La historia detrás de Nancy

La violencia desatada al sur del estado nutre una oscura narrativa de inestabilidad que busca recuperar el poder sembrando pánico rumbo a la Copa del Mundo
junio 4, 2026

■ ¿Delito o propaganda?

■ La historia detrás de Nancy

■ Los beneficiarios del miedo

■ Los que apuestan al desastre

■ Criando a la oposición


¿Delito o propaganda?

Suponiendo que las cosas ocurrieron como las contó la alcaldesa de Tenancingo, la pregunta interesante no es la judicial. Esa le corresponde a la Fiscalía. La pregunta interesante es política. ¿Qué fue exactamente lo que vimos? Porque los hechos tienen consecuencias y las consecuencias construyen relatos. Nadie sabe todavía quiénes participaron, qué buscaban o por qué la historia terminó como terminó. Lo único cierto es que un episodio de esta naturaleza coloca a cualquier figura pública en el centro de la conversación. Por eso conviene desconfiar de las certezas prematuras. De quienes ya decretaron que todo fue un montaje y también de quienes consideran sacrilegio formular preguntas. La evidencia llegará o no llegará. Mientras tanto, la duda sigue sentada en la misma silla que ocupa desde el primer día. Y hasta ahora nadie ha logrado moverla.

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La historia detrás de Nancy

Para entender el episodio de Tenancingo conviene mirar primero a su protagonista. Nancy Nápoles no llegó ayer a la política ni es una figura accidental. Fue diputada local, consejera estatal y presidenta del Consejo Político Estatal de Morena. Su carrera creció al mismo tiempo que lo hizo el grupo político que encontró en Texcoco uno de sus principales centros de poder y que tuvo en Higinio Martínez a uno de sus constructores más visibles. Por eso resulta difícil observar lo ocurrido únicamente como un asunto de seguridad pública. Cuando una figura con ese recorrido aparece de pronto en el centro de la conversación estatal, las preguntas políticas son inevitables. No porque exista evidencia de algo distinto a lo narrado hasta ahora, sino porque en política la trayectoria de los actores suele ser tan importante como los acontecimientos que los rodean. Nancy Nápoles no es una alcaldesa cualquiera del sur mexiquense. Forma parte de una generación de dirigentes que participó en la construcción de Morena y que hoy ocupa espacios de gobierno. Y eso también forma parte de la historia.

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Los beneficiarios del miedo

Quizá no exista relación alguna entre lo ocurrido en Tenancingo y el homicidio del jefe regional de la Policía Estatal en el sur del estado. Quizá se trate de hechos distintos que coincidieron en el mismo momento y en la misma región. Pero hay algo que ambos episodios comparten: alimentan la sensación de incertidumbre. En cuestión de días, el sur mexiquense volvió a ocupar espacios en la conversación pública por razones que remiten a violencia, inseguridad y vulnerabilidad institucional. Nadie puede afirmar, con los elementos disponibles, que exista una estrategia detrás de estos acontecimientos. Lo que sí puede afirmarse es que el miedo siempre termina beneficiando a alguien. Debilita la confianza, erosiona la percepción de estabilidad y amplifica los discursos que apuestan por la confrontación o el descrédito de las instituciones. Por eso conviene observar los hechos con serenidad. Las investigaciones deberán esclarecer responsabilidades. Mientras tanto, la pregunta sigue siendo válida: en un momento en que México busca proyectar estabilidad hacia dentro y hacia fuera de sus fronteras, ¿quién gana cuando el miedo se convierte en la noticia principal?

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Los que apuestan al desastre

No hace falta imaginar reuniones secretas en sótanos oscuros para entender lo que ocurre cuando un país entra en una etapa de transformación profunda. La historia demuestra que intereses políticos, económicos, criminales e ideológicos suelen coincidir cuando perciben amenazadas sus posiciones de privilegio. No siempre actúan juntos, pero con frecuencia terminan empujando en la misma dirección. México se acerca a uno de los momentos de mayor exposición internacional de su historia reciente con la celebración de la Copa del Mundo de 2026, y la disputa ya no ocurre solamente en el terreno político o electoral. También ocurre en el relato. En la imagen que el país proyecta hacia el exterior y en la percepción que los propios mexicanos construyen sobre sí mismos. Nadie sensato puede negar que existen problemas de seguridad, violencia o corrupción. Lo que resulta más difícil aceptar es la narrativa que pretende presentar a México como un país al borde del colapso cuando buena parte de esos problemas fueron heredados precisamente de los años en que gobernaron quienes hoy se presentan como sus principales críticos. Por eso conviene mirar con atención. Porque detrás de cada episodio de miedo legítimo también aparecen quienes buscan convertir la incertidumbre en herramienta política. Y porque siempre ha habido quienes creen que la mejor forma de recuperar el poder es convencer a la sociedad de que todo está peor de lo que realmente está.

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Criando a la oposición

Si existe un error estratégico capaz de perseguir durante años a Morena en el Estado de México, probablemente sea éste: creer que la derecha puede ser administrada, domesticada o utilizada como instrumento de control político. La historia enseña exactamente lo contrario. Los adversarios no desaparecen porque se les tolere; crecen. Los grupos políticos de Huixquilucan, Metepec o Atizapán no llegaron hasta donde están por accidente. Han construido estructuras, narrativas, clientelas y proyectos propios. Pensar que pueden ser contenidos indefinidamente mediante acuerdos, concesiones o indulgencias es una apuesta temeraria. Toda fuerza política alimenta, consciente o inconscientemente, a sus futuros competidores. El problema aparece cuando termina fortaleciendo precisamente a quienes representan su negación ideológica. La transformación nació para disputar una visión de país, no para convivir cómodamente con ella. Por eso resulta difícil entender una estrategia que, en nombre de la gobernabilidad o del supuesto control político, termina permitiendo que sus principales adversarios acumulen presencia, recursos, influencia y visibilidad. La historia está llena de movimientos que fueron derrotados no por sus enemigos, sino por los errores que cometieron al subestimarlos. Y pocas decisiones resultan más peligrosas que criar al adversario que algún día intentará ocupar tu lugar.

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