Silencio de Radio y TV mexiquense

Varias cosas fueron sacudidas por el terremoto de este 19 de septiembre de 2017; no sólo las edificaciones materiales, sino las emociones, la memoria y la conciencia. Pero el polvo que ha levantado esta sacudida nos ha dejado ver ciertas estructuras mal edificadas, anquilosadas, viejas, inservibles, obsoletas. Sólo un botón de muestra: el Sistema de Radio y Televisión Mexiquense. Concebido como un sistema público, en teoría, su única razón de ser es el servicio público. Sin embargo, en las horas más apremiantes e inciertas después del sismo, hizo un silencio tan grande que bien podía caber en él cualquier cosa.
septiembre 22, 2017

Varias cosas fueron sacudidas por el terremoto de este 19 de septiembre de 2017; no sólo las edificaciones materiales, sino las emociones, la memoria y la conciencia. Pero el polvo que ha levantado esta sacudida nos ha dejado ver ciertas estructuras mal edificadas, anquilosadas, viejas, inservibles, obsoletas. Sólo un botón de muestra: el Sistema de Radio y Televisión Mexiquense. Concebido como un sistema público, en teoría, su única razón de ser es el servicio público. Sin embargo, en las horas más apremiantes e inciertas después del sismo, hizo un silencio tan grande que bien podía caber en él cualquier cosa.

Este sistema de radio y televisión, que por décadas ha cultivado audiencias fieles a programas entrañables y a propuestas alternativas a la radio y tv comerciales, este 19 de septiembre se quedó al margen de la única razón que tiene para existir: ser una herramienta de comunicación. Sea quien sea el que actualmente esté al frente del mismo o de su Dirección de Noticieros, no fueron capaces de reaccionar y poner al servicio de la ciudadanía información que permitiera serenar, ordenar, planear, decidir, apoyar, salvar.

Mientras cadenas comerciales de radio y televisión interrumpieron sus programaciones habituales para dar cuenta de las emergencias, los daños, las víctimas, las necesidades y las acciones por efectuar, los mexiquenses nos quedamos sin una fuente seria, confiable que nos hablara de lo que había ocurrido en nuestro entorno cercano, en nuestro olvidado Sur, en nuestro populoso Oriente, en nuestra medianera capital mexiquenses. La información es un servicio básico en situaciones como esta. Pregunto: ¿de verdad era tan difícil transmitir en vivo, de forma continua y brindando ese servicio? Los mexiquenses recibieron información abundante sobre lo ocurrido en la Ciudad de México y se desbordó la ayuda, lo cual no está mal, pero en territorio mexiquense también se necesitaba, sólo que no había información suficiente.

Las redes sociales llenaron ese vacío y, un poco más tarde, a través de ellas se articularon esfuerzos para informar que en Capulhuac, Xalatlaco, Tenancingo, Ocuilan, Malinalco, Ecatepec, Joquicingo y otros municipios del territorio mexiquense había gente afectada, en múltiples sentidos y proporciones, que se necesitaba apoyo, solidaridad y ayuda. Por esa misma vía se armaron centros de acopio, se trazó la logística para trasladar ayuda y se dio información sobre daños y víctimas. La horizontalidad de las redes es, sin duda, una ventaja que los viejos medios masivos de comunicación no tienen, pero por esas mismas redes cundieron rumores, falsa información y datos aislados que era necesario atajar, desmentir o direccionar. Por eso hacía falta un instrumento de comunicación que cumpliera esa labor.

El Sistema de Radio y Televisión Mexiquense debe ser un instrumento de información, brindar un servicio público y propiciar la democracia social, de lo contrario no tiene por qué existir. Tiene 33 años de estar al aire, fue creado por el padre del hoy gobernador y ha estado a cargo de la más variopinta colección de personajes, algunos de ellos incluso sin noción alguna de la producción de medios audiovisuales. También ha sido encargado a periodistas y comunicadores afines al gobernador en turno. Se ha ganado, en no pocas ocasiones, críticas severas por convertirse en medio de propaganda del gobernador y, cuando se le presenta un verdadero desafío para mostrarse como un instrumento útil a la sociedad, simplemente guardó silencio.

Los centenares de millones de pesos que recibe cada año como presupuesto proceden del público y, por esa misma razón, debe estar al servicio de éste. El servicio que debió prestar en este caso específico era brindar información suficiente para hacernos una idea lo más justa posible sobre lo acontecido en el territorio mexiquense. No lo hizo. Su silencio es sólo un síntoma de algo que está muy mal en el diseño institucional de la entidad. Pero, eso sí, ahí andamos creando nuevas secretarías a diestra y siniestra. ¡Presupuesto, no te acabes!

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