicano. /Foto: RRSS.

Recordar para no olvidar

López Obrador no inició su relato en 2018 ni en los seis años de su gobierno.

Se fue hacia atrás.

Mucho más atrás.

Volvió a los procesos que transformaron al país durante los siglos XIX y XX y que utiliza como antecedentes históricos de la llamada Cuarta Transformación.

La Independencia puso fin a tres siglos de dominio colonial español.

La Reforma enfrentó dos proyectos políticos de nación y produjo cambios fundamentales en la construcción del Estado mexicano.

La Revolución derribó el largo régimen de Porfirio Díaz y desembocó en el nuevo orden constitucional de 1917.

López Obrador coloca después el movimiento que llegó al gobierno en 2018 y lo denomina Cuarta Transformación.

Es su interpretación de la historia.

Y desde Palenque volvió a explicarla.

El mandatario señaló que México aprendió a valorar la soberanía cuando la perdió frente a Francia. /Foto: RRSS.

México aprendió la soberanía perdiéndola

Una parte importante del mensaje estuvo dedicada a las intervenciones extranjeras.

La historia ayuda a comprender la insistencia.

México consumó su Independencia en 1821 y apenas unas décadas después enfrentó la guerra con Estados Unidos de 1846-1848, cuyo desenlace significó la pérdida de una enorme extensión del territorio nacional.

Después llegó la intervención francesa.

Napoleón III impulsó una operación militar que terminó con la instauración del Segundo Imperio y la llegada de Maximiliano de Habsburgo.

Benito Juárez sostuvo la República hasta su restauración en 1867.

López Obrador recupera esos episodios para explicar uno de los conceptos más persistentes de su pensamiento político: la soberanía.

Su argumento no es que México viva nuevamente el siglo XIX.

Es que la historia mexicana contiene experiencias suficientes para entender las consecuencias de permitir que fuerzas extranjeras intervengan en decisiones nacionales.

El asunto tiene una lectura contemporánea.

México mantiene con Estados Unidos una relación extraordinariamente compleja en comercio, migración, seguridad, narcotráfico, armas e inversiones.

La posición expresada por López Obrador durante su gobierno fue cooperación, pero sin subordinación.

Claudia Sheinbaum ha mantenido la defensa de la soberanía como uno de los principios de la relación bilateral.

El pasado aparece así como explicación del presente.

El exmandatario ha tenido como uno de sus referentes al presidente Benito Juárez, al que recurre constantemente. /Foto: Archivo AD Noticias.

Juárez vuelve a la conversación

En ese recorrido aparece inevitablemente Benito Juárez.

No solo como personaje histórico.

Para López Obrador representa una determinada concepción de la República: soberanía frente a intervención extranjera, poder civil frente a otros poderes y austeridad en el ejercicio del gobierno.

Por eso Juárez aparece una y otra vez en su discurso.

También regresan dos palabras del siglo XIX:

liberales y conservadores.

Trasladarlas mecánicamente al México actual sería históricamente incorrecto. Los partidos contemporáneos no son los partidos del siglo XIX.

López Obrador las utiliza como categorías políticas para explicar una confrontación entre proyectos distintos de país.

Esa lectura le permite conectar las disputas del pasado con el periodo que convirtió durante décadas en objeto central de su crítica:

el neoliberalismo.

AMLO hizo referencia al periodo de 36 años gobernado por neoliberales y el daño que resultó para el país. /Foto: RRSS.

Los 36 años

López Obrador ubica ese periodo entre 1982 y 2018.

Treinta y seis años.

Seis presidentes.

Miguel de la Madrid.

Carlos Salinas de Gortari.

Ernesto Zedillo.

Vicente Fox.

Felipe Calderón.

Enrique Peña Nieto.

Cuatro priistas y dos panistas.

Durante esos años México experimentó privatizaciones, apertura comercial, modificaciones al papel económico del Estado y una integración creciente con la economía estadounidense.

También ocurrió la alternancia presidencial de 2000.

Después de décadas de gobiernos emanados del PRI, Vicente Fox ganó la Presidencia por el PAN.

La alternancia representó uno de los acontecimientos fundamentales de la transición democrática mexicana.

López Obrador introduce otra lectura.

