La población del Estado de México habría superado al cierre del primer trimestre del año los 17 millones de habitantes de acuerdo a las proyecciones del CONAPO. Más del 14 por ciento de la población del país asentada en apenas 1.1 del total del territorio. La cifra se considerada oficial para efectos de representación política o de distribución presupuestal; implica un desafío medioambiental con signos de cataclismo, frente a la escasez de agua para consumo humano, contaminación del aire, ríos y tierra, deforestación y extinción de fauna. El Estado de México se ha convertido en una enorme masa de seres humanos distribuidos en comunidades que se debaten entre ciudades y aldeas sin proyecto claro. El panorama es, sin exagerar, apocalíptico y, aun así, el gobierno mantiene como política pública el fomento al constante crecimiento del desarrollo de asentamientos humanos. Su viabilidad está seriamente comprometida.
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Imaginar la basura que generan al día 17 millones de personas, sus heces fecales, la contaminación de millones de automotores y decenas de miles de fábricas, el consumo cotidiano agua, el ocupamiento de áreas verdes para desarrollar viviendas, provoca angustia, más aún cuando se advierte que no hay conciencia del daño en la colectividad ni el gobierno, caminando ciegos hacia el precipicio. Ante ese panorama, colocar a un neófito al frente de la secretaria del Medio Ambiente, es de una irresponsabilidad supina.
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Alguna vez el Estado de México fue para el país, lo que Detroit para los Estados Unidos, la capital de la industria automotriz. Por su estratégica ubicación geográfica, desarrollo logístico para la época, mano de obra barata y los incentivos que ofrecía una política pública para atraer inversiones, las grandes marcas abrieron aquí sus plantas generando decenas de miles de empleos directos y centenas de miles indirectos. La industria automotriz fue motor de la economía local. Pero algo sucedió que, particularmente durante los últimos 5 años, decidieron empezar a reducirse, a cancelar nuevos proyectos y a llevar sus capitales a otras entidades. En 2011, Honda optó por Celaya, Guanajuato, y abrió su planta allá con una inversión de 800 millones de dólares; después fue Mazda quien también prefirió a Celaya para invertir 500 millones de dólares. En 2012 la alemana Audi dijo no al Estado de México y tomó como su mejor opción para abrir una planta con mil 200 millones de dólares a San José Chiapa, Puebla. Siguió su ejemplo Nissan que se fue a Aguascalientes con un portafolio de inversiones de 2 mil millones de dólares. El 2014 la sociedad Nissan-Daimler tomó lo que le ofrecían en Aguascalientes y se llevó mil 300 millones de dólares. Un mes después, BMW optó por San Luis Potosí para invertir mil 300 millones de dólares. Para rematar ese fatídico 2014, después, en agosto, la surcoreana KIA Motors anunciaba que elegía a Nuevo León para abrir su primera planta con mil millones de dólares. En 2015, Toyota inició otra planta en Celaya con mil millones de dólares. Ya en este 2016, hace una semanas Ford una inversión de mil 600 millones de dólares en San Luis Potosí. La cantidad de oportunidades que ha dejado ir el Estado de México es pasmosa, desesperante. El secretario de Desarrollo Económico, Adrián Fuentes, tendría que dar explicaciones, más que regalar comida, útiles escolares o servicios médicos; lo que el Estado de México necesita son empleos bien pagados y esas inversiones en la industria automotriz que dejaron escapar eran oportunidades de oro que difícilmente volverán a presentarse.
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El alcalde de Toluca estará está noche, en punto de las 22:00 horas, en Punto Cero por el 208 de Megacable con transmisión simultánea en vivo por Mentions en la fan page de Facebook de AD (Alfa Diario) y por Periscope en la cuenta de Twitter Puntocero.mx. Fernando Zamora estará allí para responder a todos los ciudadanos que quieran participar a teléfono abierto.


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