La flecha del tiempo
Textos que inician por el final no son novedad alguna; textos que van hacia atrás, no son tan cotidianos. Quizá algunos pensarán que “La flecha del tiempo”, de Martin Amis, es una variación de relatos tipo el de “Benjamin Button”, de F. Scott Fitzgerald; pero estarían equivocados: la reconstrucción narrativa que logra este autor –en donde las respuestas anteceden a las preguntas, los taxistas te pagan por subirte al auto, los hombres son creados a partir de sus cenizas y los niños son introducidos en el vientre de su madre– es soberbia, magistral. No en balde Frank Kermode, uno de los más prestigiosos críticos literarios contemporáneos, la calificó como “una extraordinaria hazaña de imaginación, un genuino desafío para los lectores”.
La historia del doctor Tod T. Friendly comienza, así, por el final: lo hallamos en su lecho de muerte, y a partir de ahí el relato nos cuenta una descripción fascinante, que da giros inimaginables y nos transporta a la Europa de la Segunda Guerra Mundial, en donde todo se originó: Auschwitz. No sin antes introducirnos en un laberinto en el que vamos descubriendo los diferentes alias de que este enigmático personaje.
“Soberbia destreza. Esta novela, que asombra y sugestiona, es una gran tragicomedia, y se apoya tanto en la idea de destino como en la de carácter”, escribió Marcelo Cohen en “La Vanguardia”, pues este “tour de force” forja a un mismo tiempo una deconstrucción del tiempo tal como lo conocemos y una “osadía narrativa” que retará a quien se acerque a leerlo.


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