La lista de sitios donde Rocío Uribe Ruiz ha buscado a su hija María Fernanda Tlapanco Uribe es cada vez más extensa. Desde la basura, las fronteras, ríos, Semefos hasta debajo de las piedras, cualquier lugar que le dé un indicio o algo de esperanza.
Como integrante del colectivo Red de Madres Buscando a sus hijos, Rocío Uribe encontró en otras madres y hermanas las fuerzas para seguir buscando, mismas que las autoridades, tanto estatales como federales, nunca le brindaron.
Desde el 19 de abril de 2012, cuando Fernanda de entonces 14 años, desapareció saliendo de la secundaria federal #11 “Licenciado Benito Juárez”, en el municipio de Naucalpan, Estado de México, su familia y principalmente su madre Rocío han recorrido miles de kilómetros por todo México para encontrarla.
También han pasado por una travesía escabrosa de trámites, declaraciones e investigaciones fallidas que desaniman su proyecto. En los 11 años de búsqueda el caso ha estado a cargo de 14 ministerios públicos; en alguna de las averiguaciones iniciadas años después de la desaparición de Fernanda, se instruyó buscarla en su propia casa.
Sin embargo, a pesar de los nulos resultados y la falta de acciones efectivas de búsqueda, la voluntad de Rocío Uribe no se ha roto, “estoy peleando por mi hija”, asegura, y hoy también lo hace por las 11 mil personas desaparecidas y no localizadas que hay en el Edomex.
He buscado a mi hija entre la basura
“He buscado a mi hija entre la basura, en los ríos, en los siquiátricos, en la cárcel, en los Semefos, en los estados, en las fronteras y no he localizado a mi hija”, declara Rocío Uribe Ruiz en entrevista con AD Noticias, cuando cuenta todo lo que ha hecho por recuperar a Fer, como la llamaba antes de que desapareciera.
La lista de sitios donde ha viajado para buscar su hija es tan amplía que no recuerda cada uno de los lugares donde ha estado, lo que sí recuerda es aquel jueves de abril en 2012 cuando Fer no regresó de la escuela.
La secundaria donde estudiaba se encuentra entre dos de las principales avenidas de este municipio en el Valle de México, la Gustavo Baz y Periférico Norte, además a poco más de 500 metros del Palacio Municipal de Naucalpan.
Decenas de cámaras de seguridad había ya instaladas por la zona, pero ninguna tuvo un registro de la niña, al menos no hay constancia en las carpetas de investigación.
“Desapareció en una esquina donde acababan de meter este presupuesto enorme del municipio, donde supuestamente habían colocado muchas cámaras”, cuenta.
Para esas fechas, aunque la tecnología de videovigilancia ya estaba presente en las calles, en los dispositivos móviles apenas iniciaban con el impulso a diversos avances como las aplicaciones de mensajería instantánea, por eso Fer no pudo comentar situación alguna y su madre sólo intentó llamarla sin éxito.
Rocío se quedó con la incertidumbre de dónde estaba su hija, misma que permanece. También se quedó con un contrato de un salón de fiesta donde unos meses después celebrarían la fiesta de 15 años de Fer; también se quedaron adornos y regalos para la fiesta.
“Ese mismo día nosotros empezamos a hacer muchísimas cosas como familia. Gracias a Dios tengo una familia grande y unida y empezamos a buscar a Fer cerca de la escuela, en Ríos, a preguntar entre sus compañeros.
“Paramos la avenida parando las combis preguntando si algún chófer había visto subir a mi hija a la combi, pero desgraciadamente no lo logré. Hasta el día de hoy sigo sin lograrlo”, comenta.
A partir de ese momento, Rocío Uribe comenzó su travesía por cualquier lugar que le diera indicios de que aquí pudiera encontrar a su hija viva o muerta.
Desde Yucatán, Oaxaca, San Luis Potosí, Querétaro, Hidalgo, Chiapas y Coahuila son apenas unos lugares que recuerda donde ha buscado a Fer.
“Yo la verdad es que no me he detenido, he logrado llegar a muchos lugares, a veces tontamente pensando en que si puedes ir por ejemplo a un Semefo, posiblemente esté tu hija por allá”, apunta.
No obstante, al ser menor de edad, Rocío tuvo la desventaja de carecer de rasgos específicos que le ayudaran a localizar a su hija, pues la adolescente no tenía cicatrices, ni cesáreas, ni tatuajes, ni perforaciones, “Así ¿cómo la buscas?”, cuestiona.
Rocío entre esta situación también perdió el miedo. No le importaba entrar a lugares peligrosos o ambientes desconocidos como bares, cantinas, giros negros donde pagaba por protección y guía con el único fin de encontrar algún indicio de su hija adolescente.
Estoy peleando por mi hija
Rocío Uribe platica, días antes de cumpleaños de Fer, que en los 12 años que lleva de búsqueda el impacto ha sido incuantificable. La desaparición de su hija no solo le afectó a ella sino a toda su familia de una u otra medida.
Cuenta que su vida cambió radicalmente desde la desaparición de Fer, asegura que es como si ella también hubiera desaparecido.
