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Sálvese quien lea

Un viejo que leía novelas de amor

 

La amazonia es un cosmos en sí misma: un universo paralelo con sus propias leyes, sus propio misterios. Por eso nos seduce, nos cautiva echar una mirada a ese indómito paraje. Y una de las mejores guías que he leído para conocerla, en particular a la remota tribu de los shuar, es la novela “Un viejo que leía novelas de amor”, de Luis Sepúlveda.

 

La historia se desarrolla en El Idilio, un pueblo perdido en la región amazónica ecuatoriana: dos nativos encuentran el cadáver de un gringo, quien fue asesinado por una tigrilla. El único capaz de reconocer los pormenores de esta muerte es Antonio José Bolívar, un hombre llegado a “civilizar” esta región pero que aprendió a vivir y convivir con la naturaleza, a desentrañar sus entresijos, gracias a los indios shuar (pero que no ha olvidado ciertos rasgos occidentales, como la lectura: cada que el dentista viaja a aquel paraje, le trae al viejo un par de novelas “de esas que duelen”). El alcalde del pueblo convoca a este “cazador” al grupo que irá en pos del mortal felino…

 

“El aliento narrativo de Luis Sepúlveda se inscribe en la tradición de un Melville, pero decae con los adornos garcíamarquezcos que acaban poniéndole mañosos moños rosados al universo de los micos salvajes. Antonio José Bolívar Proaño (…) es un personaje construido a partir de numerosos guiños a la obra de García Márquez…”, sostiene Fabienne Bradu; y, aunque es cierto, no por ello deja de ser un libro ameno y disfrutable.