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Sálvese quien lea

Shakespeare nunca lo hizo

 

Admítolo: soy fan de Bukowski. Esa prosa descarnada, dura, fulgente, que te envuelve y te da una paliza, me embriaga (literal y figuradamente). Cada cierto tiempo me gusta regresar a su obra, ya sea porque la melcocha, el puritanismo o lo políticamente correcto de cierta literatura que llega a mis manos me provoca disgusto, sea porque renace en mí el deseo preponderante de una lectura sin pelos en la lengua.

Y lo genial es que en cualquier vertiente Bukowski es bueno: poesía, prosa, memoria, crónica… Hace poco leí su libro “Shakespeare nunca lo hizo”, en el cual describe la gira que realizó por Europa, visitando el lugar donde nació, narrando sus presentaciones, a donde arribaba lleno de alcohol, y donde hace reaccionar (algunos podrían decir revivir) a los asistentes con sus jocosas irreverencias. Como un simple ejemplo: durante el programa francés “Apostrophes”, al cual llegó con un nivel etílico inenarrable, le agarró las piernas a otra invitada, para terminar gritando improperios contra el presentador y abandonando el set ofendido (desde luego, él no recordará nada: todo se lo platican el día posterior).

La gira transcurre durante 1978, época en la cual Bukowski no figuraba en las listas de los grandes escritores estadounidenses, pero sí lo hacía en Europa, donde era toda una celebridad.

Cabe destacar que el libro viene acompañado por las fotografías de Michael Montfort, un excelente diario visual, para todos aquellos que gustan del memorioso valor de la imagen, acompañando, claro, a la palabra.

Sean buenos y lean a Bukowski.