“Me ausenté también dejando a mi esposo, dejando a mi familia porque ellos son los que se convierten también en una parte bien importante y son invisibles. Te das cuenta, porque a lo mejor nosotros salimos, a lo mejor nosotras lloramos, nos acercamos, cuando tienes todos los sentimientos encontrados, los dejas salir y el marido lo que hace es estarte ayudando para los pasajes, para la comida“, relató.
Su forma de vida también se transformó. Aunque conoció a otras madres que pasan por lo mismo y entre ellas se apoyan, el sufrimiento y carencias también las comparten.
“Después de tener una vida correcta, una vida fructífera, llena de muchísimas cosas, donde eres tú y tu familia, donde trabajas decentemente, donde metes valores, donde tratas de salir siempre adelante, y de repente llega una mafia o un grupo o una persona y te deshacen la vida de un día para otro”, expresa.
Aunque las esperanzas no merman, sí lo hace la economía, las fuerzas y el apoyo; lo único que crece es la distancia en años. Fernanda Tlapanco Uribe cumpliría junto a su familia 26 años, pero su madre hoy no sabe cómo es, ni que valores tiene o si conserva los recuerdos de su familia.
“Solamente sé decir que a Fer, hace cuenta, a Fer Tlapanco, Uribe la sacaron de una familia, de una familia honesta, de una familia trabajadora y por eso la voy a seguir buscando.
“Pero por eso peleo, peleo todos los días, todos los días porque todos los días la busco. O sea, no creas que yo nada más me dedico a estar en la casa, o sea, nuestro grupo se dedica a muchas cosas, llegó a buscar las muertas, a ir a caminar también a lugares pesados, a meterme a lugares donde yo sé que no debería, pero lo hago con tal de tratar de encontrar otro, con tal de buscar algo”, declara.
¿Dónde están?
Cuando ocurrió la desaparición de Fer en 2012, su madre Rocío se sintió sola, aunque pronto descubrió que no era la única en esta situación, por lo que encontró una red de apoyo, aunque comenta que la indolencia de la sociedad no ha mejorado.
“No las hemos logrado encontrar en un panteón, no las hemos logrado encontrar en una morgue, no hemos logrado encontrarlas en otros estados, entonces, ¿dónde están? Esa es mi pregunta.
“Yo siempre he dicho, bueno, si no logro encontrar a mi hija, ¿dónde está? Si no está muerta, pero entonces tampoco está viva, ¿dónde está? ¿Quién me la va a entregar?”, se cuestiona.
Asegura que no tiene rencor contra las autoridades, quienes pocos avances le han entregado, pero señala que su caso como el de otras miles de madres es síntoma de un estado fallido.
“Al menos yo como integrante de la red de madres necesito encontrar a mi hija. ¿Y qué es lo que está pasando? Que cada que llegas, por ejemplo, a ver el caso de Fernanda, pues resulta ser que no hubo avance. Pero ¿por qué no hubo avance?”, menciona.
La madre de Fer es consiente de que las instituciones encargadas de la búsqueda de personas están rebasadas. Hace cuentas y sabe que el ministerio público que actualmente lleva su caso no podría dedicarle ni un solo día al mes a la investigación pues atiende otras 40 carpetas de investigación al mismo tiempo.
Imagina que esta es la razón por la que aún no encuentra a su hija. También por ello mismo toma las acciones en sus manos, recorre Semefos de distintos estados, y demás lugares insospechados que la lleven hasta Fer.
En esta ocasión a diferencia de cuando inició su búsqueda, Rocío va acompañada de más familares que buscan hasta en las piedras a sus seres queridos.
“Yo siempre he dicho, cuando nos unimos tenemos más fuerza para poder pelear por las personas, nada más que lamentablemente hoy puedo decir que me siento un poquito más derrotada y un poquito más desanimada”, asegura.
La razón de su desánimo es porque al menos en el Estado de México en las mesas dde trabajo ya no participa ni el fiscal general, ni alguna autoridad estatal con poder de desición.
“Hoy desgraciadamente pues no tengo nada y sí mucho que lamentarme viendo que cada día llega otra niña más o mataron otra niña más o llegó otra y yo considero que está pasando porque al final se dan cuenta que no pasa nada, en nuestro estado no pasa nada”, cuenta Rocío Uribe.
La madre de Fernando Tlapanco Uribe, desaparecida a los 14 años en Naucalpan, Estado de México busca hoy poner una esperanza en el cambio de gobierno estatal que por primera vez será encabezado por una mujer, Delfina Gómez Álvarez.
Esperan que haya sensibilidad de su parte, aunque a diferencia de otros cambios de sexenios no hubo un acercamiento al colectivo de madres.
“Quiero que sepa y que le quede bien claro que hemos buscado a nuestros hijos, hermanos y padres en la basura, en las cárceles, en los psiquiátricos, en los semefos, entre vivos, entre muertos, hemos recorrido estados y esperemos que hoy, ella, que es una mujer y está al mando de un gobierno del Estado de México, no nos deje solas”, declara Rocío Uribe.


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