Sálvese quien lea

Saber de libros sin leer   Como bibliófilo contumaz, he de reconocer que leer la obra “Cómo hablar efectivamente de libros que no se han leído” (como reza el título original) suponía más un ejercicio de reflexión y memoria –aunque hay algunos textos mencionados en el libro que no he ojeado– que realmente una invitación a no leerlos y sólo ser capaz de hablar de ellos.   Aunque ameno, y con algunas partes interesantes (por ejemplo sus acotaciones: “Cosas que saber sobre Shakespeare”, “Algunos inicios de obras clásicas”, “Ideas equivocadas sobre el Corán”), lo cierto es que no creo que
septiembre 18, 2014

Saber de libros sin leer

 

Como bibliófilo contumaz, he de reconocer que leer la obra “Cómo hablar efectivamente de libros que no se han leído” (como reza el título original) suponía más un ejercicio de reflexión y memoria –aunque hay algunos textos mencionados en el libro que no he ojeado– que realmente una invitación a no leerlos y sólo ser capaz de hablar de ellos.

 

Aunque ameno, y con algunas partes interesantes (por ejemplo sus acotaciones: “Cosas que saber sobre Shakespeare”, “Algunos inicios de obras clásicas”, “Ideas equivocadas sobre el Corán”), lo cierto es que no creo que el libro cumpla su cometido: tratar de hablar del Quijote o de “La novela de Genji” a partir de la lectura de un capítulo que apenas ronda la decena de páginas (mientras que las obras mencionadas acumulan, juntas, más de dos mil) limitaría en suma una conversación. Creo que sería más inteligente la aceptación de no haberlos leído, pero intentar hablar de ellos a partir de lo que se ha oído hablar o se ha leído sobre dichas obras.

 

Por otra parte, tampoco estoy cierto de que, como apunta el editor, esta “guía te enseña cómo hablar y escribir sobre libros clásicos que no se han leído (aún…)”: dudo que mucha gente guste, a partir de la lectura de este libro, buscar precisamente las obras de las cuales habla.

 

En resumidas cuentas, no es una verdadera guía. Valdría más la pena leer “Cómo hablar de los libros que no se han leído”, de Pierre Bayard, que inspiró este texto.

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