Su argumento es que cambió el partido gobernante, pero permanecieron elementos centrales del modelo económico.

Desde ahí construyó su crítica conjunta al PRI y al PAN.

No sostiene que hayan sido históricamente el mismo partido. Su tesis es que, pese a competir electoralmente, terminaron coincidiendo en decisiones económicas fundamentales y, posteriormente, construyeron alianzas electorales.

Zedillo y una cuenta llamada Fobaproa

Uno de los momentos más duros de la intervención estuvo dedicado a Ernesto Zedillo.

López Obrador regresó al Fobaproa.

La crisis financiera de 1994-1995 puso en riesgo al sistema bancario mexicano. El Estado intervino y parte de las obligaciones derivadas del rescate terminó convertida posteriormente en deuda pública bajo el esquema administrado por el IPAB.

Los defensores de aquella decisión han sostenido que la intervención evitó un colapso financiero de consecuencias mayores.

López Obrador mantiene otra interpretación.

Para él, el Fobaproa sintetiza una de las contradicciones fundamentales del periodo neoliberal: una parte de las pérdidas privadas terminó trasladándose al Estado y, por tanto, a las finanzas públicas.

Por eso el episodio continúa apareciendo cuando responde a Zedillo.

No es solamente una confrontación entre dos expresidentes.

Son dos interpretaciones sobre uno de los capítulos económicos más importantes de las últimas décadas.

López Obrador también recordó las críticas que Francisco Labastida, candidato presidencial del PRI en 2000, ha hecho sobre el comportamiento de Zedillo durante aquella elección frente a Vicente Fox.

El objetivo fue reforzar su lectura sobre la transición entre PRI y PAN.

EL FOBAPROA, aprobado por Zedillo representa una deuda que los mexicanos pagaran todavía por muchas generaciones. /Foto: RRSS.

La disputa por quién cuenta el país

Después llegaron los medios.

López Obrador mencionó a Carmen Aristegui, Carlos Loret de Mola y Ciro Gómez Leyva, entre otros comunicadores, y los ubicó como parte de lo que denomina la derecha mexicana.

Sostuvo que la repetición de acusaciones termina instalándolas en la conversación pública como si fueran hechos demostrados.

Los periodistas señalados han defendido su independencia y su derecho a investigar y cuestionar al poder.

La confrontación tampoco es nueva.

Durante sus seis años en la Presidencia, López Obrador convirtió la comunicación en uno de los principales campos de disputa política.

Las mañaneras fueron información gubernamental, conferencia de prensa y, al mismo tiempo, un mecanismo para establecer diariamente una interpretación propia de los acontecimientos.

La discusión de fondo continúa siendo reconocible:

quién establece la agenda pública, quién selecciona los asuntos relevantes y quién construye la primera interpretación de lo ocurrido.

El silencio aumentó la expectación

López Obrador dejó la Presidencia el 30 de septiembre de 2024 y redujo drásticamente sus apariciones públicas.

El efecto pudo observarse incluso antes de su mensaje verdadero.

Un video comenzó a circular recientemente en X y Facebook con la versión de que el expresidente había reaparecido en una sucursal del Banco del Bienestar en Palenque.

Era falso.

Las imágenes correspondían a septiembre de 2021 y habían sido grabadas en la Ciudad de México.

Una de aquellas publicaciones alcanzó más de 107 mil visualizaciones y cuatro mil “me gusta”.

La falsa reaparición precedió a la verdadera.

La noche del 30 de septiembre llegó finalmente el mensaje desde Palenque.

La transmisión había sido programada para las 19:00 horas en su canal oficial de YouTube y comenzó a reproducirse después en diferentes plataformas.

La reacción entre sus seguidores fue inmediata.

Fragmentos del mensaje, fotografías, citas y antiguas consignas volvieron a circular en X, Facebook y YouTube.

Después de meses de silencio, la aparición funcionó como una inyección de energía para una comunidad política acostumbrada durante años a escuchar diariamente a López Obrador.

Las métricas permitirán medir su dimensión real.

Las reproducciones no equivalen a votos. Los seguidores de una cuenta tampoco representan al conjunto de los mexicanos.

Pero las plataformas sí permiten medir atención, propagación y capacidad de movilización digital.

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