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Los orillados   Cinco poetas que permanecen en la orilla (es decir, que no forman parte del canon literario pero que tampoco están completamente aislados… que no son de aquí ni de allá, pues) son analizados por el poeta Hernán Bravo Varela en “Los orillados”, antología que fue finalista del Premio Nacional de Ensayo José Vasconcelos en 2007. “Obra de sosegada inspiración –nos dice Álvaro Uribe–, ‘Los orillados’ se compone de los retratos biobibliográficos de Marosa di Giorgio (niña poética o poetisa voluntariamente pueril), Luis Hernández (amanuense de su propia poesía), Juan Carlos Bustriazo Ortiz (panteísta de rítmico lenguaje telegráfico),
septiembre 9, 2017

Los orillados

 

Cinco poetas que permanecen en la orilla (es decir, que no forman parte del canon literario pero que tampoco están completamente aislados… que no son de aquí ni de allá, pues) son analizados por el poeta Hernán Bravo Varela en “Los orillados”, antología que fue finalista del Premio Nacional de Ensayo José Vasconcelos en 2007.

“Obra de sosegada inspiración –nos dice Álvaro Uribe–, ‘Los orillados’ se compone de los retratos biobibliográficos de Marosa di Giorgio (niña poética o poetisa voluntariamente pueril), Luis Hernández (amanuense de su propia poesía), Juan Carlos Bustriazo Ortiz (panteísta de rítmico lenguaje telegráfico), Raúl Gómez Jattín (loco acaso demasiado consciente de serlo) y Abigael Bohórquez (homosexual y justiciero). Este muy plausible volumen enfoca con lúcida precisión a estos cinco autores deliberada o fatalmente borrosos, apenas conocidos en México”.

Estos poetas, en mayor o menor medida, se revisten de peculiaridades, de extrañas características; por ejemplo, Di Giorgio tiene una vida “excéntrica”, lo cual se ve reflejado en su poesía, que “se ampara en el recuento de una infancia herida o traspasada por los rayos de una visión que parte de la mística”; Hernández “renuncia a los prestigios de la publicación y escribe y difunde parte significativa de su obra en el material perecedero de las servilletas o los cuadernos, donde funde la obra propia y ajena, así como los más heterodoxos materiales artísticos y referencias”. Por su parte, Bustriazo, “ese poeta pampero, circundado por su leyenda de excentricidades, que, con una vertiginosa melodía, mezcla el canto tradicional con la poesía experimental”; Gómez Jattín, asiduo visitante de hospitales psiquiátricos en su natal Colombia, “traduce su contacto con la locura en esa sintaxis anárquica de su poesía”. Finalmente, Bojórquez, un poeta cuyos versos poseían “los demonios congénitos de su enfermiza, recalcitrante, suculenta ebriedad de la vida”.

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