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Situación de las reclusas en México 

 

Mucho se ha hablado sobre la situación que enfrentan las personas en reclusión tanto en México como en América Latina, sin embargo, quienes sufren más las consecuencias son las mujeres que tienen hijos por las razones que expongo a continuación:

En México, el cinco por ciento de la población penitenciaria está compuesta por mujeres, de las cuales, el 70 por ciento se encuentra en abandono (sus familiares se alejan y alejan a sus hijos), el cinco por ciento de ellas están sentenciadas, es decir, que la mayoría se encuentra vinculada a un proceso, y alrededor del 35 por ciento vive con un hijo menor en la cárcel.

Derivado de ello, urge insistir en emprender acciones legislativas, políticas públicas y programas destinados con perspectiva de género a fin de garantizar a estas mujeres y a sus hijos que sus derechos humanos serán respetados plenamente.

Gracias a las investigaciones académicas y periodísticas, se han revelado diversas irregularidades cometidas en contra de las mujeres, tales como: el sistema de justicia suele ser más severo con ellas por todos los estereotipos de género que existen, muchas provienen de lugares donde fueron violentadas (ya sea violencia institucional, familiar, cultura patriarcal, roles sociales que las culpabiliza y criminaliza), y en muchas ocasiones, son orilladas a buscar un sustento económico y protección por parte de personas o grupos criminales; además de que sufren circunstancias inadecuadas de salud al no contar con condiciones equiparables a los hombres en situación de reclusión, muchas de ellas se encuentran embarazadas y carecen de un trato específico en el caso de contar con hijos, ya sea fuera o dentro del centro penitenciario.

Lamentablemente me he encontrado con personas que no tienen gran interés por ayudar a las reclusas a cambiar sus circunstancias ya que argumentan que al fin y al cabo se trata de “delincuentes” y con ello justifican su trato o situación, pero a todo ello vale la pena reflexionar que son seres humanos que sufren por su situación, hayan sido responsables o no, y no por ello se les debe de discriminar o violentar por una conducta que cometieron sin saber las circunstancias totales que las llevaron a hacerlo. Por ello debemos ayudarlas a mejorar su situación equiparándola con los estándares mínimos requeridos por los tratados en materia de derechos humanos, pues con ello no solo salvamos del resentimiento a una mujer, sino a los hijos que viven diariamente un mal trato, no sólo de a quienes más quieren, sino a ellos mismos.