Salud bajo la lupa

Salud bajo la lupa
Somos un país de gente que come mal, que se enferma mucho y cuyo sistema de salud pública es prácticamente inservible

La información más trascendente que se publicó la semana pasada fue la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2021 (ENSANUT). Su importancia reside en que da cuenta de procesos de muy larga data que están condicionando el destino del país. Este instrumento nos revela varias cosas relacionadas con la vida de los mexicanos. Y hablamos de la vida en el sentido biológico, la vida como condición para la realización de actividades de todo tipo. Por eso es que, muy por encima de las notas políticas, deportivas, económicas o de cualquier otro tipo que suelen acaparar la atención, está lo revelado por la ENSANUT. 

Diría que son tres cosas las que nos reveló: somos un país de gente que come mal, que se enferma mucho y cuyo sistema de salud pública es prácticamente inservible. Así es, la ENSANUT nos ha vuelto a confirmar que están al alza el sobre peso, la obesidad, el consumo de grupos alimenticios no saludables, las enfermedades crónico degenerativas y, adicionalmente, ahora nos muestra que la gente ha adoptado como medio de atención médica los consultorios anexos a las farmacias, las pequeñas clínicas que hay en casi cada colonia y, a pesar de ser derechohabiente del IMSS, ISSSTE u otra institución de salud pública, prefiere no atenderse en ellas.

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Puesto en números, la ENSANUT informó que 74.1% de los adultos tienen sobrepeso (38.1%) u obesidad (36%); casi un tercio de la gente mayor de 18 años tiene hipertensión arterial y, de ellos, más de la mitad desconoce que la padece; 15.6% de los adultos vive con diabetes. Y todo esto está relacionado con que: “los preescolares presentan un alto consumo de alimentos no recomendables para consumo cotidiano (bebidas endulzadas, botanas, dulces y postres y cereales dulces) tanto en localidades rurales como urbanas”. 

Los datos revelan que solo la mitad (54%) de los niños en edad escolar comen fruta diariamente y 2 de cada 3 no comen verdura todos los días. En cambio, uno de cada 10 no consumió agua diariamente y más del 90% de esta población de menores de edad consume habitualmente bebidas azucaradas (básicamente refrescos). Y este último tipo de consumo se eleva dramáticamente en la población adulta: “El porcentaje de consumidores de bebidas endulzadas en adultos es casi igual al de agua”.

Entonces, con una población que come mal y que desarrolla en altos porcentajes enfermedades crónico degenerativas, gran cantidad de problemas se desencadenan: baja productividad laboral, rendimiento escolar inadecuado, deficiente calidad de vida, ambientes obesogénicos, etcétera. Es demasiado costosa la salud deficiente en las personas. Les condiciona y predispone a distintos padecimientos, como nos lo demostró la pandemia de covid-19.

Nos queda claro que no son una novedad estas cosas. Llevamos al menos dos décadas con estas tendencias. Desde finales del siglo pasado, no han dejado de incrementarse los porcentajes ya mencionados, que se suman a otros como la falta de actividad física, el consumo de alimentos ultra-procesados y de sustancias adictivas como las bebidas alcohólicas o los estupefacientes.

Lo que sí resulta un poco más nuevo es el hecho de que los Consultorios Anexos a Farmacias (CAF) y otros servicios privados de atención a la salud son ya una tercera fuerza, sólo después del IMSS y el ISSSTE. Así lo consigna la ENSANUT: “Para los derechohabientes del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), 49% usó servicios que le correspondían, 6% otros servicios públicos y 45% servicios privados (13% corresponde a consultorios adyacentes a farmacias [CAF]). El 36% de la población derechohabiente del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) se atendió en los servicios que le correspondían, 7% en otros públicos y 57% en servicios privados (10% en CAF)“.

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Dicho en otras palabras, cada vez más personas prefieren ir a los (CAF) o pagar una consulta médica privada que estar formados, esperando durante horas, para ser atendidos sólo 10 minutos o tardar meses a que los vea un especialista.

De acuerdo con los especialistas que intervinieron cuando se presentó la ENSANUT la semana pasada, lo preocupante de esta situación es que este tipo de servicios no está regulado y está muy atomizado, lo cual hace casi imposible  medir el tipo de atención que dan. En los CAF se suelen prescribir muchos antibióticos y otras medicinas bajo criterios más comerciales que médicos. Adicional a esto, los pobres, los que no tienen un empleo formal, los que viven en las zonas más marginadas del país y no cuentan con seguridad social, son los más afectados propensos a acudir a estos sitios, no sólo por carecer de seguridad social o porque la clínica les queda muy lejos, sino porque no pueden perder horas formados ni tienen las condiciones socioeconómicas para darle demasiada importancia. El criterio mayoritario que reveló la encuesta es que su padecimiento “no era tan grave“, por ello acuden a los CAF.

Estamos, pues, ante problemas muy serios en esta materia. Se necesitan muchos más esfuerzos colectivos para mejorar nuestro sistema de salud, porque una población con tan frágil salud está demasiado vulnerable.