Saldos del huracán «AMLO»

En política no se gana ni se pierde de manera definitiva, sólo se consiguen nuevas posiciones para seguir actuando. Quien se mueve en los ámbitos políticos siempre estará en la búsqueda de lugares desde los cuales pueda influir en el ánimo y accionar de las personas; en algunos se puede más y en otros menos. En donde está la mejor posición es en el ejercicio del gobierno, porque ahí se detenta la facultad legal de regir los comportamientos; por ello la acción política está encaminada a ocupar ese lugar, pero cuando hay competencia la rotación es inmanente. La rotación masiva
julio 6, 2018

En política no se gana ni se pierde de manera definitiva, sólo se consiguen nuevas posiciones para seguir actuando. Quien se mueve en los ámbitos políticos siempre estará en la búsqueda de lugares desde los cuales pueda influir en el ánimo y accionar de las personas; en algunos se puede más y en otros menos. En donde está la mejor posición es en el ejercicio del gobierno, porque ahí se detenta la facultad legal de regir los comportamientos; por ello la acción política está encaminada a ocupar ese lugar, pero cuando hay competencia la rotación es inmanente.

La rotación masiva que se avecina en gran parte del país, después de los comicios del domingo pasado, deja a algunos en una mejor posición que a otros, pero esos lugares siempre serán provisionales. De hecho, su accionar -ya sea desde el gobierno o desde la oposición- estará encaminado necesariamente a mejorar la posición en la que ahora han quedado. Quienes el domingo perdieron la mejor posición, pero se conducen con actitud política, quisieran verse como opción para dentro de algunos años, cuando vuelva a haber posibilidades de cambiar de posición. Para conseguirlo, los actos que empiecen a emprender, son pasos en ese rumbo.

Como la victoria de AMLO y su partido fue aplastante, lo políticamente correcto es ofrecer apoyo. Claro que hay muchos a los que les duele en el alma el resultado de la elección, pero el instinto político no les permite manifestarlo. La gente común y corriente sí lo hace; no debe ir uno muy lejos para notarlo, basta con revisar las redes sociales para ver cómo se expresan. Pero los políticos, esos proceden de modo distinto; por eso ahí tenemos a todos deseando buena suerte al nuevo gobierno (no puede ser de otra forma cuando 30 millones de personas votaron por López Obrador, según el INE; o sea, al menos 10 millones más de los que eligieron al saliente Peña Nieto).

Esta misma lógica pero con diferente actitud es la que llevó a los hoy triunfadores a repudiar los resultados y acusar fraude electoral hace 6 y hace 12 años. Así es, si hace 12 años Andrés Manuel López Obrador hubiera reconocido la victoria de Felipe Calderón, habría dejado cancelada la posibilidad de haber ganado hoy. Lo mismo aplica para su actitud de hace 6 años. No hubiera podido conservar (e incrementar) seguidores si le hubiera alzado la mano a Enrique Peña Nieto.

Debe reconocerse en un político el tener la capacidad de leer la realidad y prever escenarios en los que él se erija como líder. A lo largo de las últimas décadas (por lo menos de 1988 para acá) era evidente que en la sociedad mexicana se estaba incrementando el sentimiento de hartazgo, de inconformidad, de orfandad, de desconfianza en las instituciones y hasta de desesperación. López Obrador se mantuvo fiel a tal diagnóstico y azuzó a quienes presentaban esa actitud contra los gobiernos del PRI y del PAN. Los actos de quienes se mueven con las banderas tricolores y blanquiazules no hicieron sino concederle la razón a la lectura de aquellos que se agruparon en torno del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

Hace 12 y luego hace 6 años hubo quien dio por muerto a López Obrador. Sus detractores insistían en señalarle como transgresor, demagogo, terco, peligroso, mesiánico. Sacaban a relucir su "no saber perder", su "toma de Paseo de la Reforma", su discurso del "fraude electoral" y la "mafia del poder". Todas y cada una de sus acciones, sin embargo, deben ser leídas políticamente: siempre estaba en la búsqueda de una mejor posición para seguir influyendo en el accionar de las personas y, sobre todo, en el manejo de los asuntos y dineros públicos. Esa posición la ha conseguido ya. En adelante es altamente probable que no lo volvamos a escuchar hablando de la Mafia del Poder, del Salinato, del Fraude Electoral y cosas similares. La razón es simple: esa postura ya no le servirá para mejorar su posición política. Esta ya sólo puede mejorar con eficaces programas de gobierno, con obras públicas de calidad, con servicios eficientes, con cuentas claras. Pero todo lo que haga tiene que verse como nuevo, como distinto, como inédito, porque ese fue el mandato que le han dado los votos. Si no logra que la gente vea eso, comenzará a desmejorar su posición.

En cambio, a los que ahora han quedado en un lugar de desventaja los veremos buscando mejorarlo con palabras y actitudes de conservadurismo. Porque desde ese espacio podrán ir capitalizando potenciales fracasos del ya muy próximo gobierno morenista: a las propuestas nuevas que no avancen, será posible oponerles las cosas que "sí han funcionado" antes.

En el Estado de México el huracán llamado AMLO dejó como saldo cientos de candidatos priistas, panistas, perredistas, verdes y naranjas en una posición absolutamente endeble para seguir actuando políticamente. Algunos claudicarán de seguir por el camino del trabajo político con la gente, pero los que no lo hagan, los que tomen su nueva posición y desde ahí se muevan buscando ser opción dentro de algunos años, necesitan realizar otra forma de política que aquella a la que estaban acostumbrados: ya no podrán depender de las despensas, las promesas de apoyos ni los materiales de construcción, porque al no tener acceso al erario les costaría mucho más proceder así; ya no podrán confiar en "la estructura", que se les ha desmoronado y se reconfigurará alineándose con las nuevas autoridades; ya no bastará con haber sido "palomeados" por el gobernador o algún otro "padrino"; no podrán sólo asegurarse de quedar en la "lista" y esperar a que la maquinaria haga el resto.

Por su parte, los que han llegado a una regiduría, una alcaldía, una diputación o una senaduría gracias a las olas del huracán AMLO, quizá no tuvieron que esforzarse mucho en esta ocasión, pero si estando en ese lugar al que han llegado no trabajan adecuadamente para conseguir nuevas posiciones políticas, estarán siendo juzgados por el electorado y por la historia. Tendrán muchos ojos encima, ávidos de traspiés para señalarlos y magnificarlos. Eso les obliga a hacer política distinta.

En un lado y otro tendrá que haber cambios, en las formas, en las palabras, en las acciones y eso ya es producto del comportamiento electoral del pasado domingo. Pero, ojo, que nadie se engañe: en la política siempre se trata de llevar al contrincante hasta un reducto para impedirle accionar, en tanto que éste buscará medios para poder hacerlo. Por ahora se han invertido los papeles: reducidos se encuentran PRI, PAN y PRD, en tanto que en las mejores posiciones están los morenistas. Cómo hagan política unos y otros será interesantísimo, pero sobre todo, incrementa las posibilidades de que salgan de ello muchas cosas buenas para la gente. Ojalá.

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