Tal vez el sur sea la parte más olvidada del Estado de México. Parece que quedó atrapado, arrumbado, en el siglo XIX. Es increíble que en estas tierras, donde se produce la segunda economía más rica del país, haya regiones donde todavía se siembra con arado de bueyes y coa. Su desarrollo económico está detenido como reloj sin cuerda desde hace décadas; su desarrollo social es un mito. El sur aguerrido, el de tierra caliente –quizá sea por eso la mayor región de siembra, cosecha y tráfico de drogas, y una de las que más personas expulsa hacia Estados Unidos como ilegales–. No son muchos los votos por allá, quizá por eso los candidatos no miran hacia ese rumbo. Es una pena.
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Tal vez a muchos no suene el nombre de Eduardo García Puebla, pero fue pieza clave en la red de distribución de dinero negro del eje Tamaulipas-Estado de México, que operó entre los años 2000 y 2005. El “Rey Midas” –como solían llamarle– era entonces jefe de asesores del gobernador Tomás Yarrington. Las historias que se cuentan sobre él son fantásticas; entre otras muchas, se le atribuyen las exitosas gestiones para que operaran aquí el “Cartel del Golfo”, primero; después, los “Zetas” y los “Beltrán Leyva”. Hay testimonio de cómo el Rey Midas llegaba al aeropuerto de Toluca con cajas de huevo repletas de dólares y pesos para financiar actividades de “fuerza mexiquense” en toda la república. Así de grave.
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Enrique Jacob, jefe de la oficina del candidato, y Ernesto Nemer, coordinador general de la campaña, deberían estar muy preocupados por lo sucedido en la UAEM: no por la gritería de un desubicado muchacho –es lo de menos–, sino por el vulnerable sistema de seguridad que protege a Alfredo del Mazo. Cualquier loco podría hacerle daño si se lo propone. Pocos, más allá de su primer círculo, saben quién es el responsable de su guardia y custodia, pero es obvio que no hace muy bien su trabajo. Fue una alerta que no debe ser desatendida.
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Algo deben saberle en los círculos de poder al secretario de Salud, porque hasta sus propios compañeros de gabinete no pierden oportunidad para hablar sin reparo del presunto enriquecimiento de César Gómez Monge, quien alguna vez fuera considerado “el niño maravilla” de Naucalpan. Que tiene hospitales privados, que se compró casas por todos lados, que tiene dinero en el extranjero… todos los días surge una nueva historia sobre su presunta corrupción y avaricia, pero ni una sola prueba. ¿Por qué le tendrán ojeriza?
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Hasta parece que los obispos de la Iglesia católica en el Estado de México se pusieron de acuerdo para mantener bajo perfil durante el proceso electoral; no importa que su feligresía esté sufriendo por la falta de empleo –o empleo mal pagado–, la inseguridad, la violencia y la injusticia. Los hombres de sotana no quieren dar el color del partido o el candidato que les llena el ojo.


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