Cada vez son más las voces bien informadas que alertan de la cercanía, casi filia, de la alcaldesa electa de Metepec, Gabriela Gamboa, con los tradicionales grupos de poder que han controlado al municipio desde hace décadas, lo mismo con el PRI, PAN o PRD-PT. Su llegada al poder, lamentan, fue un cambio para que todo siga igual, una especie de embuste al que se habrían prestado algunos personajes de Morena. ¿Será? Solo con el tiempo podrá confirmarse si se trata de una infamia o una deleznable traición a los electores.
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Las tronantes denuncias recientemente hechas por la morenista Gamboa sobre el lamentable estado en que dejará David López Jr. la administración pública municipal, y el compulsivo pillaje del priista saliente y su grupo, parecerían las palabras de una verdadera opositora, pero mientras sólo quede en eso, en declaraciones, y no se hagan las denuncias formales frente a la autoridad competente, sólo será un ardid mediático para lavarse la cara.
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Ese sentido patrimonialista del poder, reservándose para sí misma los nombres de quienes integrarán su gobierno, dando la espalda al pueblo que la votó, es caminar sobre las huellas de las más rancias prácticas del priismo que se supone repudia. A unos días de que tome posesión, sigue guardando con recelo quiénes serán los responsables de la seguridad pública, la tesorería, desarrollo urbano y las compras. Parece que Gaby olvido muy pronto que es una empleada del pueblo. Si esa será la Cuarta Transformación en Metepec, pues ya estuvo que le tomaron el pelo a la mayoría.
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El que está convertido en el hombre más solicitado del Estado de México es el secretario más fifí del gobierno del estado, el de Finanzas, Rodrigo Jarque, al que todos recurren en estas fechas para pedirle ayuda con el fin de completar para el pago de aguinaldos, prima vacacional y las dos últimas quincenas del año. Como peregrinos al Tepeyac, todos los días llegan a su oficina pedinches en busca de un milagrito financiero.
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Y es que la cosa está que arde en la mayoría de los 125 municipios: grandes, medianos y chicos, los alcaldes que se van no dejaron fondos en caja ni para los aguinaldos. El problema, más que delicado, es gravísimo. Se están lavando las manos heredando el problemón a sus sucesores. Actuaron con tal desaseo e irresponsabilidad, que más de uno podría acabar en la cárcel.


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