Hay tantas encuestas como intereses en juego. La demoscopía como instrumento de propaganda: no para interpretar tendencias y opinión pública, sino para influirlas. Si se pregunta a un priísta, mostrará documentos y dirá que ellos van arriba, pero lo mismo hará el panista que el morenista. Cada quién habla no como le va en la feria, sino como quiere que le vaya. El uso perverso de las encuestas las ha convertido en instrumento propagandístico para la desorientación de la gente.
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A propósito de encuestas, todos los días hay una nueva. Una de las más recientes –hecha para el gobierno del estado– coloca como candidato puntero a Alfredo del Mazo con cinco puntos de ventaja sobre Josefina Vázquez Mota y ocho arriba de Delfina Gómez. El dato más interesante, y al que pocos le hacen caso, es la enorme cantidad de indecisos: más de 30 por ciento.
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Los candidatos independientes se desinflaron por completo: simplemente no cuajaron y apenas si alcanzan el dos por ciento de las simpatías. La gente no está viendo a los independientes como una opción de cambio; por el contrario, su calificación es similar o inferior a la que dan al PT o a MC. Fracasaron.
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El video donde un grupo de mujeres increpan al candidato del PRI durante uno de sus eventos en Huixquilucan se ha vuelto viral. Alfredo reparte propaganda (bolsas rojas) y un grupo de mujeres –quizá seis u ocho– le reclaman y lo corren del lugar. El detalle es que ese video es viejo, de 2015, en su campaña a diputado federal.
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El Estado de México gastará la espantosa cantidad de 2 mil 368 millones de pesos en la próxima elección de gobernador; una verdadera locura para una entidad con tantos pobres, pero es todavía peor cuando está comprobado históricamente que el producto de ese proceso “democrático” no ha sido necesariamente el mejor gobierno. Por donde se le vea –sin ser pesimista–, parece una suma cero.
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Parece que pocos, muy pocos, están pensando en el Estado de México más allá de junio; desaforados, sólo piensan en la siguiente elección, cuando lo que debería preocuparles es la próxima generación. El nivel del discurso de los partidos mostrado hasta hoy es lamentable, gradación aldea. Para mejorar las cosas se empieza por la palabra.
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A Carlos Iriarte lo maltrató la gente de Alfredo del Mazo a su salida de la dirigencia estatal del PRI. Cuentan que llegaron al desplante de cerrarle la oficina. Lo bocabajearon. Olvidaron que en política no hay victorias ni derrotas eternas: no lo esperaban, pero ahora Iriarte está de regreso como secretario de Organización del Comité Nacional priísta.


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