Sálvese quien lea

Viaje de un mexicano a Europa Muchos conocerán el nombre de Melchor Ocampo, si no por su trascendental laboriosidad en la confección de las llamadas leyes de Reforma (con las que separamos Iglesia y Estado), su denodada oposición a los tratados de Guadalupe-Hidalgo (donde los gringos nos dejaron con medio territorio) o su gestión como gobernador de Michoacán, al menos sí lo ubican por haber escuchado alguna vez, durante un enlace matrimonial civil, su famosa “epístola”, donde echaba un “choro” sobre las dotes masculinas y femeninas en el matrimonio. Pero antes de todo ello, de devenir “el reformador de México”,
mayo 27, 2018

Viaje de un mexicano a Europa

Muchos conocerán el nombre de Melchor Ocampo, si no por su trascendental laboriosidad en la confección de las llamadas leyes de Reforma (con las que separamos Iglesia y Estado), su denodada oposición a los tratados de Guadalupe-Hidalgo (donde los gringos nos dejaron con medio territorio) o su gestión como gobernador de Michoacán, al menos sí lo ubican por haber escuchado alguna vez, durante un enlace matrimonial civil, su famosa “epístola”, donde echaba un “choro” sobre las dotes masculinas y femeninas en el matrimonio.

Pero antes de todo ello, de devenir “el reformador de México”, Ocampo viajó, entre 1840 y 1841, a Francia e Italia; su propósito era “encontrarse a sí mismo”, para después, al volver, ser útil a la nación: “la solidez que mis principios adquirirán” forjarían en él “una conducta honrada”. La constante correspondencia que mantuvo con sus allegados en México es la génesis del presente documento, un epistolario que nos muestra costumbres sociales, gastronómicas y culturales de la capital parisina y de varias ciudades italianas, vistas con los ojos de un mexicano eminente (aunque aún en ciernes).

Este protagonista principalísimo de la historia nacional, como apunta Vicente Quirarte, tiene su contraparte: el joven idealista en busca de la libertad y el conocimiento. Por eso, Quirarte señala, en el prólogo: “El libro que el lector tiene en sus manos es el del otro Ocampo, un particular que vive y escribe su existencia sin buscar las mayúsculas que la Historia le depara: un joven que emprende la partida con el brío natural de sus años, pero también para devorar el mundo, para conocerlo y devolverlo a los demás. Es el germen de un huracán que, por fortuna, aún nos sacude y rejuvenece en sus cíclicos retornos”.

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