Se Dice Que…

Es común que esta sociedad pierda fácilmente el interés en los temas públicos, particularmente en cuestiones electorales o políticas. La gente ya no cree: el hastío y la frustración la hacen olvidar prontamente. No hablar más de lo que pasó es una especie de cura. El desinterés general por el desenlace del litigio postelectoral es mayoritario: aquellos que votaron en contra dan con resignación por hecho que Alfredo del Mazo será el siguiente gobernador y que no hay poder humano que lo impida, aunque el litigio todavía esté lejos de terminar. Los medios de comunicación, particularmente los locales, han desaparecido o
julio 18, 2017

Es común que esta sociedad pierda fácilmente el interés en los temas públicos, particularmente en cuestiones electorales o políticas. La gente ya no cree: el hastío y la frustración la hacen olvidar prontamente. No hablar más de lo que pasó es una especie de cura. El desinterés general por el desenlace del litigio postelectoral es mayoritario: aquellos que votaron en contra dan con resignación por hecho que Alfredo del Mazo será el siguiente gobernador y que no hay poder humano que lo impida, aunque el litigio todavía esté lejos de terminar. Los medios de comunicación, particularmente los locales, han desaparecido o relegado el tema; la agenda del gobierno lo ha borrado por decreto. Casi todos en el poder andan de vacaciones, relajándose, como si nada hubiera pasado y o como si nada vaya a pasar. La gente se acostumbra a todo… así sea a lo peor y a lo que más daño le hace.

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Ernesto Monroy es uno de los activos políticos del PRI en Toluca que desde hace años ha intentado gobernar su ciudad natal pero, por alguna razón u otra, no ha podido. Intelectualmente es bien estructurado –lo que en sí mismo lo hace ser rebelde–. La noche del lunes, Monroy tuvo una reunión con un grupo de priistas locales y con el presidenciable secretario de Salud, José Narro, en la librería El Laberinto –que se encuentra en la vieja casona de Paseo Colón, propiedad de la familia Villegas, justo allí donde fueron célebres las noches de juego y tertulia entre Adolfo López Mateos y Adolfo Ruiz Cortines–. Estuvieron Ana Lilia Herrera, Laura Pavón, Guadalupe Monter, Enrique González Isunza, Carlos Rello y Armando Garduño, entre otros. Desde algún lugar del poder se ha comentado maliciosamente que Ernesto está cerca de Morena o de la candidatura independiente; bueno, pues parece claro que no es así.

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A sus 81 años el exgobernador Ignacio Pichardo Pagaza se mantiene con la mente muy lúcida, pero su cuerpo acusa los estragos del tiempo. Físicamente ha perdido vigor; se le ve cansado, aunque no se aleja de la vida social. Por primera vez, Pichardo se dejó ver en silla de ruedas muy contento en el centro comercial Santa Fe, acompañado de un asistente y su personal de seguridad. Nacho, como cariñosamente lo llaman sus amigos, vive con dignidad y gozo esta etapa de su vida (algo no muy común entre los hombres de poder).

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Muchos de los pequeños hombres que, soberbios, se sintieron invencibles a lo largo de los pasados cinco años y seis meses, ahora andan solos, como apestados, buscando las miradas o el saludo de aquellos a los que un día vieron por abajo del hombro. Esa efímera clase política –que por falta de talento no pasó de clan burocrático– actúa como si sintiera que el agua le llega a los aparejos; parece entender que, así como trataron a la gente, ahora serán tratados; que serán los apestados de mañana quienes cargarán con el estigma de traidores. Tontos, cándidos, olvidaron la ley elemental de la política y la gravedad: todo lo que sube, tiene que bajar. Nada es para siempre, nada es para tanto. Payback.    

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