Nunca me abandones
Cuando uno se enfrenta a “Nunca me abandones”, de Kazuo Ishiguro, tiene la sensación inicial de estar ante una novela romántica, cuyo conflicto surge del triángulo amoroso que se da entre sus protagonistas: Kathy, Ruth y Tommy. No obstante, conforme va adentrándose en el texto, resulta una suerte de relato con tintes de ciencia ficción, cuyas vertientes morales lo confrontan con temas bioéticos trascendentales; como bien dice Juan Gabriel Vásquez, esta novela “es lo que hubiera sucedido si ‘Un mundo feliz’ hubiera sido escrita por el autor de ‘El proceso’… Una fábula intensamente humana sobre mundos que se han vuelto intensamente inhumanos”.
En un internado –que se encuentra a medio camino entre la época victoriana y las comunas hippies– decenas de niños asisten a clases, en donde se les inculca que son “especiales”, pues el destino les tiene deparadas circunstancias aviesas. Y, efectivamente, van descubriendo que no son lo que podríamos llamar seres humanos comunes (o seres humanos, de hecho), y que esa misión particular oculta un trasfondo inicuo. Como señalan los editores, esta novela nos recuerda a fábulas utópicas del cine de ciencia ficción, como “Blade Runner” y “Soylent Green”, en donde el progreso científico ha llevado al hombre a deshumanizarse, y comportarse de una forma espeluznante para el común de los mortales.
Notablemente escrita, “Nunca me abandones” figura entre lo mejor de la producción de Ishiguro, “tal vez –asevera Robert Saladrigas– el autor más sugerente, original e imprevisible de su heterodoxa generación”.



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